sábado, 27 de diciembre de 2014

Se consumió la tarde en candente monocromía


     Se consumió la tarde en candente monocromía. Lentamente se interrumpió la luz del día y el cielo se atribuló con un vasto manto de terciopelo negro. Tan sólo quedaban las pelegrinas luces de los faroles, el resollar de las chimeneas, los hálitos de vida de las cocinas y una flaca y sonriente esquirla de Luna creciente. Aun así, caminé sin amparo, como alma noctívaga, sobrellevando la hiriente escisión de la helada. Entretanto admiraba los livianos girones de unos cirros que delineaban el firmamento y el titilar de los incontables luceros que dispersaba la Luna.


     A pesar de la lastimera brisa, es una postal insuperable. Esa hondura de deliquio perfilada con gasas de hilas y cuajadas de temblorosas luces, o la fascinante oscuridad que sobre el remonte del horizonte es tragaluces que consume todo orvallo de luz.

     Quién es el autor, acaso un Ángel que derramó en el cielo el tintero de la creación o un simple artesano que en confidencia amo hasta la desesperación y que ahora, con sus manos, enreda entre sus íntimos secretos, concibiendo locura o ventura para la vida, con alma de hada, más que amada. Así, Supremos Hacedor, con las palmas de mis manos y con las yemas de mis dedos trazo tez rosa más hermosa que el rosicler de tu aurora.

martes, 11 de noviembre de 2014

Estate así


     Estate así, tranquila, para que me abrace a tu fina silueta. Cierra tu almibarada mirada y despiértate hacia dentro. Nace ya entre nuestros sueños, entre nuestros susurros de amor y ahoga la intensa pira que acuciaste durante la jornada.

     Deja que mi pecho roce levemente la sedosa piel de tu espalda, permíteme que te rodee con los brazos, asiente que mis manos, como si fuesen de viento, acaricien suavemente tu cuerpo y que las leves yemas de mis dedos, como si palpasen fantasía que se puede dañar, jueguen saltarinas sobre los hechiceros y secretos pétalos de tu cuerpo.

     Son cálidos mis labio, mas aun así, sienten llama cuando liban tu tez y derrotados se derriten como si fuesen de hielo al tocar el fuego. Cómo, mi Amor, echo de menos tu bondad expresada en cartas secretas, cómo deseo alocarme con tus senos, con tus labios, cómo anhelo ser ninfa que revolotea la pureza blanca que atesora mi Niña.

     Me encerraría sin voz…, sin palabras…, tan sólo mis sentidos, mis recuerdos, mis ojos y mis cosquillosos dedos en la gran alma que oculta mi Amada…

sábado, 8 de noviembre de 2014

De manera casual e inocente




De manera casual e inocente,

nos fuimos enlazando lentamente.

Miré tus ojos y me respondiste

como si el medio no existiese,

como si en el tiempo hubiese

demora. Así, diáfanos en el patio,

ocultos en las alas de ese espacio,

entre el solaz de tus serafines,

el amor aunó ambos corazones.

Fue un desatino del destino,

un sueño en vida cumplido,

una álgida lasca de otoño,

entre arándanos del camino

que siguen pintos a hogaño.

Huertos en nuestros pechos:

delirios ahí, siempre en ti

y acá una sola Amapola, Sí.

A veces tonta mirada apenada

se ahonda tras mis ventanas,

se traspapela por mi alma,

en los hechizos de antaño,

en los hipnóticos barruecos,

donde monedita de deseo

se consumó en dulce beso.

Otras, en lozana ribera del Salor

o por las sendas de la Sierrilla,

…sé que así se rompe mi cristalino,

que se desborda mi entraña,

son líneas continuas y finas

que orillan por mi mejilla;

afluentes hialinos de dolor

que se malogran en vida

por padecer mal de amor.

domingo, 26 de octubre de 2014

Un fardo ligero llevo consigo


     Un fardo ligero llevo consigo, tan vasto que abarca todo mi yo y tan puro que hasta palia los escombros que a diario se vierten en mi mente.

     Mas, no solo se confina en la humilde ruina de mi razón sino va más allá, se extiende anchuroso tras el pequeño voladizo que me desune de la realidad. Es un dilatado atadijo ahíto de brisa leve e inaudible, un holgado odre que rebosa orvallo perlado, es libro abierto y claro, de nieve pura…; así, en el atadijo, sus hálitos palpan mis huesos; o, en el odre, su aspergida saliva pulimenta mi piel; y, Amor mío, con la nieve anublada e infinita os trascribiré integra mi forma de ser….

     Tanta abundancia desamparas en mí, tan curtido compromiso atorado en mi pecho, que sospecho que hace años que dejé de andar por la realidad, pues dondequiera que paseo la calma se alza como ruiseñor a mi alrededor o, incluso, a cualquier lugar que mire sólo me ciega un único destellos, el de un Sol de cristal. Con qué lozano fulgor enjoyaste mi alma, qué singular viso solapaste en mis caminos, escenificaste lo que nadie entenderá, ser flor única…

     Nadie lo creería…, y mientas tanto, nuestros corazones, con las esperanzas de que algún día…, se deshojarán en cartas de amor, como árboles que expiran hasta sus últimas hojas, árboles ancianos, sin apenas vida en la corteza que aguarda a que algo hermoso ocurra, algo natural, aun sea una insignificante yema en la orilla de nuestro tiempo, en el túnel, cuando caen los párpados.

domingo, 19 de octubre de 2014

Soñé que la mañana arribaba con cierta connotación dulce


     Soñé, como siempre, que la mañana arribaba con cierta connotación dulce y así, en lo más recóndito de mis vientos, advertí esa vaporosa y alegre imagen, luminoso rostro que ingrávido y caótico persiste a mi lado.

     Es calígine de amanecer lozano que nada alba, aleando como nubecilla de tímidas alevillas, y a ras del terreno, tal una alcatifa fina de diminutas campanillas que tirita a tenor del helor otoñal; esterilla de florecillas que deslíe su lene y bonancible efluvio en cada gota de relente que se asperge por mi boca.

     Mas desperté de ese ámbito y al hender la luz la profundidad de mis ojos me añusgué al notar que el intenso vaho de mi hermosa flor se desvanecía. Que perversa es la claridad real que inquebrantable despedaza y arruina el embotellado ensueño que flota entre las olas. Pero, aunque la luz de día eclipse la secreta estrella que guardo durante años, no desdeño ni uno de estos sueños…, es más, me mantiene con vida.

     Mi sonrisa no caduca y, aun se profane con la luz del día, prosigue brillando intensa durante la noche. Vida mía, no hay resentimiento alguno, ni pizca de corazón desabrido, sino permanece el perpetuo susurro de lo que -sucedió sin querer-. Este caminar que no se olvida, y aun marche en la distancia, para nada se aleja.

     Seré tu buen paciente, doliente que sólo se marchita con el amor que tú ceñiste en mi pecho. Seré, cuando me encierre tras los ojos, el dedo trémulo que palpa la fina y sedosa piel de tus labios, de tu vientre. Así, poseyendo fe ciega, agonizaré ternura sobre el cándido papel que de tarde en tarde te enviaré.

domingo, 5 de octubre de 2014

Sin apenas voz




     Se revelaba sin apenas voz, sólo un murmullo risueño, y de color cerrado, manzanilla triste, la ribera el Salor en el molino Hijadillas; es como un rincón viejo que ya nadie conserva, una época que quedó muerta. No te inquietes ante la piel cristalina de estas aguas, ante la reserva que agoniza en su hondura, pues es la mismísima memoria de la vida.

     Veda en su oleáceo fondo aquello que dijeron los hombres y, no sólo lo elegiaco sino incluso aquello que apenas se oye y es justo e hilarante, lo que en verdad merece la pena. Acotas en la oleipintura oscura de su represa de piedra los firmes trancos de los héroes y de los gloriosos, además de los cortos y fecundos pasos de los rústicos y de los granjeros, de las alegres criaturillas y de los señeros poetas. También glosas el saber connatural que en ti se refleja, ese melodioso trino de los pajarillos, ese gentil galope de los jamelgos y el gracioso titubeo de las alevillas y de las hojas secas y, por supuesto, el cegador rielar del firmamento raso….

     Me urge ser miniatura en su orilla, ser simple barquillo de madera que atesora en su aislada bodega baúles repletos de cartas de amor. Me acucia la necesidad de sorber paz, de ser musgo en la umbría del río, de ser, junto a ti, el reflejo que se deshace en el espejo del agua. Así, desleiré en el profundo azogue de esa mansa luna, la tinta fresca y verde de mis yemas. Un sinnúmero de ósculos, de románticas gotas de lluvia, rocío aspergido que escalofriará la lisa y vidriosa vitrina del río, ensortijándola con los chispeares opalinos de una Luna cande. Se alhaja escarlata su fina piel de plata y es porque el Sol tiende su rubor, no porque se escandalice al descubrirnos haciendo Amor sino más bien porque engalana todo el celaje por tan natural seducción.

     Un trazo tenue y mudo que anida incomprensible en un abismo de ensueño, un expresivo ademán que como esencia sugestiona la dulce alma de su amada, una gola blanca que ahoga la aguamar de su pecho, una poesía de color, quizás algo adusta, pero sólo vuestra….

domingo, 28 de septiembre de 2014

Lumbre


     Distingo esa lumbre que con clara asiduidad auspicio dentro mí, es luz inagotable que se alza alba entre las celliscas de la soledad, es turbadora estrella que esplende cada rincón del aciago tártaro de la vida.

     Que humilde manumisión me deja mi labor, arribo derrotado y siempre sumido en la mismísima noche e incluso así, desmembrado, resucito como avecilla mítica, similar a sencillo gorrioncillo que aletea risueño y trina jocoso. Sí, así, sin asomo de desaliento, gravito ansioso y presto alrededor de tan obediente corazón. Trémulo, como la florecilla de azucena que ansío ser, en el áurico pastizal de su inmensa alma.

     Se abre el rocío en los umbrales del día y envidiable ilusión usurpa mi pecho y añusga mi voz; si me pudiese quedar toda la jornada contigo. Me guarezco su voz de criatura, esta canción natural y mía, ese eco que en mí perdura y, sin más reparo, parto de nuevo. Cierro los ojos y me regocijo en su melódica romanza, y reposo bajo la aurora verde oliva que esclarece mi vehemencia.

     Es desértico el mundo que se extiende ante mis ojos, mas, derrotando los áridos caminos, se abre un cauce vidrioso, un regato trazado con las manos, de plisadas minúsculas y determinadas mayúsculas, de pocas pero profundas palabras, un remanso de tinta de poeta; desbordada. Cae en forma copo de nieve, una lágrima helada que incluso llega a prender, es amor que aúno a sólo uno, es piélago inabarcable que derrota toda broa, es lo más profundo, el abismo de su corazón, el querer a un Hijo….

domingo, 21 de septiembre de 2014

Cristal


     Erigido cristal de bolígrafo que esplende lozano sobre las cuartillas de unas hojas. Sesgas los eriales níveos de las láminas con la savia añil de mi íntimo androceo y las fecundas con la tibia tintura que emana en cada uno de mis latidos. Un estallido foliar de lirio encelado que con tesón poliniza el papel a raíz de aquel Beso que violó mis labios. Se arremolina mi vello cada vez evoco aquellos lances de amor, se ensortija como el sarmiento de un parral y es, Amor, por ese rubor que detonaste en mis entrañas y que a diario se desborda en miel a través de los poros de la piel.

     Me he de abigarrar bajo las alas encarnadas de tus pétalos y ahí, en la cálida cabaña de tu abrazo, permaneceré sumiso de corazón en cadena perpetua. Lato trémulo con el lene roce de tus senos; sí, aterido al sentir la leve presión de esos picos salmón que se ocultan tras el solape tu sedosa blusa…. Me quemo, me consumo al ansiar la esencia que se remansa en tu boca y que, tal vez, llegue el día que desborde a través las mudas costuras boca, triunfando de nuevo la lírica fértil e insufrible, el ahíto de la tranquilidad, el placer de la vida en paz y libertad.

     Que misterio prendiste en mi pecho; con que arcano profanaste mi pericardio, un aguijón cupido que ahondo hasta el mismísimo abismo romántico, hasta una relación esclava de tinta y papel…. Irradias tanta luz en mi sien, con tanta intensidad que tu belleza, Amapola mía, colma de entusiasmo toda mi conducta.

    Como me conturba el llegar a casas y no poseer la indefinible belleza de mi Esposa, me aprehendo en melancolía, en días grises, en cierzos tan álgidos que me causan escalofríos. Mas sé, que esta moneda hundida en aljibe oscuro se inmortalizará cuando su inasible deseo vea la luz. Sé que, si prosigo así, exhalando al aire de mi espíritu poeta, se cumplirá el designio de que la estéril espera se reavive frente a sus ardientes ojos caoba, incitando el llanto fértil de mi Musa e irrigando los aleros de mis labios con esquirlas diamantinas de rocío, de saliva afiebrada de sentirse tan amado….

sábado, 13 de septiembre de 2014

Marcos




     Respiro mejor cuando me ensimismo en alguno de mis poemas que, cuando pateo la absurda comedia que me emite la vida. Así, día tras días corro por enfrascarme en mí, tras las lunas del coche cuando viajo; o bien galopo por cobijar mi alma junto a la suya, la de mi Niño, en la tibia calma del hogar o, por supuesto, todos los anocheceres revuelo ligero sobre alisios de ensueño, por enjaularme, Amor mío, contigo.

     Pero aun así, Cariño mío, al otro lado sufro de estomagante ahogo, es al contemplar lo vano que resulta mi hado. Pues camino jornada tras jornada, esquivando resbaladizos entarimados, mas sin más remedio los he de vadear e, incluso a sabiendas, he de aceptar leoninos pactos; aparcerías baldías que me llevan a extraviarme en una soledad de inanes documentos.

     Son tantas y tan absurdas estas comedias en las que he de participar y, a la vez, siento tan plano y seco el corazón humano que presiento que me contagio, pues al convivir, al caminar a su par, me contamino inevitablemente de ostracismo.

     Mas interpongo enmienda rehuyendo de la entrampa de la codicia, evitando la abigarrada sinrazón que surge a merced del polícromo y perseverante atropello de los medios de comunicación y de esas aficiones un tanto huecas que se pretenden a doquier. Como es la locura que embaldosa y esteriliza paseos, donde ya apenas crecen briznas de hierba, o como es el ahogo de toda brisa natural al emperifolla fachadas alicatándolas con pulidas lunas, o como es el disonante y desaforado runrún de los vehículos, o como no, como son los murmullos altísonos y blancos de la muchedumbre; acaso estos acosos no son abusos de la ingenuidad con los propósitos de envanecer cada rincón de nuestro cerebro.

sábado, 6 de septiembre de 2014

A pesar del esfuerzo


     A pesar de los esfuerzos, el agobiante quehacer logra romper nuestro frágil canal, llegando, incluso, a mermar el cauce virtual que a diario irrumpía hacia nuestros adentros. Mas estate tranquila pues tan vasto es mi sentir que apenas advertirás merma en mis latidos.

    Así, Amor, que nada te descorazone. Sabes que cada vez que puedo, bien al caminar durante horas por allende de los alboreares, o sea, entre las inacabables y aburridas jornadas de tajo, me aparto hacia los particulares santiamenes de cariño que me cediste.

     Así, a diario, y durante el día, aúno todos esos singulares instantes y lo hago no sólo por hallar un vocablo dicharachero o romántico sino, más bien, por sumar aquellos discretos y hermosos periquetes que me resultaron más que necesarios y que son, mismamente, en donde me gusta guarecerme; pues aquí, en mí, los acojo y los acoto, y en ellos me refugio. Surgen, de esta forma, febriles reminiscencias de delicada piel, besos que calan y miradas que se clavan…, un arrecife particular, la avidez por un sueño inagotable.

     Son pues íntimos posos de pasión, densos e inapreciables hechos que sedimentaste en mi pecho; cuajos que sobrevienen ligados a dulces recuerdos, reminiscentes tesoros que resurgen desde mis íntimas entrañas…, es en sí tu amor, tu discreto amor….

     También, en las interminables noches, me repliego a donde tantas otras veces me he ceñido. Con ígnea efusión de sangre, de ligeras arrugas de sonrisas…, de inmarcesible felicidad. Tantas palabras se sacuden en mis sueños, es el arte de tu voz, la remembranza de un sinfín de susurros que se alza en un pecho ahíto de significados: poéticos y románticos, narradores y precisos, maestros y claros y la clave, esa lectura más que literaria en lo más hondo de mi corazón.

     La oscuridad se colma de develo inspirando un torrente de sentimientos. No una bobería de heridas que hiende la piel sino, más bien, un espíritu perfumado que me hace perder la razón. Surges aquí, Vida mía, como un estímulo plástico, adhiriéndote fina, como película hialina, a toda mi sensible ventura. Creas así, en mí, un patio de macetas, de quebradizas espigas y de delicadas flores, una llanura verde y aterciopelada de yerba. Palias todo cansancio, bruñes las arrugas del ceño y, como aire paseante, penetras animada, como cuando sales de clase, prolongando el deseo del sueño, la codicia de poseer tu belleza, de descansar contemplando tu rostro, las finas curvas de tus labios, tus cejas, tus pómulos….

    Condenado estoy a este ahogo de cuerpos que sin estar físicamente junto reposan somáticamente, un esposar de amor que se mantiene gracias a la perenne documentación que posee tu corazón. Son mis dedos humedecidos los que te acarician líricamente, los que te tocan sensualmente. No hay nada más que humildad impresa en las ventanas de mi Mujer.

     Niña, no estoy lejos, no me has perdido sino sigo acá, inmerso en nube de insomnio y cabalgando por alianza desbocada. A riendas con un mar de fábulas e incluso, a veces, con un dogal acerado que ata alguna leyenda popular y ya son miles de pertrechos sacados de todos los rincones de mi pecho.

    Así es, Vida mía, recolecto, de los exuberantes bosques que plasmaste en mi corazón, las bayas más dulces y suaves que jamás se han paladeado y las macero junto a los aloques que inundan mis venas y después, sumamente acarameladas, las revierto, como rehalas de corderos sedosos y albos ante tus avellanados ojos.

     No habrá miedo a que nos descubran cogidos de las manos, ni siquiera a que asome un ojeador inoportuno que figure que paseamos juntos. Pues pisoteando los estrellados racimos que prendiste en mí, separaré en secreto el néctar del mosto del querer, la dulce tinta que tanto te embriaga y lo volcaré a arrobas en las cubas canela que se alzan en tu pecho.

     Así aposentarás bodega limpia, cubas ricas en amor, acaramelado roble cae desde los labios de tu boca hasta los rojos y carnosos brocales de tus íntimos deseos.

     Y, en todo caso, atajaré con hidalga valentía los irresistibles molinos que se entrecruzan en nuestra distancia, los embestiré con galante arrojo, con hojas tenaces y amantes y así triunfaré ante maldita y terrible desesperación de no tenerte consigo

     Estamparé, bien en tu propia carne o bien en un verso particular, besos innatos, propios. Labios en carta para caldear honestamente tu boca, para cuando te aísles ante el rincón del teclado, para cuando cierres los ojos y te fundas en el extravío de mi ahogo.

sábado, 23 de agosto de 2014

Anda


     ¡Venga, Dama mía!, ¡despierta ya!..., que el altanero gallo, en allende del tejado, en la veleta, alardea desgañitándose en canto e hinca, herrumbroso y antojadizo, su vacuo ojuelo en la inasible semilla de plata que se alza allá, en la lontananza. ¡Alza pues, Flor mía!..., ¡despabila!..., que ya mismo acallará su vanidad y se retirará, pues en “na” que alumbre la hacendosa Luz se ocultará en su yermo y bermejo calvero.

     ¡Vamos, Alma mía!..., ¡aúpa!…, que el ganado no apenca guarda, sino que voraz se impacienta y hasta capaz es de embestir el valladar que lo refugia si no lo atiendes ya. ¡No oyes!..., ¡no te azora ese bramar!..., es el de tu acanelado ternerillo que ya no mugen sino, más bien, gañen áfono por masticar una braza de yerba fresca; mi Amor, desempeña labor de zagalejo tendiendo tu dócil mano para que el ternero relama de lo glauco sin recelar de estar falto cariño. ¡No escuchas, Vida mía!..., ¡No te apena ese destemplado balido!..., es el de la nívea merina que, sin apacigua, balita por masticar paca de áureo heno, una de esas bala que al alba exhalan todo el perfumado rocío que la impregna; adicto soy a ese etéreo y dulce psique, a esa suave ánima que abruma todo el campo y a mí me embriaga, me enajena…. ¡No lo sientes, mi Niña!..., ¡no te seduce ese tonado relinchar!..., es tu alazán que clama cabalgar, pues, como bien sabes, su sangre se nutre tanto en la vasta pradera como en la cristalina ribera. Tu potro sarraceno de crin larga y hopo descolgado, beige pálido, casi albo, sedoso y limpio, que le urge la fecundidad del herbazal, para que su oriunda osamenta, a través de la cepa que clavetearon en sus cascos, se abone con la savia de la deshoja que estercola el suelo y con el aroma de las flores que inciensan el aire como si de reino se tratase.

     Sabes, dormilona, se te enfriará la soja en la mesa y, además, hermosa Lirón, no verás como el Sol se despereza descarnado y la Luna, consumida de tan larga vigilia y apenas sin opalescencia, se echa al fin a dormir en el vientre de su Tierra; los selenitas merecen recobrar el aliento, rejuvenecer su azucarado cande para que a la noche, de nuevo, dispersen su dulce y transcendente sueño y así mitiguen el duelo que nos produce el profundo firmamento. Te vas a perder como se desdobla el amoratado manto con el que se arropa la noche y como, a la vez, se inunda el campo con sereno color. Así, con un tropel de criaturas, con una andanada de vidas armoniosas se irisa la cianea del éter y todo, hasta lo cristalino, trajina entre bellos visos, entre fantasías imposible…, entre lo que tú, mi Amor, me trajiste: la primavera, que no fue sino más que tu beso; la belleza, casi inalcanzable, de la perfección que no fue sino más que el amoroso palio de rocío que depositaste en mis labios….

DIOS…, LOCAMENTE AMO.

lunes, 18 de agosto de 2014

Dama delante de mi sombra



     Es la Dama que camina a la par de mi sombra, el suave soplo que se derrama en la brisa de mis tardes. Una candela cegadora, poderosa e inagotable, una luz que jamás abandona y que invade la arena de esta playa de tal forma que me sume mágicamente en visible soledad.

     Ahora, aislado, sólo percibo el golpeteo de sus olas, el caudal de esa Mujer lejana que sumerge mi memoria en oíbles recuerdos. Son las conversaciones de nuestras tardes, de esas madrugadas y de las mágicas noches, son sus penetrantes y persistentes palabras y son tantas que me alzan como cometa de color al viento, sin que vuele ningún otro recuerdo más alrededor y sin que flote nada más, tan sólo fluye fina voz en el viento, su gran cauce de amor, mi exclusivo río de ensueños.

     Una única Mar para hombre que se aflige bajo canícula estival, que se aísla en la claridad de la memoria y se desespera en la aguarda. Son tan tímidas estas células mías que sólo se agostan en su trabajo, que sólo envejecen tras la humildad de su pecho, donde un par de ventanas caobas aluzan como magnífica mañana, donde llueven las lágrimas por no poder verte, donde mis ojos, como si fuesen eternos posos de café, despabilan sagaces ondas de amor en la delgada cara de un papel.

     Que escapen estas hojas, que sean arrastradas sin tormento por los deseos del viento y que nunca se desvanezcan ni bajo la hialina binza de la Mar profunda ni tras la caediza niebla de la palabrería, sino que marchen veloces y ligeras como balandras alegres hasta arriar de forma súbita y precisa en el corazón de glorioso puerto, en la íntima memoria de su perfecto cuerpo….

viernes, 8 de agosto de 2014

Te asiré por el brazo


     Te asiré por el brazo y sin que arbitres oposición alguna nos encaminaremos hacia esas mágicas ciudades. Así, daremos duraderos paseos a pie…, a la luz día y sin pizca de impaciencia; entre la algarabía de gente alegre que presta transita por las amplias avenidas.

     Buscaremos la umbría de los árboles, el entoldado de las incontables tiendas y la sombra de las espigadas torres de los edificios. Tantearemos los frescos lloriqueares de las fuentes y, durante las horas de solaz, nos quedaremos mudos con los reflejos de un estanque, prendados con el caprichoso titubeo de los pececillos de colores o hechizados con el elegante o ensoberbecido nadar de los cisnes, de los variopintos ánades o de los blancos ánsares.

     Abigarrándonos suspensivos en algún que otro jardín, al abrigo de un aislado banco, mediado sencillas palabras y suaves caricias y, por encima de todo, Amor mío, compartiendo el embrujo de nuestro dócil e infinito aliento…. 

     Sé que a veces, y sin hallar excusa y, por supuesto, sin ser una víctima más de las alhajadas vitrinas, sino tan sólo por ser el insaciable mártir del amor que tú me entregas, de esa querencia tan colosal que sólo es comparable a la que resulta de aunar toda las ternuras que albergan los incontables corazones que forman parte una gran metrópolis; compraré no una sortija, sino un sinfín de finos aljófares; no una flor divina, sino un soberbio ramo, …de novia; no una liviana blusa y ni un ligero velo, sino un ajuar de sedosos vestidos e ingrávidos pañuelos bordados por escrupulosas manos…; para que todo ello, anillo, flor, vestido o un simplemente un buen libro, se apropie de tu magnífico cariz y resplandezca hermoso, en la singular figura de mi lindísima Mujer.

      También huiremos en las noches, sin el arresto de las miradas indiscretas, sin que nadie nos detenga. Vagaremos bajos las estrellas o nos abrazaremos al compás de una canción, embebidos en su melodía, entre otras parejas que bailan…, se divierten. Felices, silbando por las iluminadas calles y sin que nos importe lo tarde que es, vagaremos por paseo fluvial…, hasta que la paz sea absoluta. Ahí, en ese preciso instante, será cuando alcancemos la cúspide de los deseos y me extravíe entre los botones de tu blusa, palpando temblorosamente los deliciosos rincones de tu cuerpo y justamente antes de que amanezca, cuando la Luna exhausta de tan larga velada ceda al rescoldo puro de un nuevo día, separaré tus piernas y, abriéndome de par en par, nos concederemos ese codicioso suspirar de hacer el amor con el Sol ahíto de rubor....

     -Tienes que vivir-,… escribiste en una de tus anteriores frases, Amor mío, y ahora siento que ésta se prende cálida como llama en la fría cárcel de mi pecho y que de súbito, como un arrebato de lascivia desbocada al dar un beso inconcluso, se me agolpa en la memoria como tropel de amor. Mantén abierta esta esclusa tuya con otro tanto de palabras limpias para que así logre descargar todo el sentir que me vuelve loco.

     Sin un sino definido y henchido de equivocaciones te halle y me hiciste sumamente feliz. Dejé atrás lo opaco y esposado, amarrado a ti, marché hacia lo mío, hacia lo dulce y claro, hacia un único destino, a estar siempre contigo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Galera



     Deja que siga…; sí, deja, Amor mío, que siga siendo la botella que lució destellos al precipitarse por el cabo de San Vicente y que ahora, perdido y sin gobernalle, boga por la mar batida, enarbolando desesperados sueños sobre las espumas de las olas.

     Suéltame en ese inclasificable rumbo donde el acallado hado aguarda al día en el que estemos juntos. No temas que, aunque flote a solas en olas de infinito piélago, no naufrago por dicha tempestad si no singlo con rumbo fijo.

     Llegará el día en el que ice pendón con orgullo, que sienta como amaina la separación, día que cese la inconstante ola y que la añorada espuma se arrincone sin necesidad de letras y se disuelva en los remansos de tu liso vientre, en los vados de tus húmedos labios…; botella de amor que arribará en el abismo de un gran corazón….

sábado, 2 de agosto de 2014

El origen de mi Universo


     Me vuelvo hacia el velado espejo de mi fútil ego y advierto, con asombrosa nitidez, que su pulimentada belleza aún recubre toda mi alabeada plata. Es vivo e inextinguible rescoldo que descansando en mi pecho lo aluza como balsa de aguamarina, una sola Estrella que atora con agradable cianea matinal la remota angostura donde se enmarca mi vida.

     Se forjó a raíz a un leve desliz, mas con el devenir de los años la delirante flaqueza tomo cariz de ensueño. Una explosión etérea e incorpórea, un big bang de materia jubilosa que traspasó la cerrazón del juicio y se propagó, irisando la intemperie de los deseos y demoliendo los valladares del hastío, hacia los confines de la ilusión; onda de amor eterno que desbordó los límites de mis manidos sentimientos.

     Infinitas y livianas cuentas de alma que se deshojan sobre las lenguas rojas de una sola Amapola. Collares de suspiros que, surgiendo desde el mismísimo pistilo de un lirio y emanando a través de los hontanares de sus ojos, de sus labios y sus poros, se rocían nacarados sobre la binza encarnada de sus sedosos pétalos. Locos caireles de Bohemia, arañas de pasión que se descuelgan en el corazón de una sola flor. Singular mirabel que se remolinetea alrededor de pétrea yema, de prudente mujer que desconcierta el Universo de mi vulgar mente.

     Alterno aptas palabras y la pauso en estrofas. Un cántico de latidos, de respiración, un resuello de pecho enfermo que, aun se disipe en el éter, se compendia y se adecenta, como lágrima que destella íntima realidad, ante las ventanas canela de maravillosa mujer. Un zumo de melancolía, un licor que no hace daño, un magma de amor natural que surge desde el volcánico corazón de uno hasta orillar, sin herir, el pelágico pecho del otro….

domingo, 27 de julio de 2014

Si te invitan a viajar


     Si te ofrecen pasear por entoldado bulevar, beber de las fragancias del tilo, de los naranjos y limoneros o de los cíclopes del paraíso, árboles que galvanizan el enlosado con alcatifa delgada y violácea. Si al caer la tarde te limpian con celo un banco;... sediméntate en él y solázate con la eufonía de los trinos,  deja que el cegador oro que nace entre el siseo de las copas se derrita en tu piel, acede a que miele tu castaño cabello y entreabre tus párpados, renunciando a toda razón, para que esos cálidos hilos de luz se enhebren acerados entre tus sentimientos.

     Si te imploran miaja de misericordia por ir al ala de tu brazo, por columpiar tus delicados zapatos y evitar que se empapen con la infatigable orilla que los rebusca. Sí, si te piden titubear entre las olas que se solapan a tus pies, por las aguas que al retirarse liban hasta el último indicio de tus pasos;... descálzate y súmete en ese arrullo inmarcesible de amar y ese solapa transcrito e insondable océano de amor que te brindan con tu helénico y hermoso Ponto.

     Embarcaré mi alma naufraga hasta allende, hasta el mismísimo confín de nuestra vida. Horizonte donde un corazón Sol se conturba y se hunde solitario en el seno cristalino de suturado pecho. Donde el manto estrellado del Piélago se azora con firmamento de ensueño escrito.

     Sí, te impetro, mi Vida, una limosna de amor. Callado, ante las puertas de mi único Templo, suplico que orilla de Mar salada inunde una vez más mis labios, que Noche estrellada deposite de nuevo cenizas inextinguibles en mi mirada.

     Son espinosas y sinuosas las sendas plateadas de las noches estivales, sombras que se desperezan sobre requemados trigos de verano. Oscurezco sin luna bajo un cielo áspero que cimbra locura en corazón desgarrado. Ya no adulo con sangre, pues se coagula denso de pena, sino arrebato lágrimas áridas que se desencadenan por mejilla herida.

     Con absoluta claridad, de forma imprevisible y dondequiera que esté me sobreviene tu idílica figura y en un fortuito tris renace la dicha. Diantres, si no lo transcribo en ese momento, si no desgarro esos coágulos sobre unas hojas, más tarde o más temprano surgirá adolescente y amargo recelo de muerte en mi mente.

domingo, 20 de julio de 2014

Inhumana calina




     Inhumana calina que desuela hasta la mustia brizna que encama bajo las piedras. Perseverante viento estival que deseca la entraña de la tierra, hurtando hasta la más íntima gota de sudor…. Aun así, la savia de la dehesa, de esa densa y fecunda pradería que llegó a ser, se enclaustrara ahora latente en la alma de una semilla, en el vilano semen que mece ligero sorteando las asechanzas del prado.

     Etérea y fina duerme sin apenas espanto entre almibarados cotiledones. Embriones que perseveran a que se adelante la siembra, que aguardan tímidos a besar los húmedos labios que surcan fecunda huerta. Un solo anhelo, yacer en el suave barro de su cuerpo; un sencillo empeño, merecer el día, el alba, aun sea lejana, en la que enhebre raíz en harinosa greda, en salobres poros de mi lechosa amapoleda.

     Vago perdido por el árido y rubio páramo de julio. Desorientado y torpe sueño con aquel disperso sirimiri que hizo brotar a este infatigable lirio. Emerjo sobresaltado con cada irisente lágrimas que me descubre el cielo, con esa divina promesa de impide el diluvio y que en cambio, para mí, fue deidad de amor.

     Extraño el hontanar que regresa en otoño, el singular misterio del beso de abril, de sus leves senos desnudos, de deshacerme loco y poco a poco al tentar su dulce secreto, su plateado cuerpo…, cuánto te amo prímula Amapola, cuánto te amo….

viernes, 18 de julio de 2014

Es hora de marchar


     Ya es hora de marchar, de dejar los inacabables asuntos que me traigo entre manos y escapar a jugar como muchacho.

     Quiero coquetear con la flor que quema mi cuerpo, sentir las caricias de sus aguas marinas, ese tibio hálito que sorbe mi pecho, y que me consume en su virtud, con la canícula que surge de su Pétreo corazón.

     Así, algo travieso, adoro nadar entre sus abiertas orillas, venero zambullirme en su cegador resplandor. Cubrir la cristalina binza de sus ojos y de su cutis, revestirlas con mis inconscientes manos, desmayar mi cuerpo y fundir mis instintivos y húmedos labios en la inmensa hermosura de mi Adamar.

     Brincar y retozar, libar el carnoso bisel que me mantiene en vida. Ser pícaro diablillo que toma el mosto dulce que segrega el corinto pistilo de mi Amapola.

     Si acaso me reprendes seré el querubín más dócil que, castigado de por vida, aguardará en la puerta del colegio. Serafín sin alas y sin aula, que echará a volar sinfín de desgarradoras cartas. Perfumada y secreta lírica que cada noche se infiltrará entre tus sábanas para que en las inciertas horas de la noche te estremezcas de tangible amor.

jueves, 17 de julio de 2014

Porto cientos de golondrinas


     Porto cientos de golondrinas en mi memoria, un sinfín de parajillos nómadas que alean por las mareas que empapan mis neuronas, que sutilmente planean sobre las estuaciones que se acrecientan desde la hundida soledad que ahíta mi pecho.

     Revolotean en la fantasía que hay tras mis oídos, en la cromática tintorería que se abre tras mis ojos y, como abusivas avecillas, deshojan cada uno de mis latidos con las esperanzas de obtener un solo beso. Incluso en la oscuridad, cuando concluye la jornada y se extingue el enérgico poniente, de desvelan los murciélagos que surcan el enjambre de estrellas que prendiste en el éter de mis sueños, que hienden la alba e inmanente Luna con la que me sedujiste….

     Son irisadas alas de mariposas que se desprenden repletas de maravillas. Vocablos débiles y bellos cuajados sobre hollejo fresco que se deposita como orvallo en la entraña donde deseo quedarme. Purpúreos e ingrávidos élitros que portan profundo e inigualable noviazgo…, un querer que se ensortija como bucle de seda alrededor del cuerpo de admirable Mujer.

     Mis vaporosos hálitos, ricos en sentimientos, se condensan en un sinnúmero de finas estelas. Mis apolíneas palabras abigarran el insondable Universo que se me revela en tu gran corazón. Cirros de amor manuscrito que, con tantas jornadas…, se mecen inmarcesibles en mareas infinitas de ensueño.

miércoles, 16 de julio de 2014

Desgrano la sílaba sensible de una palabra que gusta


     Desgrano la sílaba sensible de una palabra que gusta. Dulce y suave, como cremosa nata, la amoldo con otras doradas granas de tierna mazorca. Exuberantes bucles de seda, o briznas hialinas de fuente, que cuelgan como racimos de escarchadas uvas y se deslíen en vitales albercas de prosas y estrofas.

     Un leve e inevitable parpadeo, un aspaviento inapreciable o el inconsciente suspiro,… o el extravagante latido; son delirios de un corazón, gotas de deseos que mana mi abierta herida y que poco a poco se hilvanan en francas palabras. No urdo un simple pasaje, sino deposito mi rendida alma en las entrañas de mi Mujer.

     Adulantes hojuelas que se deslizan sin descanso por el cálido soplo de la noche, enmelados folíolos que sobrevienen de mis adentro y se dispersan como bruma hasta ilustrar los anaqueles de sus enmelados labios. Brumoso hontanar de caricias que se desoja como flor abierta en la patena de su seductora boca.

     Ahí en tus labios me llevarás, ahí depositaré el sabor que elaboro, ahí, en ese huequecito mío, aposentaré Amor mío todo el querer que me diste y que siempre, y eterno, llevo consigo.

     Nada pierdo, nada caerá en olvido, mientras la melodía del día se alce ante mi ojos descompondré el sueño que atesoro y loco lo desmenuzaré y lo recompondré para que vivas, Amada mía, en iluminada fantasía….

jueves, 10 de julio de 2014

Alegre


     Alegre, en vísperas del fin de semana, deseo escapar del cotidiano presidio humano, no de la cárcel corporal sino de la rutinaria reclusión laboral, y marchar hacia la agobiante ardía estival.

     Me urge hervir la sangre que coagulada se agolpa en mi pecho, desterrarme hacia las abrasivas brazas del Sol y recalar en medio de la dehesa, entre las frágiles y doradas llama de la espiga, bajo el hialino y escaso frescor de la rechinante encina. Mas no deportaré mi razón, más bien la confinaré al ala de su corazón,… es la esfera en donde respiro.

     Sé que nací en la tierra, de la mismísima entraña de una Madre, entre más semejantes y ciertos dispares. Mas con del devenir de los años afloré de verdad, en la más fragante de las esencias que encierra realidad; germiné en Musa de sencilla poesía. Me dio a luz con un largo beso, con la suave y cálida garatusa de sus labios, de sus dedos…, me entreabrió la razón a la desatendida e inabarcable creación del ensueño.

     Volé presto hacia el Sol de sus lindos ojos que, como acerados relámpagos con extremo de anzuelo, calaron hasta punzar mi corazón y lo cautivaron tenazmente. Anduve por la sedosa gleba de su piel, tal si flotase apaciblemente en aguas de Mar…

     Fue mi Niña quien me condujo hasta el ignorado orbe donde la razón se desvincula de la mente, donde el corazón se emancipa del único pecho conocido y accede a latir e incluso a entregar hasta la última gota de sangre por subsistir en el respirable e imprescindible éter de su Amor.

martes, 1 de julio de 2014

Amapola



Existe una apetencia intensa

a Saeta de plata que salaz

e inenarrable se alza rapaz,

a Azagaya de belleza asaz

que revuela aria y envenena 

con donaire seráfico la escena.


Afilada tiple que condena 

a llorar, el titilar de sirena 

soprano que se dispensa 

integra y se acuña pertinaz 

en mi entraña despensa.

domingo, 29 de junio de 2014

Cuéntame


     Cuéntame, Vida mía, como se suceden tus días. Dime qué te pasa desde que el alba se alza lozana hasta que exhausta se echa a descansar. 

     Amor mío, estallaría alegre como pólvora de feria si me infiltrases una blanca hoja repleta de ti o si, tan sólo, comprendiera unos rápidos e imprevistos apliques que, al rasgar el silencio, desenmarañasen por un instante las caricias de tus manos, el templado roce de tu mejilla o la fascinante conciencia que se esclarece al sentir tus melosas pupilas clavadas en mí. 

     Ven a mí, cara a cara, y lléname el vacío que a diario te reservo. Reséñame, aun sea de forma apresurada y confusa, cada vicisitud; bien la esplendorosa nueva de la graduación, o las simples anécdotas sucedieron en el viaje o el dislate que sobreviene al azar día tras día. Sí, ahonda en mí esa sofocante proeza que fue sueño e incluso a veces agobiante calvario y ya es realidad consumada, ya es en ella misma un incuestionable placer. 

     Nárrame hasta el fugitivo instante de un suspiro, de un tic nervioso pues, aún parezca que no es nada, para mí es puro, es secreto bondadoso y fraternal que asilo tranquilo. 

     Un placer de 
arbitrarias 
olas e imprecisos salpiques, una ingenua distracción que, aun pase inadvertida por ti, yo sabiamente la haré mía; son pues los dulces gajos de tu humana vida. Así es, mi Niña, si en mí cosecho cada racimo tuyo, y si bien lo transformo en dulce pasa o lo fermento en tinto frío de amor a mi Mujer, será pepita inconcebible que siempre descollará bella en mi íntimo mundo, en mi conciencia. Será, aún no lo recuerdes, la recopilación de indicios de los cuales locamente me enamoré…. 

Es el simple resultado de tus palabras, de tus ademanes o tu hechicera forma de ser;

es el álgido punto de un roce, la cúspide de un beso o súmmum de hacer el amor…; 

un edén en el mismísimo corazón de mi pecho,

el inabarcable reino de mi Mujer….

sábado, 28 de junio de 2014

Ya es hora de dormir


     Supongo que ya es hora de dormir, hora de que mi errabunda razón deje de mediar entre la ruidosa materialidad y giróvaga, por el éter de fantasía, se reconcilie con la quietud del sueño.

     He de desbaratar el devorador azote de la preocupación y mitigar el nerviosismo que durante el día haciné tras la piel y así, desnudo y sin arraigo alguno, me alzaré señero por inefable paraíso para sobrevolar el plateado herbaje de su tez.

     Ahí, mi párvula e inextinguible memoria se diseminará en tiernas palabras, a veces se calcará otoñal y otras se reproducirá desaliñada en su alba y aromática fronda. Desprotegeré siempre mi corazón para idolatrar con cortos relatos la alma embotellada que me comprometí a amar y que ahora contrita, entre llantos de hilaridad y entre desconsuelos de remordimiento, se desvive feliz por conservar la luz en su hogar.

jueves, 26 de junio de 2014

Sutil beso


     No es porque tuviese que celebrar algo sino es para que José, cuando saliese a la noche del ensayo, no anduviese a solas por las calles. Así que sin más remedio, y a pesar del reparo que me da, tuve que mendigar de nuevo un favor.

     Como sabes todas las tardes las tengo ocupadas, unas veces estoy en D. Benito y otras en Badajoz. Él también tiene su agenda bien apiñada de quehaceres, está ensayando una pila de partituras para el concierto del próximo domingo.

     Decidí llamar a Paco y enseguida, casi sin abrir la boca, se brindó a ayudarme; mas otro contratiempo surgió y es que ellos no están libres hasta las tres. Así que para no ser una carga me ofrecí a hacer la comida para los tres: Ana, José y yo; y más tarde comerían sus padres.

     Claro está, como iba a servir una mesa deslucida a una dama. Así que sin más preámbulo me puse a idear algo adecuado a su clase. Con trasparente calidad marche al supermercado a recoger ciruelas, manzanas melocotones, y kiwis, y también de jamón cocido, todo para el primer plato y para el segundo almejas, limón, huevos, plátanos y levadura panadera, no la levadura química sino el auténtico fermento de hongos microscópicos.

     Esta mañana, más que entreabrir los ojos, abrí las bolsas, saqué las cosas y me puse a cocer y freír y a mondar fruta. La mano diestra de mi excelente Gourmet, a través de mis dedos, asió la cuchara y frente a una primera fuente, se puso a aderezar un primero de arroz blanco y de fruta, serena y agridulce ensalada salpiconada ligeramente con pimentón dulce.

     De segundo unos medallones muy dorados de merluza. Hice una masa fina con huevo, caldo de almejas, azafrán y harina y espolvoree la mágica levadura. Aguardé a que la deliciosa crema se comenzara a entreabrir en fermentos y en ese misterioso momento adobé los medallones y los freí en abundante aceite. Además emperejilé el plato con unos plátanos fritos y unas hojuelas verdes que causaron regocijo al semejarse a gordos gusanos comiendo verdes tréboles de suerte.

     Uno delirio para la boca, unos gérmenes de sal y de azúcar que mutaron en el paladar fecundando un sentir difícil de comprender. Exquisiteces que vibraron como música irritando ríos de saliva por las glándulas de nuestros encarnados cielos. No sé si introduje alimento o fue mero tragaluz en cada humilde bocado, lo que sí adiviné es que mi oblicua lengua relamió los labios hasta pulir la piel por donde aflora este loco lenguaje.

      Un armónico gesto en fuente de porcelana que se transmutó en ánima agridulce, en revuelo aromático… en contraste frío y doméstico, en el sutil beso de sabor que dedico a quien lo deguste.

miércoles, 25 de junio de 2014

Diría


     Diría, de forma acertada, -pongamos manos a la masa-. Es la expresión más oportuna para esta tarde que, anudándome un mandil, batallo con la paleta de dorar. Un gourmet tímido y dulce que se deslíe a punto de nieve en su plato. Un meloso sibarita que sabiéndose amado adereza atenta poesía tanto en la cocina, como caminando entre encinas o, simplemente, en la oficina, sentado frente a su virtual vitrina.

     Salteo en la sartén un latido minuciosamente elegido, lo rehogo un poco, en óleo de oliva y sólo para ella. No es por dar posterior dentellada ni por sacudir un próximo mordisco, sino sencillamente es por asestar acertada saeta que escinda su tierno pecho y así recibir en su entraña el buen aderezo de humilde poeta.

     Escucha, Amor, como aliño el exquisito manjar con el que he de seducir las papilas de tu íntimo paladar. Hoy de nuevo se iluminará el firmamento de mi Estrella, no la bóveda plomiza que descarga relámpagos, sino ese cielo edénico y encarnado que oculta un nombre que se deshace entre flechas, dardos que sólo irritan esas desconocidas glándulas de su corazón.

martes, 24 de junio de 2014

La tarde se emplazó plomiza


     La tarde se emplazó plomiza y lluviosa y apenas al entrar la noche, y aunque el cielo se enmendara opaco e impenetrable, se alzó entre las encinas un aroma ligero que invadió cada guarida del prado.

     El perfume de la intemperie, el fresco hálito de la empapada hoja de eucalipto, el untuoso y acaramelado soplo de la jara en flor y el pasto seco y aguado, ese forraje pobre y húmedo que exhala un último estertor de suave almíbar al fenecer quebrado en el suelo o en el estómago de un carnero….

     Su espíritu incorpóreo e invisible me sedujo en la carretea, en el coche y con la ventanilla abierta. Adonde nadie me puede examinar y en donde tan sólo me resta escribir y reescribir poesía en cada madriguera de mi mente. Asiendo firme el volante sentí unos estambres de azafrán y el violento viento de su aliento,… dentelleaba verde cada beso esmeralda que depositó en mis labios.

domingo, 22 de junio de 2014

Un último hálito en la caldera del cielo


     Un último hálito en la caldera del cielo, la semana concluye con ardiente brisa y desemboca sedienta flameando el preludio de otro crepúsculo más.

     Transcribo con hierba quemada, con una hebra fina de grafito, con una hilacha escogida entre la coagulada y seca fronda estival.

     Se enturbia la mirada externa mas penetra suficiente candela de alcohol en la intimidad de mi pecho. Nada puede ceder, todo se alborota en mí y asciende ligero, como un chubasco de nubes blancas, desde mi corazón hasta mi razón.

     Prosigue intensa en medio de mi cuerpo, un único e inextinguible rescoldo, una brasa diamantina que circunda lo trivial, que obvia lo inconsciente y se aísla en reflejos de cariño. Poderosa chispa que modela carnívoro beso y que, sin abandonar en un solo instante mí íntimo centro, talla versos y más versos sólo para su Amor….

Escritorio


     Ahora, que apago el foco de mi despacho y prendo la lámpara que alumbra el pupitre de mi cuerpo, me pongo a transcribir hasta el más ridículo borboteo que estremece mi cuerpo.

     Me reclino sobre mí mismo y, sin malograr ni un mísero santiamén, voy anotando todo el azogue que azota mi corazón. No desperdicio ni el ripio de leves latidos si no me lucro de todo lo que me conmueve. Así, desde la efímera euforia, ora sea una fortuita tiritera ora un inconsciente escalofrío; hasta el ímpetu volcánico, bien sea el calcinante azote de la vasta orfandad bien una desternillante sacudida de carcajadas. Todo me es áurico, todo es tesoro que adoro; aun reste sin uñas de escribir en soledad….

     A diario y únicamente para Ti, desplegaré un anchuroso cobertor de color y lo recargaré con desesperados sentimientos caligrafiados. Tan vasto será que, aun revueles sobre él, jamás divisarás sus orillados ribetes y tan copiosamente novelado que, ese bellísimo Escritorio de blanca e inmaculados senos, el que idolatro alocado y en el que siempre que me reclino es como si lo sedujese por primera vez, se desbordará en albricias y enamoramientos.

     Como un alfiler de acupuntura me infiltraré bajo su tersa piel, nutriéndome de su deliciosa dermis y estimulando una hilaridad que en forma de sudor vítreo dimanará rutilante a través de sus poros. Desmembraré cada hebra de luz que ahonde su iris, la segmentaré en un espectro de colores desconocidos, en una pira de estrellados ensueños que cuajará integra en la bóveda de su razón.

     Anidaré en su caja torácica, adonde asila su convulso y gran corazón. Entrevetaré su carne con unto fino y claro, con un trazo ralo y perfumado que ingresará como hila de nata azucarada entre su musculoso tejido. Palpitará delirante, como el de una adolescente drogada de versos, e incluso llegarás a llorar por no logar compensar el bárbaro amor que le brinda su delirante lirio.

     Sé que soportarás bien este meloso apolillar que horada tu corazón, sé que aguantará bien el inagotable manantial de mi hontanar, sé que incluso rehuirás de mirar mi correo pues cada vez que lo descubras se te abrirá una fuente llorera que pulimentará tu mejilla. Más no serás capaz resistir el deseo y lo avizorarás como albor necesario que cada mañana se alza lejano dando todo de sí,… laureándote con humilde amor.