jueves, 31 de enero de 2013

Esta noche no sé como lo haré


     Esta noche no sé como lo haré, mas lucharé, ¡sí!, sea como sea lucharé con más furor que ayer y que antes de ayer. Romperé la insondable barrera del tiempo, venceré al inexplicable sueño y permaneceré como siempre a tu lado. Pero ahora, hambriento y desesperado, naufragaré entre lágrimas de aflicción, extraviando los ojos en el horizonte y escurriendo hasta la última gota de mí amor.
     Palideceré, tecleando emociociones, confiando que me escuchas, sin pausa y deambulando por el despacho como si fuese el pasillo de la clínica. Angosto sendero de no saber cómo estás, de no poder hacer nada si el dolor te cohíbe o si el pavor te azora hasta enmudecer.
     Mi esbelta Dama, de rodillas y desnudo de alma, soñaré que beso la bravía mar de tu vientre. Con aliento como viento, con millares de brillantes sentimientos y eterno, y como rey coronado de amor, prenderé de fuego el inmenso firmamento que se alza al frente de mi vida. Seré ferviente aurora que se acrecienta imparable ante el racimo rosado de un Cerezo, seré fino y bello como trazo que sesga el pétalo del gamoncillo, ¡Ooooooooh! Por mi dehesa Mujer.
     Por ti, Mi Vida, grito ansiosos, por ti trueno como cañón, sólo por ti levanto alegres andanadas del corazón. Deja que esta tarde la loca inclinación de mi voluntad desemboque en la fina bocana de tu boca.

miércoles, 30 de enero de 2013

El fuego

     ¡El fuego!, ¡cómo me atraen las llamas y las brasas!, frotar las manos junto a la lumbre, apenas pisar las candentes ascuas y, repantigado y cambiando una y otra vez el cruce de piernas, ser testigos del ardor sobre las canillas. Qué hay tras esas flameantes lenguas, no puede ser simple plasma, no es sólo calor sino bienestar que redime, impregna y cala la piel, que se infiltra por los ojos y accede hasta el pecho, ¿lo sientes?, ¡lo notas!. 
     Perecer, Amor mío a tu lado, cautivo de la intensidad de mi Mujer. Sincerarme, descubrir mi pecho, tan sólo mostrar el tejido de mi rendida piel, subyugado al calor de tus brazos, al hilo de tus besos…, ardiendo me consumo ante la sincera belleza que tu alma irradia. 
     No, mi Amor, no me quiero vestir, he de sentirme desnudo frente al ardor de tus encantos. Mi cabello, mi piel, mi faz deben reflejar tu enérgico fervor. Día tras día he de esperar a que mi Niña, mi Vida, su ígnea dicha vaporice sin ahogo mi saliva y mis lágrimas. 
     Sí, Amada mía, Mujer, así como antracita pura continuaré de por vida rendido a tu Amor. Seré estable e inagotable brasa, quemándome y quemándome para ti, intensa llama de color similar pétalo de lirio: un dardo amarillo que delata la temperatura que tú impeles y un penacho azulado que evidencia que por ti me consumo puro, si veneno que ennegrezca el alma. 
     Sólo para ti, mi Amapola, sólo para tu corazón, crepitar en prosa o estrofa, que resuene como ruiseñor o como caña dorada a son del viento. Nada ni nadie te amará con tanta intensidad, consumiré tu vida con inédita pasión, vencido estoy por ti y por ello radiante me rindo a estar siempre a tu lado.

     Con tus prendas mi amor, he quedado prendada a ti. Prisionera de la grandeza de tu alma, de tu inmarcesible amor; tan grande, que no cabe en mí cuanto en ti veo.

     Sé, con certeza, que nací para quererte y que mi alma te ha cortado a su medida. Vivo de lejos por tu amor inflamada y, con estos gestos (tú preguntando y comprando cosas para mí…), encendida tanto que apenas me sostengo. Teniéndote a ti mi sol tan cerca, consigues que por ti viva y por ti muera.

     Cuando entre en ese profundo sueño, te buscaré porque significas todo para mí
TE AMO VIDA MÍA.
QUIERO ESTAR A TU LADO.

martes, 29 de enero de 2013

Buscando prendas



     Lindamente sentada, con la piel como overo rosado, no sé si es por el calor o por la turbación, mira alrededor solicitando con los ojos atención. Yo, como humilde potro de porte regia, rondo despacio y azorado a su alrededor. Intento mostrar menos ansiedad que ella, que mi Amor, por ello, y de vez en cuando, gasto bromas y sonrío, cuando en verdad estoy deshecho por dentro. Alegre, y sentándome a su lado, desvío la atención: -te gustan las pantuflas-, -las había de peluches muy tiernos-, bisbiseo entre dientes una carcajada –¡unos pies de osito!-. Una laguna de inabarcables sentimientos se me desborda del pecho, como en la tienda, donde llegué a intimidar al vendedor pidiéndole las más bonitas, el sacó unas joyas de crochet y yo dubitativo le exhorté que me ayudara, que deben de ser únicas, que son para mi Niña.
     Me sentía sólo por la calle, como arrinconado de tienda en tienda, -¡Dios quien mi ayuda!-, pensaba que ella, voluntariamente, no tenía más remedio que tender su mano en manos de un cirujano, mi calor había sido insuficiente, el amor que abre mi pecho no bastaba para aliviar la inflamación. Si pudiese daría rienda suelta a mi arrocinada pasión y la transmutaría bajo su piel, si me obedeciese mudaría mi overo rosado de hombre enamorado y lo sumaría bajo su dermis, quizás así mi calor la sanaría sonrojándola. Por qué no habrá primorosa hada que desangre lo que precise de mi vida para dárselo a ella, que con espuelas pinche la plata de mi alma para que gotee sobre su dedo y calme su hinchazón.

     Pido perdón en la droguería, donde exigí su agua de colonia, su cauce de aguas, que hallasen el río donde se desborda alma que es colonia. La tendera, algo tosca y pensado en gente común, me mostró un simple frasco. Quizás alcé la voz con un rotundo –¡No!- y supliqué pausadamente-quiero una ampolla con agua de hontanar, digna de Princesa, un agua pura que aúne el vigor del Sol, el aliento fresco de la nieve y reflejo de la Luna-. Me contuve y las gracias le di, pues me alcanzo un frasco con el agua de una laguna que sólo recoge el viento que lame la albahaca, el tomillo y el eneldo; -Sí, muchas gracias, esto es lo que buscaba- repetí. Además me trajo un bolso de aseo de finos trazos, tan delgados como los que hacen sus niños en el colegio. Así que desensillé mi terca brutalidad y con claridad le repetí una y otra vez –¡gracias, gracias, mil gracias!-.
     Ahora había de buscar un pijama de seda más tersa que su piel, dónde se puede hallar si no existe el mago de Oz. Pasé la palma de mi mano una y otra vez sobre cientos de telas y otras tantas veces dije que no; decepcionado no hallé tela similar a su mejilla, a su cuello, a su vientre… Las prendas me parecían púas de anzuelo y al rozarlas mi corazón las negaba. Como iba a mixturar esa áspera tela con la seda de sus hombros, así no debe de dormir, se le enredará el pelo, se le sonrojará la oreja y le dejará marcas sobre la piel. Sin más remedio tuve elegir seda normal, con simple brillo de zafiro y además, incapaz de hallar el justo pijama, impotente y sin querer, manché la tela con unas lágrimas de desesperación que se descolgaron de mis ojos y justo fueron a caer donde más se ve, en la solapa que se dobla delante de su sesgado pecho.

Nuestra vida


Nuestra vida,  esta frase que nos une en el mismo corredor del laberinto como prueba irrefutable de la utilidad del tiempo, de que existen nuestras manos a pesar de nuestros pies, de que somos un recuento.
Somos, y eso es plural, ese es el modo de asumirnos, mi vida, de creernos el aire, el agua, el fuego y la tierra; de bebernos la piel, explicarnos las miradas y poner a buen resguardo las risas y los llantos.
Somos, mi amor, como un árbol que se ufana de sus flores, solitarios y sedientos, uno de la sed del otro. Nuestra vida, esa frase que nos une, no reniega de la parte que nos toca, y nos contemplamos nuevos cada vez que entre la espuma de este mutuo corazón nos desnudamos.
¡Cuánto te extraño caracola!

domingo, 27 de enero de 2013

Buenas noches

      Sé que hoy, antes de caer sobre la almohada, vislumbraré de nuevo mi único deseo, mi Blanca de la noche, su Voz sobre mí mismo, rompiendo mi claro silencio. Será una confluencia más allá del deseo, erguido, en ese exacto momento se disuelve la sombra y se detona el recuerdo: resuena sincera voz, reverbera trascedente mirada, blande sísmica y sedosa caricia y así, desesperado, me explosiona el corazón latiente y enamorado.
     Una síntesis de años en unos escasos segundos, en un inenarrable instante el epítome de nuestra indecible vida. Gozando, sí, gozando, cuerpo a cuerpo sin estas ventanas. En mí estás y mire donde mire, a mi lado te hallo, luz que no es simple luz sino eclipse que tan sólo ilumina un camino, que conforma lo añejo erigiéndose como baile divertido y nuevo. Así desahogas mi corazón, abates mi razón a golpes de linfa que me revelan intensos colores tras la paleta de mis ojos. Respirar para ti, desperezar mi alma comprendiendo que sólo a ti te pertenece, desenredar las venas para así alegre poder servir al sueño que tú me concedes. Como fibra óptica mis nervios y mis venas portan raudales de amor descubriéndome la inmensidad de mi grandiosa Mar.

Tuyo es mi barro


     Hice una catedral con el tamiz de tu greda y armonicé en la rosa de los vientos tu nombre. Aspiré tu aroma y en tus ojos salpicados de castaños ramifiqué el árbol de los sueños para que no quedaran espacios y el tiempo no reclamara mis pasos. 



     Amor mío, en las calladas noches te he esperado para que anclaras un día sobre mi corazón de fuego. Y a mí llegaste, con resplandor de estrella para despertar los pájaros del sueño. Y desde entonces mi vida, la esperanza (como sedosa hiedra) sube segura por mis huesos. 

     Mi amor, conduce tu deseo hacia mis muros, sumérgete gozoso en mis ocultos mares, descubridor de mis sentidos; tuyo es mi barro con su inevitable historia y tuyo es mi destino. No me dejes a solas, mi niño, en este laberinto de la vida. Deja que mis ojos se sequen de mirarte siempre y mis palabras giren llenas de júbilo para buscar tu viento. 

Mi amor descalzo, se viste de tus hojas y se queda bajo tu fresca sombra. 

Descansa y ten dulces sueños en mis brazos, caracola. 

Un intenso beso de amor.

sábado, 26 de enero de 2013

Toc


     Toc, toc, ¿estás ahí?, ¿me oyes?, ¿vas a salir con el frío que hace?, con esta temperatura casi de nieve y con el agua que no cesa… Aunque…, sí, es mejor que salgas, valorando los proes y los contras, considero que debes evadirte con tus amigas.

     Aun haga frío y ni siquiera surjan flores, la hierba prosigue alargándose, ocluyendo jovial la dehesa y bajo la luna luciendo intensa y así, de forma similar Vida mía, debes solazarte entre la brisa invernal, asperger tu pelo castaño, huir de los lobos y risueña, con brillo en los ojos, pacer entre voces y manos generosas.

     Sí, mi Niña, desprendida, denodada, sonriente, una entusiasta de las noches entrañables, del aire libre, de las calles alegres y los portales nostálgicos, del compás de la mar… Mi niña bebe, sáciate con los libros, con el trinar de los pájaros, con el susurro del viento, con el guiño de las estrellas, con el cariño de los niños o con el desacerbado amor que sólo a ti te profeso.

viernes, 25 de enero de 2013

Harina tostada con ojos caramelizados


Harina tostada con ojos caramelizados, cerezas, ciruelas o yemitas de huevo; con almendra o nuez majada; con confituras de colores, con azucarada nevada o con chocolate... La menta poleo que aún temple más tu cuerpo templado y que te ayude a mitigar la pereza de retirar las mantas en días de frío....
Una pizca de barro cocido, la piel de mis labios, hoy humedecidos con la aspersión de tu saliva, la interacción de plumaje conyugal, ingrávido aleteo de nuestras almas....

Así despiertas fulgurante y espléndida, aún sin maquillaje, más que sedosa y más que deliciosa, transparente como el agua, elocuente e íntimo cauce de cristalinas palabras... Apoyo la bandeja en el borde de la cama y sin artificios de pólvora detono en luz de galaxia, en materia etérea o sólida; me eleva tanto tu brío que me alzo despierto por encima de la Tierra….
Acá, juntos al amanecer, tras prender los ojos y tonificar la tez apurándola con unos minutos de lozanos agasajos, con las yemas de nuestro fresco laurel, consumimos la voz analizando el embrión del día. ¿Estamos juntos?, no, no estamos ligados sino aunados somos una Madre de inmenso fulgor o un Padre que luce como Sol, un vasto Sentimiento en un único Ser. Naciendo al día como río de la lava o, tan sólo, como cereza dulce y tersa, de humilde hueso de dos corazones, que flota fiel y flamante en el afluente de la vida.
Medio corazón y perfecto, que a lo largo de la jornada dispersa mágicos polvos entre neófito aprendices. Transmuta los números, los circunstanciales complementos o exprime la filosofía de las humanidades en cuentos polares repletos de zafiros helados, en metales preciosos con los que fragua y conjura regias tizonas, en aromas selváticos de flores que esparcen grácil e imperceptible por dentro de sus bisoñas sienes. Y la otra mitad del corazón e integro por ti, mi Amor, urdirá entre las máquinas, escudriñará la vigente legislación y aplicará el poder de la energía para deshelar el frío austral que hace que la bandera tremole sin esperanza, que acobarda y tortura a bizarros padrazos…
¡Oooooh! tu voz, tu forma de ser, tu denodado amor, de tal manera se ha asido a mi mente que la impregna de infinita ternura y la colma de sinceridad. Enamorado de advenimiento primaveral disperso cauce de polen, emano rubor floral y segrego melifica franqueza por cada poro.
Voy mi Niña, con esta bandeja de aliento, satisfago el amor inédito que me urge compartir contigo. Frenético e hipnotizado por tu corazón titila en cada taza que sirvo tu alma, la endulzo con mis yemas, sin inhibición. Tu Vaho se eleva y florece hermoso al mundo exterior y con ademan tierno y musical educa a sus Niños.

miércoles, 23 de enero de 2013

La razón de mi vida


     Densa melodía que aposenta letras en mi fondo, craso acorde que perfila imágenes sobre renglones, plúmbea canción que erige paisajes con frases o estrofas. Es la glosa que tus manos, tus ojos o tu cuerpo me exigen, la rima que deseo acoplar en ti, mi Predilecta Mejilla, y así, danzando entre sílabas, culminar, sólo para ti, mis poemas de amor. Sin números, ni ecuaciones, ni siquiera lógica razón, no es algo físico sino más bien delirante….

     Me erosiono cada día con intensa gallardía, como piedra roma sobre la que cae el tiempo, etérea materia que se disuelve junto a sal marina, entre las aguas de nuestra conjunta vida. Huele intensamente nuestra identidad, huele a salobre sueño.
     Ya puedo escudriñar todas las cosas que me rodean, o deletrear con prolijo los libros, incluso los leídos, o rehacer de nuevo la carrera que tú, mi Niña, eres lo más importante de mi Vida, mi Vida en sí. Más densa que la dulce miel, más intensa que el ejido de trigo, la única razón que adhiere máscara de sonrisa sobre mi faz, tan sólida como una pared; tu voz, tus gestos, es la luz de mis días, ni de noche se extingue en mi pecho.
     Toda la jornada revolviendo notas, estructurando dialéctica, mas me doy cuenta que sólo puedo escribir con lógica si profundizo en las misteriosas expresiones del amor. Tú, mi Amor, tu eres la razón de mi ser, de mi corazón… ¡Gracias, Gracias, Gracias!.

martes, 22 de enero de 2013

Mi cofre


     En esta distancia, donde nuestro grito se escurre paralelo al silencio, se recoge toda nuestra vida. ¿Cómo debe de ser la tuya?, qué inmensa que ni con el batir de alas de ángel se puede franquear, ¿un cajón, un baúl, un arcón o un cofre…? no, debe de ser más, un archivador de incontables volúmenes, una biblioteca superior a la de Alejandría pero sólo con ejemplares que compendian el firmamento, que resume los océanos o que mensura mi espíritu.
     Es Joyero de pomos carnosos, la mansedumbre que clama a mis labios, las curvas de una Vida que se destapa al perfilarlo con sencillos besos. Es Bombonera que me conserva derretido, el cálido Vientre que hornea nuestro pan. Por dentro rasa como la piel de tu mejilla y cristalina como el espejo del aljibe que palpan mis yemas; deseo ser la orilla por donde sobrevuelen tus olas, la mansa cala que abracen por costumbre tus finos brazos.

      Ahora, para el jueves, he de rastrear lo más tierno para ahitar el alma de mi apasionada y bella Valija, perseveraré por mantener mi vehemencia, buscaré sus rosas y, si acaso no las encontrase, sus astromelias traeré.
     Con toda mi intima pasión al descubierto, con mi espíritu emergiendo tierno por las yemas, con este indescriptible celo te escribo que la aromática infusión de menta poleo debe irrigar el tibio abismo de tu cuerpo, que sobre el canto de la taza morderé tu ácida luna de limón y que no, mi Amor, no serviré caramelos de azúcar dentro de tu dulce boca.
     Con mimo, apenas perceptible, posaré pequeñas etiquetas de golosa tentación, confitadas estrellas para el cielo de tu boca, mermelados corazones para prenderlos en el pecho de mi Amada; así tus manos se desbordarán en caricias de arrope o de jalea, sobre mí la cremosa nata de tu piel desnuda, tus deseos húmedos, sin escrúpulos ni titubeos y me invadirás ferozmente con tiernos besos. Aromática y fresca hierba que cubra mi boca cuando me bese, el aliento de arrayan que incluso aquí respiro y que cuan te beso inunda como huracán mi alma enamorada.

domingo, 20 de enero de 2013

Ya estoy aquí


     Ya estoy aquí mirando, a través de la noche, por encima del mármol del teclado. Termina el día y con ganas cierro los ojos, cubro mi piel e incluso me tapo los oídos y la nariz; tan sólo deseo sentir a la dueña que posee mis adentros, la pasión que me entrega y me obnubila el pensamiento, la tierna calidez que sembrada emerge desde mi interior y me empapa en sudor.
     Desearía que todo fuese más rápido, incluso más brusco, que cuando sucumbiese en el crepúsculo no sólo sintiese tu alma sino también notase tu terso roce, o tu juguetona lengua se arremolina locamente por cada hueco de mi boca, o tu carne desenfrenada abrazándome como indispensable dermis. Desearía, mi Amor, que la viva luz de tu mirada aniquilara mi sueño, mi oscuro silencio y que todo, sobre lecho de hojas húmedas, germinase en sensuales burbujas, retozando a besos, con lisonjeo sensuales y así, juntos, pasáramos la noche amándonos, Vida mía.

jueves, 17 de enero de 2013

Gracias a mi oficio natal puse el cristal


     Gracias a mi oficio natal puse el cristal, ajusté rendijas, moví cerraduras y por debajo del coche casi de noche situé una ventana para mirar hacia fuera y no pasar frío.
    Mis trajines congénitos y el afán que desde niño tiró de mí, vistieron mi vida o quizás, como relámpago que cae en la noche, entró por los laberintos de mi sien, iluminando este humilde templo, y quemó todo vestigio de castillos, de chozos, de animales y en sí, de osadas aventuras.
     Antes, en cada rincón que pisaba, era niño que soñaba con caballos alados, … sin saber que supone ser poeta era una miaja poeta o acaso, jugando era más juglar que ahora. En el dormitorio, en la torre que representaba el mueble del salón, en la formidable ciudad que vislumbraba en el suelo del salón o en cualquier lugar…, sin rellenar hoja alguna, ahitaba de sueños mi insaciable pecho bisoño.
     Pero poco a poco la mar se fue quedando sin cíclopes, los bultos sombríos de la noche se mudaron al hado del día y los muebles de casa dejaron de refugiar a los soldaditos de plomos. Incluso el arrogante alcohol entró en la noche y resbalando por la superficie de las neuronas, produjo insomnio y marchitó absurdamente al niño.
     Mas ahora, con el corazón cautivo por vertiginosos sentimientos, percibo la existencia del ambicioso niño, que aún más exaltado entra en el fragor de tu inmenso Océano. Intrépido, cada noche separo las sábanas y navego valiente y afortunado a zambullirme en tu sueño.
     Grito, como todas las noches, tras las paredes de este cuerpo y mi latido de niño, mis sueños, en vigilia y ebrio de cariño se propagan tras los muros para anegar de amor los pretiles de tu infinito pecho. Mi niña, mi Bailarina de plomo, vuelo a tu lado con caballo alado y con las brasas de insaciables besos me fundo Contigo en un único e inmarcesible Corazón.

martes, 15 de enero de 2013

Cómo poner texto legible sobre una imagen


Cómo poner texto legible sobre una imagen.

     En primer lugar pensar, hacerlo inteligible, de manera que lo que escriba no quede a oscuras, vacío y sin sentido. O sea, que sea bella retórica que resalte sobre el pálido papel para que nuestros corazones aunados palpiten al unísono.

     Una vez esbozado el símil o metáfora en la amplia dimensión de nuestro corazón llega el turno de la mente; el razonamiento. Ahora hay que usar bellos axiomas y con una clara inclinación o lunática vehemencia declararte, como si me faltase el tiempo para demostrar algo tan evidente o como si en ello me fuese la vida, como es mi Amor por ti, preciosa Mujer mía.

     No, no he de compararte con una estrella ni con el Sol, sino he de profundizar más en mi humilde corazón y, sinceramente, decir que es gracias a su intensa Llama por la cual esa Estrella, mía, luce única, refulge bella y hace álgida mi vida.

     Tampoco he de relacionarte con una vulgar flor ni con una simple amapola, sino como El Principito describe o tal como me aclara perfectamente mi Mujer, decir que eres el singular Perfume que resalta y reina en el mundo de los olores y que sólo tú, entre las comunes flores, presides como deidad cromática y aromática, Amapola mía.

     Compararte o relacionarte imposible me es entre piedras finas, pues mi hermosa Emperatriz es la más lustrada en la mina de diamantes. Tan magnificente es su esplendor que reitero, destaca mi bella Emperatriz en esa república de simples estrellas.

     Sinceramente, pletórico en la vida y si tuviese que dar las gracias a un ser divino, estaría eternamente obligado a dárselas. Colmado de júbilo por amar a mi Amor y de saber que tú me correspondes con mellizo cariño. Preside mi corazón el Oráculo que desveló la luz de mis días, que traslució cual es la verdadera beldad.

     Estos signos puntuales, son las flechas de Cupido que hieren mi corazón. No hay estrella alguna, ni flor ni siquiera brillante gema, sino sólo una y es la más bella y hermosa, el Oráculo que impera con amor mi corazón; seré el lucero que te orbita y fulgiré intensa retórica para que siempre camines con densa y brillante sonrisa.

viernes, 11 de enero de 2013

Es fácil entablar una conversación



     ¿Es fácil entablar una conversación?, seguro que todo el mundo dice que sí y yo, sin pensar, también lo sostendría. En cambio admito que mi boca, aunque a veces me asombre de lo que platica, cuando llega la hora de abrirse está hueca o descargada, como si fuese una recámara: por un lado la canana o mi intrínseco mudo (espejo con los reflejos de mi Niña y mi Niño) y a lo postrero el inmenso cuadro donde cuido minuciosamente el estallido de color de mis expresiones. Asombroso, la boca vacía, lista para juntarla con tus labios y embeber, si la asaltas con tu lengua, tu delicada saliva.

     Aunque en un extremo esté el cuadro de mi Vida y mi boca esté lista pero vacía, la percibo como paleta de color y pincel. Una nube de algodón, mis cuerdas vocales, tras el añil del cielo de mi boca o en las profundidades de mi paladar, unta los colores racionales de mi mente o intensos del corazón, los mezcla con escrúpulo y los perfila intentando, sin alzar la voz, encrestar la cúspide de mi Amor. El destino prender las inagotables y entrañables estrellas de tus ojos, colmar la verde e intensa copa de dulces y tiernos frutos rezumando saliva de mi tuétano, deshacer las rocas, desleír las máculas y henchir el seno de su Mar con Corales indescriptibles.

     Sílabas que se yerguen verticales, chuponando de mi pecho aria pasión y risa para, humilde y silencioso, bogar como pececillo en las cálidas aguas de tu inmensa Vida. Trino de dulce amor para tu oído, níveo y juguetón como la brisa, que nadie huele y sólo a ti, mi Niña, te perfuma.

     Palabras huérfanas, sin camino ni sentido, sino asiesen la mano de la Madre que es mi sino. Párrafos que sueñan en ser butaca para que reposen y divaguen felices los pájaros que rondan tu sien, estrofas que anhelan ser porche para que cobijen el frágil y sesgado pecho que contiene tu corazón, rimas que desean ser búcaro repleto de florecillas para inundar tus ventanas con verdaderas maravillas… Qué deben ser mis palabras sino el temblor que esparce mi corazón, el eco que envuelve a mi preciosa Mujer, un edén para las pisadas de sus pies, verbos para que colmen el vacío de todos los solitarios huecos, reverberación cromática que sólo alumbre el sendero de sus pasos.

     Enmarcaré, mi Amor, este reflejo que emite mi pecho. Que no es sino el hermoso retrato que emana de tu boca, Amor mío. Así brillas tú, mi Vida, en mi cuerpo, en mi tiempo, en el espacio donde divago, donde ya no me hallo perdido pues persigo una luz preciosa, prodigiosa… para mi divina tal Sol que me da la vida.

miércoles, 9 de enero de 2013

Yacer en tu luz



     ¿Yacer en lo oscuro, con los parpados abatidos y caídos hacia el terrible fin de nuestro particular mundo, con las manos sumergidas en lo insomne y semiatadas en ese espacio abisal sin la más mínima brisa de cielo? ¿Qué puedo hacer? Maquinar una obra enorme, descubrir el techo añil que surge del péndulo de ambos corazones, desgranar los abalorios de todas las coronas, recolectarlos sólo para ti y dejar resplandeciente y áurica la diadema que merece mi endiosada Reina; de bronce resplandeciente para la ungida, sacra y fina sien, para mi Bellísima Niña.

     Ayer rocé ambas mejillas y nuevamente sentía crujir el hielo de la cima, desde donde surge el alba de mi pecho, mana suavemente y trasluce en espejo taumatúrgico la faz y las manos que me llevan al mágico y apacible Mar de mi vida. El chasquido salía de ti, chispas de amor sedoso que como ondas tremolantes estremecen todo mi cuerpo. Lívida quedaba mi piel en comparación al rosado matiz que tomaban mis pómulos.

     La sangre a borbotones se agolpaba y saltaba, como pez en estanque, entre los capilares de mi mejilla. Sentía tu electrizante cosquilleo, el destello cegador y sólido que derrite mi génesis dormida. Sólo tú, Amor mío, tu piel, el cuerpo bajo tu blusa, el firmamento de tus ojos e incluso el fulgor al que saben tus besos; sólo tú, AMOR MÍO, sólo tú brillas así.

     Remolinos de cascabeles colman mi espacio y quedo o vivo atónito con este nacer matinal. Ya no hay ocaso en mi Tierra y el cielo que a su antojo era añil, plomizo o fantasmagórico. Ahora, la fisura tras tu dulce boca, lo revela lucido, nido de mis latidos, cántico para mis oídos o lluvia de lágrimas que mana sin cesar. Comprendes la vasta herida que ocasionas a mi corazón, tú, mi bello ramo de Amapolas, habitas y duermes en él, volando como golondrina y dispersando en arcoíris la luz que cubre mi toda mi vida.

Muñeca de Trapo



     Sé cuando en mí empezó a crecer, cuando derramó su vida frente a mis ojos y así, diseminando su magnífica belleza, mi mundo comenzó a florecer. Sé, con certeza, cuando impregnó mi piel con sus sueños, cuando me arrimó su tierna sonrisa y, con la promesa de sus labios, cuando selló su hado con mi albedrío. 

     Sólo en ella quiero entretejer mis recuerdos, ansioso pretendo transgredir en sus ojos mi corazón desbocado. Mas ella, depositada ahí en su baúl, deshilacha su cuerpo, su sesgado pecho y su alma, su corazón sin suficientes átomos de aire late con ahogo; oprimiré tu caja torácica con minuciosos versos para que nunca cese tu latido.

     Si desde aquí tengo que mover dunas así lo haré, exhalando hasta el último hálito de mis sentimientos, poblaré tu mente con un sinfín de oasis, requiebros que conformen en tu desierto mil y una noches de ensueño. Tenderé un viaducto que vincule nuestras sonrisas, que junte los colores de las pupilas y que diluya el aroma de nuestra piel; no habrá signos de abismos ni siquiera en la lágrima más pequeña. 

     La dulce y cálida linfa de tu cuerpo despereza e hincha mi seco odre. Como planeta único repleto de maravillosa vida encarnas locura sobre mis huesos. Seré cometa orbitando siempre alrededor de tu espíritu, extenderé mi estela para que se abrace perenne a tu mundo, hasta desmenuzarme en reluciente anillo. 

     Amarrada a mi pecho convulsionaré tu corazón, hurtando hasta el último aliento de mis células para nutrir de gozo tu tersa piel, tu sensual sonrisa y ancestral penetraré en tu alma, para sembrar a diario infinitas flores de hermosos colores. 

     Aquí estoy, con los ojos cerrados, recorriendo libre el mágico laberinto de tu mente, sin leyes ni señales que coagulen mi fluir. Sí, con gesto cálido, bogando y disfrutando de tu pulida entraña, sin pasos de cebra ni semáforos, sino con amplias dehesas, níveos oteros e infinitos piélagos. 

     Aquí reverberando, sin agudizar el oído, el mágico sonido que me impele tu corazón. Un susurro de hojas aciculadas, el bramar de abrazos oceánicos y la orquesta de millares piares. Me estimulas con tanta felicidad que el llanto abisal que nace en mis ojos, cae adherido por mis huesos y hace trepidar mi carne con escalofrío de puro Amor. Tu lo suscitas Mujer mía.

     Y en sueños, aureola que fecunda mis noches, luz apacible y familiar que desvanece mis sobras. La turbidez de la pesadilla se difuminó por siempre. Ahora, a todas horas, abarloa en mí fragancia, entrañable calor, perfilado contorno, celestial voz y delicada caricia de Mujer sublime.

     Suspiro sin respirar, sollozo sin derramar lágrima y hablo incesantemente con mis yemas sin llegar a articular palabra por mi boca. Necesito que me envuelvan en las cortinas de tus sentimientos, sumergir mi faz en tu corta melena e inhalar, mi Niña, cada atisbo de sentimiento que emerja de tus neuronas.

     Me aferro ante la vitrina de esta pantalla bordando palabras para hacerte feliz. Ya no sé si los relojes miden el tiempo, pues el péndulo de mis días son las palabras que siembro en tu vida; tantos abalorios compartimos que las raíces que enmarañan nuestras almas son irrompibles, inverosímiles y maravillosas.

viernes, 4 de enero de 2013

Despertar como una losa



     La próxima noche, que te acuestes en la habitación que da a la terraza, yo voy a despertar como una losa. Así ha de ser, la escarcha del alba echará raíces, aposentará mis párpados, mis fosas nasales, sesgará mis labios, como un muerdo de cristales rotos, e incluso cuarteará mi pleura como cuero de odre seco. Cuando me levante para ir al servicio, también cruzaré la terraza aunque no esté en mi camino y así el frío níveo aterciopelará mi piel y además, Vida mía, iré descalzo para amoratar mis pies hasta que llegue el amanecer.

     En sueños te mantengo entre los tremolantes palios de luz y a diario en invierno, como pájaro en busca de su alimento, vuelo a la puerta de tu trabajo. Si tú, Amor mío, duermes en navidad como seroja otoñal que se enfría y se consume húmeda bajo la colcha del suelo, yo, Princesa mía, voluntarioso y enamorado, seré zapato cristalino que se escarche al vestir tus pies y se funda besándolos en silencio, abrazándolos como hielo diamantino.

     Cada frase tuya es ascua de carbón que dentro de mi sien se libera en silencio, abatiendo sombras e iluminando cada rincón de mi oscuro pecho. Queda aquí, sí, en mí, tu cuerpo estanque, la salada fuente de mi Vida, tu indeleble huella dactilar sobre mi marmoleo hielo. Abnegado mi corazón, se doblega con cada chasquido que llega por viento, cuchillos afilados de labios rosados y carnosos, se blanden enérgicamente por tu gutural campanilla. Una puñalada de Cupido, de vidriosos y maquillados ojos castaños que fulguran intensamente sobre rostro de Sol. ¡Oh! Me pierdo en la maleza del correo, en el bramar del teléfono o en la paz de asir tu mano; un itinerario muy claro, herido al sentir tu flecha me abandono apresurado al laberinto de tu Vida. Bien lo sabes mi Niña, que tan enamorado estoy de ti que ya no tengo otra salida.