Cómo poner texto legible sobre una imagen.
En primer lugar pensar, hacerlo
inteligible, de manera que lo que escriba no quede a oscuras, vacío y sin
sentido. O sea, que sea bella retórica que resalte sobre el pálido papel para
que nuestros corazones aunados palpiten al unísono.
Una vez esbozado el símil o
metáfora en la amplia dimensión de nuestro corazón llega el turno de la mente;
el razonamiento. Ahora hay que usar bellos axiomas y con una clara inclinación
o lunática vehemencia declararte, como si me faltase el tiempo para demostrar
algo tan evidente o como si en ello me fuese la vida, como es mi Amor por ti, preciosa
Mujer mía.
No, no he de compararte con una
estrella ni con el Sol, sino he de profundizar más en mi humilde corazón y,
sinceramente, decir que es gracias a su intensa Llama por la cual esa Estrella,
mía, luce única, refulge bella y hace álgida mi vida.
Tampoco he de relacionarte con
una vulgar flor ni con una simple amapola, sino como El Principito describe o
tal como me aclara perfectamente mi Mujer, decir que eres el singular Perfume
que resalta y reina en el mundo de los olores y que sólo tú, entre las comunes
flores, presides como deidad cromática y aromática, Amapola mía.
Compararte o relacionarte
imposible me es entre piedras finas, pues mi hermosa Emperatriz es la más
lustrada en la mina de diamantes. Tan magnificente es su esplendor que reitero,
destaca mi bella Emperatriz en esa república de simples estrellas.
Sinceramente, pletórico en la
vida y si tuviese que dar las gracias a un ser divino, estaría eternamente
obligado a dárselas. Colmado de júbilo por amar a mi Amor y de saber que tú me
correspondes con mellizo cariño. Preside mi corazón el Oráculo que desveló la luz
de mis días, que traslució cual es la verdadera beldad.
Estos signos puntuales, son las flechas de Cupido que hieren mi corazón.
No hay estrella alguna, ni flor ni siquiera brillante gema, sino sólo una y es
la más bella y hermosa, el Oráculo que impera con amor mi corazón; seré el
lucero que te orbita y fulgiré intensa retórica para que siempre camines con
densa y brillante sonrisa.

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