¿Es fácil entablar una
conversación?, seguro que todo el mundo dice que sí y yo, sin pensar, también
lo sostendría. En cambio admito que mi boca, aunque a veces me asombre de lo
que platica, cuando llega la hora de abrirse está hueca o descargada, como si
fuese una recámara: por un lado la canana o mi intrínseco mudo (espejo con los
reflejos de mi Niña y mi Niño) y a lo postrero el inmenso cuadro donde cuido
minuciosamente el estallido de color de mis expresiones. Asombroso, la boca
vacía, lista para juntarla con tus labios y embeber, si la asaltas con tu
lengua, tu delicada saliva.
Aunque en un extremo esté el
cuadro de mi Vida y mi boca esté lista pero vacía, la percibo como paleta de
color y pincel. Una nube de algodón, mis cuerdas vocales, tras el añil del
cielo de mi boca o en las profundidades de mi paladar, unta los colores
racionales de mi mente o intensos del corazón, los mezcla con escrúpulo y los
perfila intentando, sin alzar la voz, encrestar la cúspide de mi Amor. El
destino prender las inagotables y entrañables estrellas de tus ojos, colmar la
verde e intensa copa de dulces y tiernos frutos rezumando saliva de mi tuétano,
deshacer las rocas, desleír las máculas y henchir el seno de su Mar con Corales
indescriptibles.
Sílabas que se yerguen
verticales, chuponando de mi pecho aria pasión y risa para, humilde y
silencioso, bogar como pececillo en las cálidas aguas de tu inmensa Vida. Trino
de dulce amor para tu oído, níveo y juguetón como la brisa, que nadie huele y
sólo a ti, mi Niña, te perfuma.
Palabras huérfanas, sin camino ni
sentido, sino asiesen la mano de la Madre que es mi sino. Párrafos que sueñan
en ser butaca para que reposen y divaguen felices los pájaros que rondan tu
sien, estrofas que anhelan ser porche para que cobijen el frágil y sesgado
pecho que contiene tu corazón, rimas que desean ser búcaro repleto de
florecillas para inundar tus ventanas con verdaderas maravillas… Qué deben ser
mis palabras sino el temblor que esparce mi corazón, el eco que envuelve a mi
preciosa Mujer, un edén para las pisadas de sus pies, verbos para que colmen el
vacío de todos los solitarios huecos, reverberación cromática que sólo alumbre
el sendero de sus pasos.
Enmarcaré, mi Amor, este reflejo que emite mi pecho. Que no es sino el
hermoso retrato que emana de tu boca, Amor mío. Así brillas tú, mi Vida, en mi
cuerpo, en mi tiempo, en el espacio donde divago, donde ya no me hallo perdido
pues persigo una luz preciosa, prodigiosa… para mi divina tal Sol que me da la
vida.

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