Nuestra vida, esta frase que nos une
en el mismo corredor del laberinto como prueba irrefutable de la utilidad del
tiempo, de que existen nuestras manos a pesar de nuestros pies, de que somos un
recuento.
Somos, y eso es plural, ese es el modo de asumirnos, mi vida, de creernos
el aire, el agua, el fuego y la tierra; de bebernos la piel, explicarnos las
miradas y poner a buen resguardo las risas y los llantos.
Somos, mi amor, como un árbol que se ufana de sus flores, solitarios y
sedientos, uno de la sed del otro. Nuestra vida, esa frase que nos une, no
reniega de la parte que nos toca, y nos contemplamos nuevos cada vez que entre
la espuma de este mutuo corazón nos desnudamos.
¡Cuánto te extraño caracola!
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