viernes, 29 de marzo de 2013

¡Qué bien lo hacen!


     ¡Qué bien lo hacen!, han interpretado tan sólo cuatro canciones, pero merece la pena hacer un hueco en la agenda para acercarse a escucharlos. La Virgen de los Estudiantes, Getsemaní, Rocío y la Madrugá, todas tienen algo particular que arresta rápidamente la atención del espectador. Bien por como comienzan, desvelando suave y ligero acorde que se alza como el canto de un pajarillo; o por como transcurren, deslizándose llanas como un suelo verde claro tildado de caprichosas e insignificantes fragosidades, matices de vidriosas florecillas; o bien por como abren el pecho al precipitarnos desde un matiz forte a otro pianísimo y zambullirnos con ímpetu en su apacible remanso, por ejemplo el de un flautín que, como una ballesta armada, espinosa y abrupta prende al espectador, lo cautiva y lo seduce con suavidad e hiende su piel y obra directamente en su corazón. 

     Todos los instrumentos vuelan entre las bóvedas de san Mateo, se alzan uno a uno o en conjunto como bandada de pájaros, dispersan las voces de sus picos y transmutan el prosaico hielo de la nave central en cálido verso de albo pentagrama. 

     Se funde la orquesta desatando todo su amor, tira sin celo sus notas y yo, como padre, las recojo y las anido en mi cuerpo. ¡Qué recelo!, temo el olvido de esta suerte que hoy me ofrendan, mas me esforzaré que no sea así, cuidaré vuestra melódica prenda, que ya nos abriga a mí y a mí Amada, y jamás la alejaré de nuestra entraña. 

    Alabo la grandeza de esta orquesta que cuando toca saca mi alma del orbe terrenal y la trasplanta en lugar de ensueño; selenita de la Luna. Ellos, nerviosos y atentos al director, desvencijan su sien para escurrir cada miaja aprendida, derriten todo los pulimentos que lucen en su pecho y, acomodando sus manos sobre los instrumentos y por sus enraizadas yemas, canalizan su sabia destreza, mágica y elaborada sustancia que como el éter, sin verse, lo envuelven todo. Así es, tanta alta la inclinación me suscita… que si no, más argumento que este, que porta la dorada tuba, tal como lo hace y tal como me ama, para decir que un pequeño rayo de luz iluminó mi suelo, mis montes y mis valles… 

     Ahora feliz, para ti mi Niña, digo que mi corazón se divide en dos partes, o quizás es sólo una ahitada de dos pasiones frescas, que ya no siento frío pues el fuego del amor me ampara y que dentro de mi pecho sin consumirse arde con coraje; y yo, de tanto querer, a diario seco mi seno con grata brasa que casi de locura me revienta y la hilvano sin arrugas en este papel que en tu pecho guardo.

jueves, 28 de marzo de 2013

Golondrina libre


     Ayer también salió el paso. Las nubes no fueron tan crueles, incluso alguno, saturado de tanta agua, se quedó hipnotizado cuanto advirtió la sensacional Luna que ocultaba el cielo; muchos atónitos tuvieron que exclamar su asombro cuando la luz perfiló esos enormes bordes blancos en las caóticas nubes. Ese túnel de luz exhortó unánimemente a la muchedumbre que clamó una tregua en el agua. 

     Yo llegué tarde, tenía clase hasta las diez y además, la ser víspera de fiesta, las calles estaban llenas y tuve que dar varias vueltas para aparcar el coche. Iba nervioso pues Javier estrenaba el atril y dudaba si lo había puesto bien o si le daría algún problema. 


     Les localicé pronto, ya estaban al lado de la iglesia de san Juan Bautista, finalizando la procesión, pero tuve tiempo, más que suficiente, de despejar totalmente la geografía de mi mente y disfrutar de algunas canciones de la orquesta (lo hacen muy, muy bien), del océano de tenues luces meciéndose al compás de los tambores y de la talla de la virgen balanceándose sobre las olas de esa mar de nazarenos, saltando sobre las crestas de sus hombros. Incluso escuché una saeta, no muy bien salmodiada, pero viene bien para que Javier descanse y además, también se agradecen las saetas deslucidas, pues así, al parar, se habla de temas ajenos a la religión, se bromea y no se eterniza tanto este tren tan místico y devoto. 

     Javier había resuelto perfectamente el tema del atril con la ayuda de un percusionista, como pesa mucho el bombo, van dos personas mientras uno toca el otro descansa; ahí tenía su atril. Le di atentamente las gracias y como con el traje iba a acorde con los demás le consentí que continuase hasta terminar con su oportuna tarea de atril. 

     Es curioso este fervor por María santísima de la esperanza (¿a qué?), por santísimo Cristo de la “buena” muerte… cómo es posible que todo el país se vuelque fanáticamente en elogiar la muerte… que aojo tan absurdo. En vez de disfrutar de lo real o de esta dimensión tan maravillosa que somos incapaz en vida de abarcar, y que obviamos con facilidad por cosas tan triviales como un móvil… en vez de ello, nos volcamos en la maldita muerte, en ese vasto, negro y eterno trance.

     Maldito tren de vida, por qué no paras, apeas a la gente y abres de par en par las puertas de los cinco sentidos. No seamos desiertos de inteligencia, no vallemos nuestros ojos, éstos no deben tener fondo y deben comprometerse en vida, que es lo único que en verdad poseemos, a recolectar con dicha la luz del Sol y el paisaje nocturno. Que nimio es el ser humano, que le basta con un instante de auténtico dolor para que fatigado se suba al tren de la vida, se ocluya en el desierto y se aísle de la selva mágica que ahíta nuestros ojos.

     Con lo bonito que es ordenar las palabras que se hallan perdidas en la niebla de nuestro destino y que si no las sembramos ahora, nunca, mi Niña, lo podremos hacer. Palabras para servir nuestro corazón en bandeja, vocablos taumatúrgicos que, como llaves, abren el edénico mundo que con celo cobija mi Mujer en su pecho. Dedicar la vida, así es, la mismísima vida, a disfrutar del corazón, a adornarlo con desmedido mimo, a templar los nervios y barrer los infernales enojos que habitan en el alma, airear tu ser para que no se vicie de enrarecida rutina y que ni una vena y ni una diminuta neurona quede neblinosa en incomprensible clausura; debes de ser, mi Amor, golondrina libre.

     Tengo que explorar la suerte que se me ha brindado, ser un viajero amable por cada rincón de tu cuerpo, perderme de pies a cabeza y ganarme poco a poco el centro de tu Vida. No de escaparate sino con elocuente arte. Hundiendo, hasta la escena final, las yemas de mis dedos que rezuman sentimientos ordenados, versos de este corazón embotellado, y siempre para mi sempiterna Mar.


Ayer también salió el paso


     Ayer también salió el paso. Las nubes no fueron tan crueles, incluso alguno, saturado de tanta agua, se quedó hipnotizado cuanto advirtió la sensacional Luna que ocultaba el cielo; mucho, atónitos, tuvieron que exclamar su asombro cuando la luz perfiló esos enormes bordes blancos en las caóticas nubes. Ese túnel de luz exhortó unánimemente a la muchedumbre que clamó una tregua en el agua. 

     Yo llegué tarde, tenía clase hasta las diez y además, al ser víspera de fiesta, las calles estaban llenas y tuve que dar varias vueltas para aparcar el coche. Iba nervioso pues José estrenaba el atril y dudaba si lo había puesto bien o si le daría algún problema. 

     Les localicé pronto, ya estaban al lado de la iglesia de san Juan Bautista, finalizando la procesión, pero tuve tiempo, más que suficiente, de despejar totalmente la geografía de mi mente y disfrutar de algunas canciones de la orquesta (lo hacen muy, muy bien), del océano de tenues luces meciéndose al compás de los tambores y de la talla de la virgen balanceándose sobre las olas de esa mar de nazarenos, saltando en las crestas de sus hombros. Incluso escuché una saeta, no muy bien salmodiada, pero viene bien para que José descanse y además, también se agradecen las saetas deslucidas, pues así, al parar, se habla de temas ajenos a la religión, se bromea y no se eterniza tanto este tren tan místico y devoto. 


     José había resuelto perfectamente el tema del atril con la percusión, como pesa mucho el bombo, van dos personas mientras uno toca el otro descansa; ahí tenía su atril. Le di atentamente las gracias y, como con el traje iba a acorde con los demás, le consentí que continuase hasta terminar con su oportuna tarea de atril. 

     Es curioso este fervor por María santísima de la esperanza (¿a qué?), por santísimo Cristo de la “buena” muerte… cómo es posible que todo el país se vuelque fanáticamente en elogiar la muerte… que aojo tan absurdo. En vez de disfrutar de lo real o de esta dimensión tan maravillosa que somos incapaz en vida de abarcar, y que obviamos con facilidad por cosas tan triviales como un móvil… en vez de ello, nos volcamos en la maldita muerte, en la vasto, negro y eterno trance. Maldito tren de vida, por qué no paras, apeas a la gente y abres de par en par las puertas de los cinco sentidos. No seamos desiertos de inteligencia, no vallemos nuestros ojos, éstos no deben tener fondo y deben comprometerse en vida, que es lo único que en verdad poseemos, a recolectar con dicha la luz del Sol y el paisaje nocturno. Que nimio es el ser humano, que le basta con un instante de auténtico dolor para que fatigado se suba al tren de la vida, se ocluya en el desierto y se aísle de la selva mágica que ahíta nuestros ojos. 

     Con lo bonito que es ordenar las palabras que se hallan perdidas en la niebla de nuestro destino y que si no las sembramos ahora, nunca, mi Niña, lo podremos hacer. Palabras para servir nuestro corazón en bandeja, vocablos taumatúrgicos que como llaves abren el edénico mundo que con celo cobija mi Mujer en su pecho. Dedicar la vida, así es, la mismísima vida, a disfrutar de tu corazón, a adornarlo con desmedido mimo, a templar los nervios y barrer los infernales enojos que habitan en el alma, airear tu ser para qe no se vicie de enrarecida rutina, que ni una vena y ni una neurona quede neblinosa por incomprensible clausura; debes de ser, mi Amor, golondrina libre. Tengo que explorar la suerte que se me ha brindado, ser un viajero amable por cada rincón de tu cuerpo, perderme de pies a cabeza y ganarme poco a poco el centro de tu Vida. No de escaparate si no con elocuente arte, hundiendo, hasta la escena final, las yemas de mis dedos que rezuman sentimientos ordenados, versos de un corazón embotellado, y siempre para mi sempiterna Mar.

Ohhhhhhhhhhhhhhhhh


     Ohhhhhhhhhhhhhhh!!! Este amor que no puede traerte desde lejos, que no te vuelve carne, risa… Este amor que es incapaz de abrazar lo que más desea, lo más mío; incapaz de acariciar tu piel distante. Este amor que solo alcanza a repetirme por quién vivo, que respiro por este amor invulnerable y sin rutinas. Y aún ausente, eres mi presencia más cálida, mi más pura nostalgia.

     Se acerca la hora en que se suprimen los abismos de mi corazón porque llega mi Señor de la Apacible Ronda permitiéndole al tiempo transcurrir sobre nosotros sin rozarnos, pero juntos. Él llega del lugar más tierno de la noche y su aliento esencial me sustituye llevándose el contorno preciso de las cosas.

     Caracola, ahora que te invoco vuelvo a embriagarme de un instante de cielo.

miércoles, 27 de marzo de 2013

A veces


     A veces, mi Niña, aun sea muy dulce el amor, sopesándolo con justicia, reparo que es ingrato e incluso me atrevo a decir que llega a ser castigo. Evidentes son las razones, pues paso el día, igual que tú, mi Vida, figurando miles de situaciones, fantasías muy honestas y tan claras que de ilusión calcinan mi pecho y desvanecen, como si fuese vaho, mi corazón en increíbles sueño. Sí, allá donde me encuentre, ideo un sinfín de situaciones, de evidentes trances colmados de tus diáfanos ademanes. 

     Así, ayer sin ir más lejos, al abrí las puertas y partir hacia Talarrubias, disfruté de la sombra, que aún arrebujada en el firmamento, se deslizaba fugitiva a mis espaldas y de la mañana que se alzaba tensando el plomo del cielo. Tú, siempre junto a mí pero aún con sueño, relajada y algo lasciva te acurrucabas en mi pecho, como un collar de innumerables gestos, cuentas de pequeños besos. Nada nos era indiferente, desde el coche pellizcábamos todas las sensaciones que nos rodeaban e incluso abarcábamos más, figurándonos el fresco aroma disuelto en la tenue brisa, imaginándonos las cristalinas gotas de lluvia que lamiendo la esencia de las hojas, se agolpaba en sus bordes y se precipitaban como lágrimas de alegría al abismo; juntos e insaciables glotoneábamos de esos raudales de placeres. 
     Al cruzar los regatos que bajan de la sierra de Pela, o sumergirnos en la blanca, amarilla y espesa fronda de la Siberia Extremeña, me veía como un pastor totalmente entregado a tu Amor, solitario y ansiosos de darte más, apacentaba mi exaltante alma con los placeres de la fría mañana, sin el arrebozo de un chozo ni el calor de la lana, sólo con mi corazón provocado por las perlas canela de tus ojos, o por la contagiosas curvas de tus rojos labios o por la dulce grana que saliva tu boca… Que más da que me recoja en casa o que madrugue tanto, si a donde quiera que vaya conmigo vendrás. Así es y así seguirá siendo…, qué voy a ser si no soy el pastorcillo que desde muy temprano apacienta con extrema ternura la cálida entraña de mi rebaño. Igual que tú eres para mí posada de amor… para ti, muy dichoso, seré lince hermoso y plateado que aspire bien sea con el pecho o con el corazón y siempre a través de mis manos a derretirte con églogas de humilde y grato pastor.

Quisiera ser un lago transparente

     Quisiera ser un lago transparente, y que fueras tú el sol que en él se mire. Quisiera ser un manantial que fluye y que tú, mi lirio, me dieras tu sonrisa. Quisiera ser espina y que tú fueras la rosa que con ella se guardase. Quisiera ser un grano diminuto de trigo en medio de la arena, y que tú fueses ese pajarito que viene y se la lleva.


viernes, 22 de marzo de 2013

A ver si puedo arrebujarte


     A ver si puedo arrebujarte con el texto, pensar palabras de primera necesidad que te arropen como si fuesen mantas de franela e incluso ser con la prosa algo alquimista, y así transmutar la estopa que te apoca la garganta en cálida y suave saliva. Un albañil del verso, un mecánico de la estrofa o un denodado escultor que talla y lustra tus lindas ventanitas y remata tu descascarillada y fina galería. 

     Cómo puedo recolectar la esencia del árbol del eucalipto, de la hoja de la menta, del zumo del limón, de la rama de canela, de la flor de la manzanilla y de la acaramelada miel y, sin malgastar pizca alguna ni perder tiempo, apilarlo como sándwich entre las ingentes sensaciones que repueblan mi corazón, emociones que surgen del inconcebible pecho de mi Niña y que son tan dulces que diría que no son Terrenales. Mezclarlo con extremosos mimo, cada extracto casado como pieza de puzle con su semilla de amor, y macerarlo con celo en el latiente horno de mi corazón. 

     Una vez majada esta pócima medicinal, erigir con el teclado un palacio medicinal, procesar un castillo descomunal que no se quede en el aire si no, a través de la luna de la pantalla, lo inocule en la alhaja de tu cuerpo. O aún mejor, haciendo el amor absorber tu malestar y extasiarte de placer, irrigar con este curativo abono tu piel, tus manos, tu boca… para que mi Niña, mi sibila mujer, siga así de feliz y fértil, alimentando la raíz que me mantiene con vida.

jueves, 21 de marzo de 2013

Una como un penetrante beso


     Así es esta revuelta verdad que de cada coma surge, un aliento, un suspiro o un penetrante beso. Así es y así me acecha, desde el origen del día, surges desde el replegar de las sábanas, atareada incluso antes del desayuno, y así, durante toda la jornada, con ubicua dilección te persigo en mi pecho y te contemplo desconcertado de deseos. 

     No me siento una pobre barca errante en mi Mar azul, sino cálido corazón que, en armonía a un sueño hecho realidad, se mece entre sus olas con adherencia escrita, sin esconder vocal alguna que encierre sinceridad y ternura. Así, feliz y a diario, en su ampolla de vidrio guardo con mimo nuestro interminable papel. Continuando la pasión de ayer y ansiando que mañana haya más tiempo para dilatar hasta los confines cuanto, mi Vida, cuanto hoy te quiero. Prosigo el trazo por ti definido, nuestro camino sin sombras, conquistado el posible acerbo a golpe de delicada poesía, blandiendo la rima, con la energía descomunal del amor. 

     Esto, mi Vida, no sólo constituye en mí algo nuevo y desconocido es más, es una claridad original que me sosiega y me ciega sin dañar. Esto, tu enorme Corazón, me crea y erige entre la brisa perfumada de hermosa una bellísima Vida, una galerna de pasión que vitrifica mis ojos ante mi excepcional Mujer, un orden fino y cortés de manos de una formidable Mujer. 

     ¡Oh! miga de pan para una paloma, mi polen de lirio para mi Amapola.

Poco a poco me ausento


     Poco a poco me ausento y el subconsciente reemplaza la realidad. Hoy es tal el cansancio que de regreso a casa perdía la noción de por dónde iba y, por ejemplo, al entrar desorientado en las rotondas dudaba de cuál era la salida que debía tomar. 

     Aun así, Amor mío, es tan grande el deseo de estar cerca de ti, o de estar aquí expresándote cuanto te necesito que sufro si no lo hago, si no te veo, si no me seduces por teléfono o si no me demuestras cuanto me quieres por correo; así que vuelo jubiloso por llegar al lado de la Mujer que amo, por estar cerca y mantenerte radiante, sí, para que estés fresca y te sientas nueva y hermosa. 
     Tan sólo un día sin ti y el ambiente que me rodea perdiese fragancia y el mundo en sí se marchitara. Así pues, sin perder tiempo, me inclino sobre la pantalla impregnando el teclado de sentimientos, como si estuviese al instante a tu lado, como si me cambiase de lugar y acudiese a sentarme sobre tus piernas, a besar tus ojos y acariciar tus labios. 
     Que manantial de amor me brota, como me laxas el cuerpo y me instigas el corazón, sólo tú me enjuagas el pecho, me secas las venas o me agotas la sangre furtiva. Que dulce placer de cariño me ampara, que nítida querencia me envuelve, una silueta perfecta que hace sombra perenne en mis ojos, un jardín canela inigualable, edénico diría, y una piel aterciopelada que crea brotes frescos sobre las yemas de mis dedos o llagas dulces sobre mis labios.

martes, 19 de marzo de 2013

Cairel del cielo


     Hoy, que de nuevo llueve, deseo contemplar el cielo nublado bajo un portal…, contar las canales que se estrellan contra la lámina del suelo y se asperjen concéntricas, alabeando caprichosamente los reflejos de las farolas. Con cada suelta gota se me prende una gracia inesperada, un trazo de pluma tintada sobre papel empapado que, al desvanecerse en el seno del agua, se queda a medias tintas, un relato que por humildad o timidez se diluye en la matriz transparente del agua. 

     Con el perfil inclinado hacia tu hombro, y mientras miro las chispas que origina cada cairel del cielo, esa natural aspersión de luz, canalizo mi sangre revuelta entre sendos pechos y me percato de como a saltos camina tu sempiterno corazón en mi abierta alcoba. Apoyado en el alféizar de esta bella vida, en nuestro jardín de astros, con dinteles de arcoíris y pétalos de colores. Limpio de orto a ocaso, sin subterfugio alguno, ni siquiera guarida para desaparecer bajo la tierra. Mis ojos acá permanecen abiertos y mis orejas dilatadas siempre atentas, tan sólo mis manos se entrelazan tímidas, temblando encima del teclado, sin saber cómo abrir sentimiento que acaricie el cuerpo de un Sueño real, de mi Mujer. 
     Alba mía me tomaste, me hiciste tuyo y, totalmente entregado, me izaste un sitio sin flacos, libre como vaho me alzaste hasta las nubes. Sin el rumor cotidiano, sólo una orquesta de melódico viento, de melodioso trinar y el hechizo de tu armoniosa voz… Me arrojo aquí, en esta mágica tranquilidad que modela nuestra vida, solos Tú y yo, libres de corazón.

Sabes mi amor




     Sabes mi amor, que me fijé en ti porque Digital me llamó muchísimo la atención. Siempre ha sido admirablemente especial: inteligente, tierno, sencillo, generoso, atento, amable, dulce… Y pensaba “si él es así, su padre tiene que ser así”, ya sabes el dicho “de tal rama…” ¡Vaya par de ejemplares únicos! en peligro de extinción.

     Mi niño, lo amas incondicionalmente y le das la seguridad que necesita confortándolo. Aprende tanto de ti, eres su milagro de todas las horas y has conseguido ser para él lo que desea, lo que ama… Sois únicos y estáis bellamente anclados, pequeña raíz y gran árbol causantes del efecto mariposa.

Os quiero muchíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiimo.

¡Muchas Felicidades Papá!

Ya queda poco para apagar la luz


     Ya queda poco para apagar la luz, para aislarme en el sueño y escucharte a través de mi mismo, atender al ritmo de tus pasos, a la fogosa danza de tu melena y a la natural y limpia risa que espontánea se entremezcla en cada parpadeo. Llevo tanto dentro, tanto, tanto me has dado. 

     Con el frío que hace cerraría la puerta pero sabes que siempre la tendré abierta, sé que un día cruzarás el umbral sin que yo lo espere, que encenderás la lámpara de la mesilla y te sentarás al borde de mi revuelta cama, como sueño musical y, como tantas otras veces, saciarás de esplendor mi pecho. Una Estrella desprendida del cielo que, deslizándose por un solo camino, reposa de noche junto a un lirio. ¡Oh! mi Bella, mi adorable y selecta silueta de Amapola, una flor alegre que estremece a un lirio de río.
     Avanzo lentamente, deposito el peso de mis yemas sobre el vientre de mi Dama, como ruiseñor que con sutileza dramatiza entre la jara o grillo azabache y nocturno que enmascarado en el suelo zumba de excitación. Percibo temblor de escalofrío en tu plateado cuerpo de luz, rama al viento sacudida con la tibieza de mi estival caricia, además trinan mis venas en tu presencia, al saber que extiendes la red sobre tus niños y que con amor arropas mis pétalos de color, mis alas de mariposas…

domingo, 17 de marzo de 2013

Tragarme el mundo

     Sí, hemos salido al campo y creo que coincidió cuando viste diluviar. No hemos llegado a esa gran fonda del molino y, por tanto, no nos hemos podido deleitar en nuestra gran mesa de piedra con los manjares del entorno.
     Aun así ha merecido la pena, este bodegón que nos brinda el entorno siempre consigue relajar mi imaginación. Tú lo sabes bien, la charca que según se va queda a la izquierda, sus nenúfares y su árbol deshojado, o el oscuro altozano que se erige en el horizonte, o las numerosas golosinas que caprichosamente salpican la pradera o el inmenso y severo vellón que se desploma del cielo; hoy no tremolaba como llama sobre las copas de las encinas. 
     El entorno que nos brinda el mundo, nuestra grandiosa despensa de hierbas, árboles y animales, de montañas, ríos y mares. Macerado a fuego lento bien otoñal o primaveral, majada con tempestuoso invierno o churrascada con la brasa estival. 
     Mi amor, contigo “quiero tragarme el mundo”, recrearme con sus finas exquisiteces. Igual que en un buen restaurante, cuando se paga un precio justo no deseo hartarme, sino todo lo contrario quiero hallar reposo y disfrutar del arte culinario. Así que mi Niña, si el precio de esta enorme casa de comidas es nuestra vida misma, quiero a tu estar a lado y disfrutar de sus exquisiteces, de sempiterna alegría, conocer todas las recetas que con cariño vosotros me servís y con amor esforzarme en preparar para vosotros lo mejor. No quiero nada de penas y ni una miaja de severidades. El precio, Amor mío, es lo más importante que nos acontece: nuestra Vida.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Eros en ceniza


     Que aciago nudo, al abrir el correo, al que a diario acudo y quedarme mudo, casi difunto, por no hallar ni siquiera un barrunte menudo, o un estornudo… A volandas, a diario subo, frunzo el ceño y cejudo y, por supuesto, con el pecho desnudo, abro este embudo por el cual llega tu corazón tierno, crudo. 
     Mi Niña, necesito que siempre arda esta zarza ya que lo único que carda la yacija del corazón es el sirimiri de tus yemas. Así es, mi manojo de sentimientos emana amatoria, mis glándulas amarías te ofrenda la linfa de mi vida y esperando, desesperado, el correo, el beso, tu mano surte la cripta que acoge tu divina alma. Sólo basta un día, sólo un día si la esencia que tú, Amapola, me aportas, sin las Aguas con la que tú, bellísima Mar, me bautizas para que tu Eros, los dedos que surten tus celos, se tornen ceniza. 

NO PUEDO 
DESPERTARME 
LEJOS DE TI

martes, 12 de marzo de 2013

Por supuesto que quedamos el jueves


     Por supuesto que quedamos el jueves, sino que va a ser de mí sin ti, que me acontecerá, y es más, que va a ser de ti, que te deparará otra semana más.
     Mi Amapola, el destino es hoja al viento que se deslinda del alma, hoja de peciolo sesgado que se mece en el éter de la vida hasta que llega al suelo. A veces la recoge una térmica del aire y la alza blanda, sin lindes, hacia el cielo añil y blanco. Otras cae en el curso cristalino de un río, en su seno pierde la dureza, se empapa de las entrañas del agua y cuando remansa, como magia de un prestidigitador, se envuelve entre los destellos diamantinos que radia su piel. Así, mi Reina, gracias a ti, de noche, voy al antojo como hilván en la brisa, halito que se desvanece bajo los destellos del firmamento y, de día, al acercarte, bien sea así como pequeño arroyo, o al estar a tu lado, en este caso cauce desbordado, me disuelvo en halagos y, como junco erguido en tu ribera, siento que Vivo gracias a ti.

A la Amapola y el lirio


A LA AMAPOLA




Yo te vi, triste amapola, 
de las flores retirada 
mecer la roja corola 
entre la espiga dorada. 

Leve el cuello y hechicero 
débilmente se agitaba; 
y el céfiro ligero 
en tu seno revolaba. 

Del fuego del sol bañada 
su cabeza purpurina, 
desmayaba sonrojada 
sobre la planta vecina. 

Y allí entre la rubia espiga 
los pajarillos cantores 
daban con su trova amiga 
a tu belleza loores. 

Yo te viera retirada 
a la par del rudo espino, 
guarneciendo descuidada 
el apartado camino. 

Al morir la última estrella 
extiendes las puras alas; 
y a la purpúrea centella 
del sol renaciente igualas. 

Mas ese tu empeño vano, 
y temeraria osadía, 
desde el trono soberano 
castiga el señor del día. 

Que su llama en Occidente 
no adurmiera sosegada, 
sin dejar tu roja frente 
con sus rayos abrasada. 

Y de la noche 
la fresca brisa 
marchita hallara 
tu tierna faz. 

¡Ay! que tu vida, 
flor desdichada, 
sólo un instante 
brilla fugaz. 

Y tu aureola 
pura y luciente 
desconocida 
muere también. 

Nace en la aurora, 
y al alba nueva 
frágil desnuda 
tu débil sien.


AL LIRIO 

Leve y plácida sonrisa 
de la fresca primavera; 
tú que naces con su brisa 
de las flores la primera;

Y te engalanas llevando
el color del firmamento, 
y esquivas el cuello blando 
a las caricias del viento;

Allá oculta, de las peñas
en las salvajes gargantas,
el rico vergel desdeñas, 
donde brillan otras plantas.

¿Será que te falte hechizo 
para competir con ellas? 
¿Que el Dios de los campos hizo
las otras flores más bellas?

Más no; que es tu talle airoso, 
y por ninguna belleza 
trocara el matiz precioso 
tu perfumada cabeza:

Y tu corona azulada 
es, lirio, más trasparente 
que la linfa sosegada 
del arroyuelo naciente.

¿Cómo pie tan delicado
fuera de jardines crece, 
y entre malezas criado 
de las rocas se guarece?

¿Cómo, lirio, tu semilla 
nunca brota en la pradera?
¿Cómo tu gala no brilla 
de las fuentes en la orilla, 
y en la florida ribera?

¿Qué te vale ese prendido 
de celeste brillantez,
si ignorado y escondido, 
en los desiertos perdido 
ha de hallarte la vejez?

¿Qué te vale ser hermoso 
si en ocultarlo te empeñas,
y las horas más risueñas 
has de pasar sigiloso 
entre las ásperas breñas?

Ven, lirio, ven a brotar 
a las márgenes del lago:
abandona ese lugar 
que sólo debe habitar 
el odioso jaramago.

¡¡Que la vaga mariposa 
en morada tan agreste,
tu dulce copa celeste 
no ha de besar cariñosa!!

Ni la abeja en tu capullo 
las ambrosías que mana, 
libará ansiosa y galana
con festejador murmullo.

Que si por bello te acoge, 
por salvaje te desdeña 
queda allá solo en tu peña, 
y que el viento te deshoje. 


viernes, 8 de marzo de 2013

Felicidades


     Es posible, Amada mía, que el tiempo pase por ti, que vueles sin posarte y que exhausta, sin ni siquiera reposar una miaja, prosigas ufana y yo, mientras tanto, resida aquí despreocupado, sin apreciar cuanto te entregas y sin agradecer todo lo que nos amas… 
     En verdad, Mi Niña, tu tarea me pesa y me ahoga, pues me veo impotente al no ser capaz de aligerar tu lastre y es más, mucho más, conociendo todos los cabos que perennes enjarcias a tu dorso, me quedo atónito cuando sacas fuerzas, de no sé donde, para ovillarlos todos perfectamente. Los anzuelos aunque duelan, ya sean de cáñamo o de sedal, ninguno discriminas y con amor los riges semejantes hasta altas horas de la noche. 
     Tres años, mi Vida, y mi corazón brinca más mozo que nunca… es por cuanto me tú me das, por la denodada y desinteresada entrega de tus finas manos, que se marchitan por los demás sin esperar nada a cambio.
     Divina pues aunque la tempestad no amaine o el Sol luzca tanto que invite a pasear, si resta labor por hacer, tú sin miedo al temporal estás ahí o decidida y sin envidia te retiras aquí y, sacando mirtos blancos a través de tus labios, no quedas ni un rescoldo por recoger.

Los colores del amor


LOS COLORES DEL AMOR

     Cuando el mundo era de un tono tristemente gris, cuando aún no se conocían los colores y mi corazón no conocía al tuyo. Cuando no sabía que esta pasión se haría realidad, yo cree un mundo propio y lo pinte con colores imaginarios. Entonces, mi corazón descubrió al tuyo y lo cubrió con los colores del amor Ahora, mi vida, querrás saber ¿Cuáles son los colores del amor?

     El blanco de la pureza que irradia mis deseos hacia ti y que nada podrá manchar, el amarillo de la esperanza y la ilusión para que este amor dure por siempre. El rojo de la pasión y el deseo, pasión que nace y vive por ti con el deseo de que seas siempre mío.

Te Quiero Caracola.

Vida


     Como un vellón del cielo que rasga el ocre bronce, una herida que se extiende más allá de la superficie pulida, que fabulosa penetra como hebra sedosa en el pedernal de mi pecho. Insomne avanzo entre la herrumbre de mi razón y descubro, atónito, que entre las sombras de los día, entre las cotidianas astillas surge, sin los andrajos del juicio, el mágico ballet de la vida. 
 
      Así, Vida mía, ante el esqueje que agrieta la rama o rotura la tierra, que despereza solitario y pica lentamente el aire, frente a esa pequeña puerta que se abre en la corteza, mendigo inocentes un sueños y fascinado asisto al parto de la tierna y esmeralda bráctea, o helado, ante su sencilla lágrima de ámbar, concibo tercas palabras. 

     Así, Amor mío, pendiente del ¡no simple! estallido de una corola que, con sumo cariño, engendra en sus entrañas el pistilo y los plateados estambres, me postro lacayo en pedestal, a los pies de su peciolo, esperando los maravillosos ademanes de esa cromática belleza que, sin presumir, posa infatigable y me hechiza con su cegador alumbramiento. Embrujado por la intensidad con la que reverberan sus pétalos bajo la luz del cielo, describo cómo la ingesta primaveral se alza apabullante en la dehesa; es, mi Niña, divino atracón floral. Ellas impregnan el aire de denso aroma y, sin alquilar estancia alguna, calan hasta llegar a los huesos, drogando a la abeja y cargando mi razón que ebria desnuda el mundo del subconsciente. Las ruego perdón pues para ti, Amor mío, las he recogido y así continuaré, sesgándolas sólo para ti. 

      Así, Amapola mía, envidio a la mujer que, al concebir luz, aúna sobre cándidos huesecillos la fantasía y la realidad. Mujer que de dolor yace derrotada y, aun así, feliz, a través de los labios abre paso su inocua yema, a desértica cabecilla que accede a la mar de la vida, que por primera vez respira y, sin saber aún que es una pesadilla, escucha. En sus inmaculados baldíos, donde aún sus neuronas son lechosas, se perfila lentamente, destello a destello y chasquido a chasquido, la vida. 

     Este arte, la vida, aunque lo describa perfectamente me quedo muy distante de emularla con cierta similitud. Mi Amor, dime cómo puedo caligrafiar la cristalina belleza que porta un simple grano de tierra, sus aristas, sus reflejos e incluso la mota que, aún más diminuta, existe y se adhiere tenaz a él. Dame, Amada mía, todo el calor posible para que así pueda entender cómo la vibración de tu corazón, cómo ese latido que es único para mí se esparce un ritmo que apenas es perceptible en el aire y es, en todos los sentidos, imagen impecable de romántica lírica. 

     Así, mi Niña, termino perplejo frente al milagro de tu alba mejilla, silencioso, en la ventana del ordenador, la beso o incluso la pienso tan real que cuando duermo la veo con absoluta nitidez e incluso percibo tu angelical voz. Cada instante nace en mí mi Vida, la yema Niña que crece tierna y con levedad roza mi rostro. Cada segundo se abre en mí mi Amapola, la flor de Amor, a la cual calo con rocío llovido, con verso escogido, con vaho mendigo, con ojos insomnes, desvelados de amor… sólo para mi Vida. 

QUE VASTO ES MI DESEO DE AMAR, QUE ALTO ES… POR TI, MI VIDA, QUE GRANDE ES EL AMOR.

jueves, 7 de marzo de 2013

El cielo está llorando


EL CIELO ESTA LLORANDO

     El cielo está llorando con lágrimas pequeñas que van mojando mi alma y también mi corazón. El viento gime lento, y me dice al oído: Llévalo en tus mañanas como una primavera. Grítale que le quieres, que sin él te mueres, como un día sin sol. Haz que sea melodía, que sueñe con tus sueños, que se convierta en fuego y que incendie tu pasión. Que su mirada sea la vida que quepa en mi mirada y su sonrisa me llene el alma de emoción. Que sea tu boca el regalo más dulce y más deseado. Y, mi amor, aunque el cielo está llorando; yo sonrío feliz pensando en nuestro amor.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Creo que he perdido algo



     Afirmo con absoluta seguridad que he perdido algo, lo percibo con cierta claridad; -mi Amor, algo se me escapa-. Estoy tan molido que los borbotones que emergen del pecho y entran en mi razón, como si se tratase de la bocana a mi Mar, se precipitan sin reparo por las dendritas y es que, a estas horas, este espacio, entre los axones, es infranqueable. La sinapsis semeja a la garganta del Tajo en Alcántara, pero sin puente, estoy tan machacado que se desploman los arcos sin sostener mis pensamientos y, sin remedio, se molturan los sentimientos en el abismo de mi pecho sin llegar a conformar palabra alguna.

     En esas burbujas que se alzan del pecho vislumbro ese apuesto pájaro de abrigo canela, de ala y cola larga azulada y careta negra carnavalesca. Esbelta y lozana ante el sol despuntante, absorbe mi tiempo, lo congela y lo medra más que diamantino, tal como te decía ayer. Lo trata sobre tu plumaje, coloreando cuan hermosa es, pinceladas añiles del cielo que agitan su celeste plumaje… cuanta belleza, mi Vida, en el hialino espejismo que me infundes; algo se me escapa y, tan sólo, humilde, se decir: ¡cuánto te amo!. 



     Entreveo en esa capilaridad positiva que cala en mi juicio, un cuerpo de luz propia, majestuoso, coronado con anillo que, más que soberano terrenal, es en mi universal e infinito. Mi minúscula e intensa Venus que, como nova, irisa areola en mi entorno. Una silueta de incombustibles labios, un soplo fabuloso de beso que deshace mi raciocinio como aurora nebular. Anhelo relativo: encoges el tiempo del día copando la noche y usurpando el sueño y dilatas la percepción de mi entorno, solazándome a tu lado, estás tú aquí, junto a mí, dialogando de la lluvia cristalina, de la blanca infancia, del espejo que prende en los ojos… cuanta belleza, mi Vida, en tu hermoso y sencillo cuerpo que se abre cósmico, sin principio ni fin, acogiendo a mi corazón; algo se me escapa y, tan sólo, humilde, se decir: ¡cuánto te amo!. 


     Descubro en esa efervescencia dos luceros de iris naranja y pupila azabache, periscopios de un submarino, que no otean el horizonte, más bien lo escudriña, lo absorbe y me lo regurgita mágico, como si fuesen erupciones de las entrañas de una Diosa. Se escurre de los pinceles que tildan su cabeza las acuarelas negra y castañas y, como lenguas de tea, cubren la denodada pira de cuerpo. Que lo sepan las flores, los ríos, que desde el altar de la cíclope encina o desde su prominente vuelo, desborda mis venas, escalda mi sangre y arponea mi corazón… cuanta belleza bajo las audaces alas de mi Vida, su sólida y diáfana voluntad, que abraza con viento y lluvia el frondoso y ferviente bosque de sus niños; algo se me escapa y, tan sólo, humilde, se decir: ¡Cuánto te Amo!.