martes, 12 de marzo de 2013

Por supuesto que quedamos el jueves


     Por supuesto que quedamos el jueves, sino que va a ser de mí sin ti, que me acontecerá, y es más, que va a ser de ti, que te deparará otra semana más.
     Mi Amapola, el destino es hoja al viento que se deslinda del alma, hoja de peciolo sesgado que se mece en el éter de la vida hasta que llega al suelo. A veces la recoge una térmica del aire y la alza blanda, sin lindes, hacia el cielo añil y blanco. Otras cae en el curso cristalino de un río, en su seno pierde la dureza, se empapa de las entrañas del agua y cuando remansa, como magia de un prestidigitador, se envuelve entre los destellos diamantinos que radia su piel. Así, mi Reina, gracias a ti, de noche, voy al antojo como hilván en la brisa, halito que se desvanece bajo los destellos del firmamento y, de día, al acercarte, bien sea así como pequeño arroyo, o al estar a tu lado, en este caso cauce desbordado, me disuelvo en halagos y, como junco erguido en tu ribera, siento que Vivo gracias a ti.

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