martes, 19 de marzo de 2013

Cairel del cielo


     Hoy, que de nuevo llueve, deseo contemplar el cielo nublado bajo un portal…, contar las canales que se estrellan contra la lámina del suelo y se asperjen concéntricas, alabeando caprichosamente los reflejos de las farolas. Con cada suelta gota se me prende una gracia inesperada, un trazo de pluma tintada sobre papel empapado que, al desvanecerse en el seno del agua, se queda a medias tintas, un relato que por humildad o timidez se diluye en la matriz transparente del agua. 

     Con el perfil inclinado hacia tu hombro, y mientras miro las chispas que origina cada cairel del cielo, esa natural aspersión de luz, canalizo mi sangre revuelta entre sendos pechos y me percato de como a saltos camina tu sempiterno corazón en mi abierta alcoba. Apoyado en el alféizar de esta bella vida, en nuestro jardín de astros, con dinteles de arcoíris y pétalos de colores. Limpio de orto a ocaso, sin subterfugio alguno, ni siquiera guarida para desaparecer bajo la tierra. Mis ojos acá permanecen abiertos y mis orejas dilatadas siempre atentas, tan sólo mis manos se entrelazan tímidas, temblando encima del teclado, sin saber cómo abrir sentimiento que acaricie el cuerpo de un Sueño real, de mi Mujer. 
     Alba mía me tomaste, me hiciste tuyo y, totalmente entregado, me izaste un sitio sin flacos, libre como vaho me alzaste hasta las nubes. Sin el rumor cotidiano, sólo una orquesta de melódico viento, de melodioso trinar y el hechizo de tu armoniosa voz… Me arrojo aquí, en esta mágica tranquilidad que modela nuestra vida, solos Tú y yo, libres de corazón.

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