martes, 19 de marzo de 2013

Ya queda poco para apagar la luz


     Ya queda poco para apagar la luz, para aislarme en el sueño y escucharte a través de mi mismo, atender al ritmo de tus pasos, a la fogosa danza de tu melena y a la natural y limpia risa que espontánea se entremezcla en cada parpadeo. Llevo tanto dentro, tanto, tanto me has dado. 

     Con el frío que hace cerraría la puerta pero sabes que siempre la tendré abierta, sé que un día cruzarás el umbral sin que yo lo espere, que encenderás la lámpara de la mesilla y te sentarás al borde de mi revuelta cama, como sueño musical y, como tantas otras veces, saciarás de esplendor mi pecho. Una Estrella desprendida del cielo que, deslizándose por un solo camino, reposa de noche junto a un lirio. ¡Oh! mi Bella, mi adorable y selecta silueta de Amapola, una flor alegre que estremece a un lirio de río.
     Avanzo lentamente, deposito el peso de mis yemas sobre el vientre de mi Dama, como ruiseñor que con sutileza dramatiza entre la jara o grillo azabache y nocturno que enmascarado en el suelo zumba de excitación. Percibo temblor de escalofrío en tu plateado cuerpo de luz, rama al viento sacudida con la tibieza de mi estival caricia, además trinan mis venas en tu presencia, al saber que extiendes la red sobre tus niños y que con amor arropas mis pétalos de color, mis alas de mariposas…

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