miércoles, 27 de marzo de 2013

A veces


     A veces, mi Niña, aun sea muy dulce el amor, sopesándolo con justicia, reparo que es ingrato e incluso me atrevo a decir que llega a ser castigo. Evidentes son las razones, pues paso el día, igual que tú, mi Vida, figurando miles de situaciones, fantasías muy honestas y tan claras que de ilusión calcinan mi pecho y desvanecen, como si fuese vaho, mi corazón en increíbles sueño. Sí, allá donde me encuentre, ideo un sinfín de situaciones, de evidentes trances colmados de tus diáfanos ademanes. 

     Así, ayer sin ir más lejos, al abrí las puertas y partir hacia Talarrubias, disfruté de la sombra, que aún arrebujada en el firmamento, se deslizaba fugitiva a mis espaldas y de la mañana que se alzaba tensando el plomo del cielo. Tú, siempre junto a mí pero aún con sueño, relajada y algo lasciva te acurrucabas en mi pecho, como un collar de innumerables gestos, cuentas de pequeños besos. Nada nos era indiferente, desde el coche pellizcábamos todas las sensaciones que nos rodeaban e incluso abarcábamos más, figurándonos el fresco aroma disuelto en la tenue brisa, imaginándonos las cristalinas gotas de lluvia que lamiendo la esencia de las hojas, se agolpaba en sus bordes y se precipitaban como lágrimas de alegría al abismo; juntos e insaciables glotoneábamos de esos raudales de placeres. 
     Al cruzar los regatos que bajan de la sierra de Pela, o sumergirnos en la blanca, amarilla y espesa fronda de la Siberia Extremeña, me veía como un pastor totalmente entregado a tu Amor, solitario y ansiosos de darte más, apacentaba mi exaltante alma con los placeres de la fría mañana, sin el arrebozo de un chozo ni el calor de la lana, sólo con mi corazón provocado por las perlas canela de tus ojos, o por la contagiosas curvas de tus rojos labios o por la dulce grana que saliva tu boca… Que más da que me recoja en casa o que madrugue tanto, si a donde quiera que vaya conmigo vendrás. Así es y así seguirá siendo…, qué voy a ser si no soy el pastorcillo que desde muy temprano apacienta con extrema ternura la cálida entraña de mi rebaño. Igual que tú eres para mí posada de amor… para ti, muy dichoso, seré lince hermoso y plateado que aspire bien sea con el pecho o con el corazón y siempre a través de mis manos a derretirte con églogas de humilde y grato pastor.

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