domingo, 26 de octubre de 2014

Un fardo ligero llevo consigo


     Un fardo ligero llevo consigo, tan vasto que abarca todo mi yo y tan puro que hasta palia los escombros que a diario se vierten en mi mente.

     Mas, no solo se confina en la humilde ruina de mi razón sino va más allá, se extiende anchuroso tras el pequeño voladizo que me desune de la realidad. Es un dilatado atadijo ahíto de brisa leve e inaudible, un holgado odre que rebosa orvallo perlado, es libro abierto y claro, de nieve pura…; así, en el atadijo, sus hálitos palpan mis huesos; o, en el odre, su aspergida saliva pulimenta mi piel; y, Amor mío, con la nieve anublada e infinita os trascribiré integra mi forma de ser….

     Tanta abundancia desamparas en mí, tan curtido compromiso atorado en mi pecho, que sospecho que hace años que dejé de andar por la realidad, pues dondequiera que paseo la calma se alza como ruiseñor a mi alrededor o, incluso, a cualquier lugar que mire sólo me ciega un único destellos, el de un Sol de cristal. Con qué lozano fulgor enjoyaste mi alma, qué singular viso solapaste en mis caminos, escenificaste lo que nadie entenderá, ser flor única…

     Nadie lo creería…, y mientas tanto, nuestros corazones, con las esperanzas de que algún día…, se deshojarán en cartas de amor, como árboles que expiran hasta sus últimas hojas, árboles ancianos, sin apenas vida en la corteza que aguarda a que algo hermoso ocurra, algo natural, aun sea una insignificante yema en la orilla de nuestro tiempo, en el túnel, cuando caen los párpados.

domingo, 19 de octubre de 2014

Soñé que la mañana arribaba con cierta connotación dulce


     Soñé, como siempre, que la mañana arribaba con cierta connotación dulce y así, en lo más recóndito de mis vientos, advertí esa vaporosa y alegre imagen, luminoso rostro que ingrávido y caótico persiste a mi lado.

     Es calígine de amanecer lozano que nada alba, aleando como nubecilla de tímidas alevillas, y a ras del terreno, tal una alcatifa fina de diminutas campanillas que tirita a tenor del helor otoñal; esterilla de florecillas que deslíe su lene y bonancible efluvio en cada gota de relente que se asperge por mi boca.

     Mas desperté de ese ámbito y al hender la luz la profundidad de mis ojos me añusgué al notar que el intenso vaho de mi hermosa flor se desvanecía. Que perversa es la claridad real que inquebrantable despedaza y arruina el embotellado ensueño que flota entre las olas. Pero, aunque la luz de día eclipse la secreta estrella que guardo durante años, no desdeño ni uno de estos sueños…, es más, me mantiene con vida.

     Mi sonrisa no caduca y, aun se profane con la luz del día, prosigue brillando intensa durante la noche. Vida mía, no hay resentimiento alguno, ni pizca de corazón desabrido, sino permanece el perpetuo susurro de lo que -sucedió sin querer-. Este caminar que no se olvida, y aun marche en la distancia, para nada se aleja.

     Seré tu buen paciente, doliente que sólo se marchita con el amor que tú ceñiste en mi pecho. Seré, cuando me encierre tras los ojos, el dedo trémulo que palpa la fina y sedosa piel de tus labios, de tu vientre. Así, poseyendo fe ciega, agonizaré ternura sobre el cándido papel que de tarde en tarde te enviaré.

domingo, 5 de octubre de 2014

Sin apenas voz




     Se revelaba sin apenas voz, sólo un murmullo risueño, y de color cerrado, manzanilla triste, la ribera el Salor en el molino Hijadillas; es como un rincón viejo que ya nadie conserva, una época que quedó muerta. No te inquietes ante la piel cristalina de estas aguas, ante la reserva que agoniza en su hondura, pues es la mismísima memoria de la vida.

     Veda en su oleáceo fondo aquello que dijeron los hombres y, no sólo lo elegiaco sino incluso aquello que apenas se oye y es justo e hilarante, lo que en verdad merece la pena. Acotas en la oleipintura oscura de su represa de piedra los firmes trancos de los héroes y de los gloriosos, además de los cortos y fecundos pasos de los rústicos y de los granjeros, de las alegres criaturillas y de los señeros poetas. También glosas el saber connatural que en ti se refleja, ese melodioso trino de los pajarillos, ese gentil galope de los jamelgos y el gracioso titubeo de las alevillas y de las hojas secas y, por supuesto, el cegador rielar del firmamento raso….

     Me urge ser miniatura en su orilla, ser simple barquillo de madera que atesora en su aislada bodega baúles repletos de cartas de amor. Me acucia la necesidad de sorber paz, de ser musgo en la umbría del río, de ser, junto a ti, el reflejo que se deshace en el espejo del agua. Así, desleiré en el profundo azogue de esa mansa luna, la tinta fresca y verde de mis yemas. Un sinnúmero de ósculos, de románticas gotas de lluvia, rocío aspergido que escalofriará la lisa y vidriosa vitrina del río, ensortijándola con los chispeares opalinos de una Luna cande. Se alhaja escarlata su fina piel de plata y es porque el Sol tiende su rubor, no porque se escandalice al descubrirnos haciendo Amor sino más bien porque engalana todo el celaje por tan natural seducción.

     Un trazo tenue y mudo que anida incomprensible en un abismo de ensueño, un expresivo ademán que como esencia sugestiona la dulce alma de su amada, una gola blanca que ahoga la aguamar de su pecho, una poesía de color, quizás algo adusta, pero sólo vuestra….