sábado, 31 de agosto de 2013

Voy a vencer la cadencia del sueño


     Voy a vencer la cadencia del sueño, el silencioso y elástico compás que tira como resorte de mis párpados. Aun parezca imposible, mi sed de canjear amor es más relevante que el ineludible ostracismo nocturno. Ansío transcurrir las noches entre leves vahídos, es más, insisto en ser la fina estela de las estrellas fugaces, ese haz luminoso que rasga el firmamento por buscar, donde quiera que estés, los latidos de tu radiante cuerpo. Ser el vehemente destello que se desvela y se rebela a través del crepúsculo para divagar como nube alrededor de la esplendorosa belleza de mi Casiopea.

     Para que tu insondable mirada detone mi corazón, para que tu llena sonrisa deflagre mi alma, he de buscar a mi Amapola en los parterres del vacío abisal, a mi deslumbrante Plenilunio del cielo. Desertaré de mi caparazón corporal y libre, sin el chasis óseo, me deslizaré inagotable hacia el Oasis que me mantiene con vida, a saciar mi sed con su saliva. Lo haré como camello que salva el desierto, que sobrevive gracias a su agua cristalina.

     Quizás mi diminuta raíz horade entre jardines primaverales, con otros claveles, crisantemos y rosales. Quizás mis sentires sean más exiguos y etéreos que las bellas mandolinas con las que repiquetean otros pajarillos. Pero, Amapola mía, ten por seguro que, aun pase inadvertido entre esas rosaledas, siempre seré el lene y dulce lirio que sofoque tu pecho y que mantenga tu linfa febril.

Mi Cassiopeia, aunque otros aedos sean capaces de entibiar tu universo con impecables armonías, mi minúscula alita de ruiseñor, noche tras noche, mecanografiará sencillos y diminutos sentires. Así es, sacaré de sí, y sólo para ti, mi humilde forma de ser. A través de mis dedos desangraré todo el amor de este corazón que te pertenece, para que se hunda como anoclina dulce en la Mar que me da la vida.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Cierro la puerta de nuestra alcoba



     Cierro la puerta de la alcoba y enciendo la lámpara de la mesilla. Esta luz apenas alumbra nuestro cuarto, lo deja casi a oscuras. Me siento al borde de la cama y, muy pensativo, me desvisto lentamente. Calculo, mientras coloco los zapatos bajo el escritorio, cuántas horas he sacado al día y, sobre todo, cuántas han sido realmente nuestras y afirmo que han sido pocas y que, de todas ellas, escasamente he sacado provecho a dos; las primeras horas de la mañana. El resto de la jornada, estaba tan exhausto que me era imposible interconectar las dendritas. Incluso, a última hora del día tuve que dejar de pensar, no era capaz de hallar notas de amor que tensen sobre el papel el arpa de sentimientos que me vienen de dentro;… tú, mi Vida.

     Coloco los zapatos bajo el escritorio, el pantalón y la camisa en la cómoda y, tras quitarme los calcetines, me froto densamente los tobillos. Los tengo muy hinchados, marcan claramente la goma del calcetín, la circulación…, son todas las horas que paso de pie….

     Me acuesto boca arriba y en un periquete estoy fuera de sí, imantado mi espíritu vuela hacia ahí, a tu lado. A descansar y a soñar. De espaldas, en esta llanura del silencio y de la oscuridad, -la cama-, tomo tu mano… e innegablemente, de una forma palpable, obvia, me incorporo lentamente y -El Beso de Amor-, mi Amor, -El Beso de Buenas Noches-.

     Palma con palma, espero que la razón me evada y vague, como todos los días, a mi antojo y ya sin pizca de fatiga, con el corazón rozagante, reconciliándonos con acrobacias en el aire. Juegos de amor…, busco a través de las sombras tus ojos, para penetrar en tu pecho y asir tu radiante corazón…

     Mi pecho es un ropero cálido que, a base de románticos versos, esclaviza tu alma, la cautiva y la encierra entre suspiros de enamoramiento, ropero que posee dos lunas como puertas, tus luceros, y que asila con delicadeza las sedas de tus blusas y, en un cajón, las prendas delicadas que cubren tu dulce intimidad… 

     Aprietas mi mano y recobro la consciencia, giro la cabeza y observo el bellísimo perfil de tu rostro. Declino poco a poco la mirada y, lazando un sinfín de besos como dardos, susurro

-guardaré este día entre las horas de nuestra vida-, -Para siempre, Amor mío-.

martes, 27 de agosto de 2013

Cosecho unas flores


     Cosecho unas flores, las seco y las trenzo como cintas. Son trazos satinados de palabras que hilvano sobre lecho albo. Balsas sin interrogantes, vidriadas como los ojos, y salpicadas de los pétalos que aposento en tu alma.

     Ávido de una respuesta, sediento de la sangre que me viertes por tus venas; preciso de tu alegría, del idéntico cesto de inmarchitable primor, del aromático lirismo de tu pecho.

     No quiero ir a la deriva en la rutina, zarandearme en una mar sin cántico,… ignorado bajo el cielo de piélago plomizo.

     Anégame con tu mar caoba, dame un rumbo de ensueño, un norte a donde remar. Ábreme tu piel para que remonte por las venas mar adentro.

     Hechos una sola carne, revueltos en una única entraña. Dos que reciben de sí mismos un solo sueño, mirada y mirada, mitad y mitad, sueño y sueño se unifican en un deseo que nadie comprende, en una virtud de pétalo rojo para lirio, de fuego pétreo para hombre… Iguales en amor….

domingo, 25 de agosto de 2013

En busca de un beso


     En busca de un beso, del pujante gesto de unos labios pintados con teas invisibles, de la fogosa y exquisita dedicación de un alma libre, que sin alas, como humo, revolotea mil y una noches entre mis sueños. Tanteando el roce de tus alejadas manos, de esa miguillas de pan que son las yemas de tus dedos, ansiando el caramelo dulce y tostado de tu finísima piel. Tentando con codicia tu blusa abierta, la copa que cubre tus senos, la eréctil y ligera areola que como astro caoba, o más Sol, rasga tu albo y sutil pecho.

     Quiero acurrucarme entre tus brazos, vislumbrado toda la humanidad y sorbiendo su cabal humanismo y escudriñando al integro la naturaleza y asimilando al completo su belleza, hasta la más minuciosa singularidad, para hacinar cada día los anhelos de la creación y traspasarlos tal cual, limpios y puros, en forma de prudentes versos y labrada prosa; mis sentimientos, completamente tuyos.

     Siempre me apetecerá ser el niño que se arroja en tu regazo, sorbiendo tus más íntimos caracteres y adoctrinándolos como fe inmaculada e indagando en lo más insondable de tu hermosa y desconocida Orbe descubriendo, apreciando y pormenorizando gestos, reseñas e incluso tic, para ser reconfortante e inocente llama bajo tus ojos. Sí, mi Amor, me encanta penetrar contigo en un río e ir a la Mar, con sorpresa concurrir en la alegría que disfrutas con los niños y sentir, también, idéntico sobrecogimiento cuando una losa de la educación cae sobre ti; para acarrearla entre los dos…


sábado, 24 de agosto de 2013

Esta mañana


     Esta mañana, en Almendralejo, mientras bregaba con una maqueta para los cursos, mi pecho te presentía con una avidez tan exacerbada que sentí pavor de perder todo el torrente de esbozos que reverbera por mi somera razón. Tan arroyada era la corriente que enseguida fui en busca de un cuaderno para embalsar tantas y tan cristalinas sensibilidades.

     Mientras rebosaban, de mi henchido pecho, las esencias de Amapola, un sinfín de entrañables confidencias cruzaba mi pensamiento, como brisa aromática. Al mismo paso menguaba mi corazón, pues se encogía alarmado de esfumar por el raciocinio tan delicado perfume. Tuve que impedir esta doliente resta, empantanar el deshoje impulsivo del pecho con un bolígrafo…. Así, corrí a alojar los desencadenados y cegadores haces en una barbaridad de trazos confusos, caligrafías de mi abrasado corazón que después, como suave calcina, bruñiré sobre papel, le conferiré la coherencia que me da y que merece mi Amada Amapola.

     Reparo en esta liberalizada ternura y me pregunto, con honradez, si es instinto. La intuyo tan congénita, son como impulsos, sembrada y arraigada en todos mis sentidos que, cultivada con gotas de trascendentes lágrimas, aflora imparable y crece boscosa y exuberante en mi pecho. Una sucesión de actos reflejos y naturales que han emancipado mi voluntad de la rutina y la han abierto a la risueña melodía del aire, la han sumergido entre las olas de la Mar en calma, la han perdido por las sendas que discurren paralelas a esos arroyo audaces que caen por tus nogaledas otoñales, la han calado con los gamebundos trinos de los jilgueros y de los canarios, con los chirridos de los grillos y los croares de las ranas.

     Esta contracción voluntaria del corazón, no solamente aflora por percepción exterior, sino también como sentido nuevo. Es íntima apreciación que se manifiesta a flor de piel, que se exterioriza en el brillo de mis ojos, que se revela perenne e inocente en la sonrisa de mi faz e incluso se exhibe en mis venas con locas pulsaciones.

     Todo es por ti, mi bellísima Mujer. Por tu esbelta figura, por tu jovial forma de ser, por tu sincera y vasta mirada, por tu hambrienta forma de obrar con todo y con todos…. Enamorado de impecable e insuperable belleza en todos los sentidos…

miércoles, 21 de agosto de 2013

Buenos Días


Buenos Días Mi Amor

     Me reclamas, y mis pies se despegan del suelo para irse a posar encima de tus píes y así darte un abrazo y un beso con sabor a mar, como las olas besan la orilla. Con él, verás la felicidad plasmada en mi mirada y será dulce como la mirada de una mujer enamorada. En ese instante, desearé que me escondas en tus brazos, tu frente en mi frente, tu boca en mi boca, atados nuestros cuerpos mientras yo me sumerjo bajo tus grandes ojos. Amor Mío, ahora mismo hay un incendio cerca de mi pulso y voy a mojar mis manos para hacerlas tuyas. Caracola, desesperadamente algo nuestro se busca porque tenemos el alma cogida por el alama, y no lo podemos remediar. Estás ovillado a mí como centinela que se anuncia y vuela por un silencio de cristal transparente y puro.

martes, 20 de agosto de 2013

Bronceado Africano


    ¡Toc, toc!, ves, Vida mía, así eres siempre. Todos los trabajos, absolutamente todos, te los tomas tan en serio, incluso durante las vacaciones.

     Seguro que ahora, mientras descansas merecidamente sobre una hamaca en la playa, en tanto tu cuerpo se atempera con la brisa marina del Atlántico y entre tanto te relajas y te ensimismas con la lectura de un buen libro; y además, sabiendo que en tus venas está diluida la mascara africana, que tu espíritu posee más arrojo que el propio Kirukú y que tus encantos son más poderosos que los aojos de la hechicera Karabá; seguro que te estás bronceando la piel más que la de los mismísimos africanos. Por favor, mi Amor, ten muchísimo cuidado con estas sofocantes temperaturas, no porque tengas que renovar el carnet por lo morena que estés, sino porque tus niños van a dudar de tu origen, o porque puede surgir algún contratiempo en tu dulcísima piel.

     Aniquila el fuego estival con las olas de nuestra mensajera mar, con refrescos muy helados y con exóticas ensaladillas, que ya haremos aquí algún día, y disfruta, Vida mía, todo lo que puedas. Sabes que después, siempre que te incorporas al trabajo, descascarillas todas tus paredes internas para dar a los demás tu mismísima alma.

     Incluso auguro un atisbo de fuego en tus entrañas y sé, aunque estés lejos, que la abrasante comarca de Alentejo te aviva la curiosidad e inagotable, como siempre y en estas fechas de asueto, prendes tus más intimas mechas con capricho. Esas extravagancias no son para adornar la casas (aunque te confundas y supongas con seriedad que sí), sino son para enseñar a tus niños las costumbres de esos parajes, para extender sus ojillos, a través de tus lindísimos luceros, a ese imperio que vomitó barcos por todo el océano Atlántico para comerciar sus productos, a esos vecinos que muestran, tanto en sus lomos, al reclinarse sobre el campo, como sobre sus hombros, humildes hombres de piel seca y curtida por la tierra, igual que las nudosa manos de un campesino extremeños.

     En fin, entre medio de tu ocio, pesquisas intrépida las tiendas, los mercados, las costumbres, los campos y aliada, con bronce de Sol en la piel, cobijas en tu pecho los senderos de Tarifa, de sus playas de canela, las incursiones más allá de nuestro río Guadalquivir, a ese país tan viejo como España y que lo siento como Nuestro.


domingo, 18 de agosto de 2013

Un encuentro


     Un encuentro, una pequeña pero intensa cita para derretirme sobre el cráter de tus labios. Para rasgar la niebla que nos sume en la distancia y diluirme con lentitud en ese febril borboteo que rompe por el brocal de tu boca y que nace desde la caldera de tu pecho.

     Me posaría absorto, como en el antepecho de un pozo, mirando su profunda oscuridad. Así, sobrecogido en la baranda de tus brazos, permanecería sobre el pretil de tus labios; toda una vida. Sí, para sentir el chorro de amor inagotable que me vierte tu corazón y para revertir, como cohete, mi sangrante lava de volcán inextinguible.

     Como un niño terco no querría salir de ahí. Te explicaría, Mujer, que un rato más no sería una atrocidad. Te asiría las manos, con los ojos algo acuosos y los párpados húmedos, y te pediría con evidente emotividad marchar por cualquier camino. Te rogaría hacer nuestra propia historia en una casita invisible, arrecadando nuestras cosas y amasando nuestra levadura. Fundidos en una única verdad, ciegos de amor, sin lentes que aclaren el ahumado destino, sino tan sólo disfrutar y reír como niños de los quehaceres cotidianos hasta que, inevitablemente, el corazón se disfrace de pellejo anciano. Dichosos y radiantes, Amor mío, de habernos conocidos y habernos amado locamente.

     A pesar de esta amarga distancia, al escribir con profunda sensibilidad el consuelo interior se me sana; no he de disimular felicidad y no has de marchitarte, Amapola mía, pues gracias a ti soy feliz. Así, a diario, desde ese corazón que me tiene cautivo y que con ahínco con versos cultivo, desde el jardín de tu pecho, debes tender finas hojas de jazmín al Sol y así, fragante y feliz contagiar a tus niños del perfume con el tus flores.

     Además, avezada en padecer en silencio, tanto mi amor desmedido, como las heridas que te infringe la vida, les tienes que ilustrar de que sean hormiguillas que porten su semilla o su hojilla, que trepen sonrientes a su correspondiente nido, a la guarida clara de su alma, que hablen y que pregunten lo que sea preciso para que sonriente contemplen lo transparente y grandiosa que puede llegar a ser la mente. Ayúdales, Vida mía, a que no se les emboten los ojos ni se les acorche la razón. A que aprendan de la taumaturgia del Amor, pues ahí, en el corazón, aun se disfrace de anciano, se halla la felicidad.

sábado, 17 de agosto de 2013

Pasear una noche


     Cómo cruzo el espacio, cómo vadeo esta anchurosa dimensión que nos separa para salir esta noche contigo. Esta tarde quiero parar el tiempo, si es necesario helaré el Sol al poniente de la bóveda del cielo, así dispondré de un momento, el suficiente para que las sales de La Toja penetre por mis poros, para apurar bien mi barba y para masajearla con bálsamos hasta que quede tersa como la seda virgen e hidratada como la piel de un niño. 

     Me pondré el traje azul, bien planchado y la camisa más nueva, llevaré tu colonia en un bolso y desgranaré en mis faldiqueras unas monedas.

     Qué te parece si esta noche, cruzas la puerta, la cierras tras de sí y te evades conmigo. Iremos a pasear bajo la luz sódica del paseo marino, a distraernos con nuestros hobbies de leer, de escribir, de sorber la imagen de la mar plagada de luciérnagas pescadoras, o del paso que deja la Luna al rielar sobre las aguas, o de cruzar como espejos la cadena de palabras que surge de la dócil lengua de tus niños.

     Más tarde ulularíamos íntimos sentimientos en la terraza de un bar o bajo los tenues neones de la barra de un pub. Disfrutando de unos refrescos, sin utensilios, intercambiados directamente de nuestras bocas y reiríamos con las bromas, arrojadas con brío, sin ton ni son y esparcidas por el vacío.

     Para completar la noche, asiría tu mano con la precisión de una flecha en vuelo y te llevaría al medio del pub o si no es lugar, le llevaría ingrávida a rotar sobre el asfalto, en mitad de un cruce, donde los semáforos se tiñan de alba pasión. Esparciría mis manos sobre tu labrada espalda, rotaríamos como molinetes al viento y descargarías, sobre mi hombro, tus preciados pétalos de astromélias, el amor por tus niños o el sudor de tus manos de madraza… Mientras susurro toscamente una canción para los dos….

viernes, 16 de agosto de 2013

Amor en la playa



     Qué puedo hacer para estrenar este diminuto asueto. Como tan sólo tengo cuatro días, dime, mi Niña, una idea para sacar, desde primera hora, el máximo jugo a las vacaciones. Sé que no es tarea fácil pues, con el calor que hace, se esfuman las ganas de salir a la calle, por no decir que al mediodía es imposible pisarla. Tendré que aprovechar las fantasmagóricas horas de la noche o las del perezoso amanecer, o sea, ese los lapsos de tiempo fresco en el que el Sol pacta una tregua…. Como te dije en el correo anterior, antes de dormir veranearé de estrella en estrella o caminaré por algún valle inexplorado de Luna creciente, y a primerísima hora de la mañana, sorbiendo el frescor del alba, quizás camine o pedalee hacia el sonrojado amanecer.

     Durante las horas tórridas, la mejor opción es extenderme fibrosamente, con el sonido de las teclas, por las regiones íntimas de tu edénico cuerpo. Por todas esas vírgenes demarcaciones que se perfilan en tu bellísima faz, que alabean tu cintura, que realzan con sutileza tu busto y que contornean tus brillantísimas piernas; hermosuras que me instan a recorrer todos tus íntimos secretos y que me llevan persuadir con locura tu tierno corazón.

     Para mí, Amor mío, hoy comienza el verano. Así es, hoy es un día radiante, más que cálido, canicular diría, el propio para disfrutar juntos de un baño de Sol. Para que vaguemos por las interminables playas o por los arrecifes, buscando recuerdos nacarados para los muebles de casa o eligiendo curiosas conchas para obrar con ilusión alguna bisutería para Eva y, por supuesto, para broncearnos tumbados sobre los espejismos de la ardiente arena…. También es un día ideal para ocultarnos entre los meandros de los acantilados, donde nadie nos vea, e indagar los sedosos llanos de tu cuerpo libando las perlas de amor que te emergen al estremecerte con las caricias.

     No inauguro el verano aquí, en Maohon, sino allá, junto a ti, en una playa paradisíaca, en ese confín por el cual camina la Mujer que amo.

     Durante estos días, Vida mía, sólo quiero la quietud de estar a tu lado, de asir tu mano, de recrearme con tus caricias,… sólo pido que me dejes atenderte. Nada más ansío, tan sólo eso, disfrutar contigo del ocio, y por supuesto no quiero ni un simple rumor de actividad laboral, si acaso las meras reminiscencias aromáticas de nuestro pan recién horneado, de nuestros particulares caprichos culinarios; aunque si nos lo hace en un restaurante digno de mi Reina, más que mejor….

     Usando estos párrafos, Amor mío, lo debo quedar todo encandilado y limpio, todo muy brillante, con una claridad cegadora, de ensueño. Así, el suelo que pises ahí, debe quedar como el de las playas de la mar, empapadas de espejos plateados y salinos, láminas de cristal que lisonjeen tus pies, que laman la piel de mi preciosa Amada.

     Me desviviré con la carta, para que sea fresca y persuada hasta la exasperación, para estimular todos tus poros y abrirlos sobre tu piel, como flores que son, para que ruborizados se desangren como alba fogosa; temblando con la ígnea e intensa pasión de mis caricias, enajenando tu razón.

     Quiero que estos vocablos sean menudos e insignificantes, como un fino liquen, un escrito filamentoso y sedoso que marchará flemático por tu pétreo cuerpo, sorbiendo cada glándula, socavando finas grietas en tu dermis, con suaves y profundos besos y saciando, gota a gota, esta sangre mía que fluye, gracias a los latidos que induces en mi corazón.

     Estoy tan lleno de las lluvias de tus vidrios, de tus jaspeados e inverosímiles cuarzos, de las profundas esmeraldas que lucen tras tus ojos. Desesperado adicto, desahuciado de las ordinarias curas, sólo la exótica, la preciada y la estimulante textura de tu alberchiga piel restablece mi naturaleza humana; tremenda perturbación o insoportable delirium, es el que me suscita el no poseer a diario la dulce saliva de tu boca…. Sosegado o histérico, no lo sé, tan brutal es tu estampido de cariño, tan inconcebible e intensa detonación de belleza. Amada mía no sé si me desnudas sincero o loco en voz y en pluma.

     Cómo envido, Vida mía, el musgo húmedo, frío y aterciopelado, o la pulpa gelatinosa de las hojas del aloe vera, o la fina película de agua marina que allana la sedienta playa o el aceite solar que lustra la gema en bruto de tan diamantino cuerpo. Anhelo ser la cereza ardiente, corintia, casi negra, que se desangre sobre tus labios, cuarteándolos con amor; como cuando el hielo se resquebraja al sumergirse en el cálido caldo que cultivan versos de locura. Aspiro ser alcohol destilado, de la más dulce uva, para que beso tras beso chispe tu boca hasta alcanzar algodonoso cielo.

     Lamer juguetona lengua hasta quedarla pobre de tanto succionarla. Lamer sin prejuicio de edad hasta sacar todo el mercado de esmeraldas que aflora por tus glándulas gustativas. Lamer la dulce y rosada piel de tu boca, lamer tus dientes,… mis caramelos de azúcar. Lamer hasta fundirme entre labios, hasta que tu inagotable y almibarada saliva palie la sed de mi insaciable alma.

      Cómo podría ser tu arena de playa, socavarme el pecho hasta que emane de mi sedienta entraña el sudor turbio de aromáticas sales y tibio de amor, para asir libidinoso tus labradas y bruñidas piernas y, entre imperceptibles caricias y suaves ósculos, enterrarlas entre mis brazos, entre mis labios.

     Ya de noche, tras la puesta, cuando mi amada Estrella se incline bajo el cénit, y antes de que emerjan más perlas de sudor sobre sendos cuerpos, deslizar mis yemas por tu blanca piel hasta retirar la cinta del bañador. Acariciaré el magnífico cerrillo de sus hombros, posaré mis labios en las ramitas de tus clavículas, besaré la Luna en el realce de tus brazos y, juguetón, serpentearé con mi lengua por la cisura de tu tierna axila, hasta que el hormigueo asperja rocío por todos sus poros.

     Amor, mientras buscas, de nuevo, mis labios y a la vez que trasluces tus ojos entregándome tu alma de mujer, mis yemas caminarán con extrema delicadeza por la delgada senda que escinde tu pecho; desean alcanzar el empíreo de tus maravillosos senos. Humilde y sincero, diáfano en sentimientos, tanto que a tu lado sólo ansío ser tibia brisa o sedoso velo que vende tu piel desnuda; solicito permiso, absorbiendo profusamente la saliva de tu boca, fundiendo nuestros labios con profundos besos, para apretar con lenidad la acaramelada areola de tus senos. Permíteme, Amor mío, que recoja en mi boca la tostada e inagotable miel de tus lindos pezones… 

     Con los vidrios rotos por la luz opalina de la Luna creciente, me pongo de rodillas sin apartar la mirada de tu albo busto. Un azucarado dedo retengo en mi boca mientras arqueas la espalda para que retire el bañador, empapado inevitablemente en exquisito sudor. El ensortijado vello que acolcha tu monte de Venus es llama que advierte toda mi atención, a la vez que, como siempre, ruborizada giras y alzas las piernas, ocultando tan desnudo deseo.

     Retiro del todo la hábil prenda que cubre cada poro de piel. Yaces radiante, serena, harina empapada, fina, blanca y densa sobre la canela arena de la playa. Con los pies acariciando mis mejillas, sorbo los huesecillos de tu menique, del anular… y del gordo caramelo que mi boca es incapaz de deshacer. Masajeo tu planta con mis yemas y mis labios; camina, Princesa mía, sobre la alfombra roja que siempre tiende mi lengua, para que te sientas gaviota, flotando sobre mi boca.

     Un héroe que cae rendido a lo largo de tu brillante tobillo, escucho tus latidos, tus resuellos y quizás una frase entrecortada, “te deseo amor”. Tiemblo como el agua embalsada donde riela la luz del deseo, incontenible es mi voluntad, se desparrama por completo por tus suaves piernas. Dudo si estoy despierto o si es un sueño, y si acaso es, mi Amor, mátame aquí, postrado ante tus píes, no me dejes despertar que así deseo existir, eterno ante la cálida nieve de tu desnudo cuerpo.

       Retiro tus piernas y como víbora ardiente, asiendo con fuerza tu mano, muerdo tu ingle y enveneno tu cuerpo con un vasto beso en tu sexo. No lo aguantas, intentas disimular, pero por indescriptible sensación que no es ni dolor ni júbilo te estremeces de amor. Al rozarte una y otra vez con mi lengua, con la alfombra roja de la más pura pasión, se escarpia el vello de tu piel, se humedece, aún más tu piel. Que agua tan dulce cae por los labios de tus íntimas orillas, que eléctrico tacto convulsiona y erige mi miembro.

      Has robado mi corazón y a cambio, mi Vida, me adueño del tuyo. Me sitúo sobre la mujer que me ha conquistado, entre sus piernas, sin dejar caer el peso de mi cuerpo. Mientras devoras mis labios, ansias mi lengua al penetrar lentamente tu sexo….

     Oyes el eco de mi corazón que late sin extenuación toda la noche, late con vigor haciendo el Amor. Más es débil y sincero lirio que se funde haciendo el Amor con la Amapola de ensueño.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Sé que es muy temprano


     Sé que es demasiado temprano, que una horita más de sueño me serviría de buena terapia. Mas ya me retiré del sosiego de las sábanas, abrí todas las ventanas, para que el salón se impregne del frescor matinal y del aroma de la mies estival, y disfruté del oportuno café con miel, en la terraza, antes de partir,… deleitándome, junto a los huéspedes que agasajan mi pecho, con el cielo estrellado.

     Para que Juan no se desvelara, ni siquiera encendí la lámpara de la mesilla, a tientas me puse un bañador y rehusé el buscar las chanclas. Al ir al servicio, me distrajo inhumanamente una caja de herramientas que se ocultaba en la oscuridad del pasillo, pensé -y si, cuando se levante y yo esté en Badajoz, tropieza y se hace una rozadura, no le podré asistir entre mis brazos…-. Que gélida angustia me asaltó, ese incidente, sin llegar a suceder, palideció mi piel al instante y forzó en mis ojos un leve ademán de llanto, despertando mi razón y despejando repentinamente todo resquicio de noctámbulo sueño que aún revoloteaba tras mi sien.

     Quiero que la mañana transcurra a velocidad de vértigo para reclinar todo mi afecto sobre él. Aguardo ansioso a que llegue la tarde para sorber su dócil mirada, sus gestos, sus sinceras preguntas…, asgo su candorosa forma de ser y, así, quizás algo egoísta, dilato más espacio de primorosas visiones e ilusiones entre la infinidad de visillos pálidos que tremolan y colmatan mi memoria. Este huésped mío, anfitrión que me trajo el destino, lo copa todo, es como el amanecer de la Tierra, que en “na” que despunta el día, despliega sus poderoso manto colmatando el cielo de rebosante luz; sí, en “na” que entreabro mis ojos, como si descorriese unas cortinas, me penetra su clima de intenso amor y, aun dormido, me desvela hinchiéndome con su humilde dicha, estimulándome, como embrión, con su sabia vital que me protege y me erige recio durante toda la jornada.

    Ayer nos acostamos leyendo el libro de “Guía del firmamento”, el que te presté. Creo que, con la ayuda de esa sugestión, con la hipnótica inmensidad que es la bóveda celeste, he conseguido retirar las sombras que le invaden noche tras noche y ahora, como murciélago, desea a todas horas volar entre las estrellas y curiosear con timidez, desde la baranda de nuestra terraza, el amplio espacio que nos rodea.

AHORA TÚ, AMADA MÍA.

     En otro lindísimo lado, paciente ante el vasto y hermoso Imperio que conquista mi pecho, recobro la consciencia y salgo, como Fauno, del fértil bosque donde agarra mi lindísima Flor a invadir, como viento disperso y fragante, todos los aposentos de mi casa. Trepido alegre como halo de luz en esta noche de estío, aluzando, en cada rincón de nuestra casa o por cada lugar que recorro del cielo, la impecable imagen que llevo consigo, como espejo mágico que rememora su esplendorosa belleza dentro de mi pecho.

    Inmarcesible es esta querencia nuestra que, por sí sola, nos destierra como esqueje en un prado de hierba dulce. En cualquier parte, o en cualquier paraje o, simplemente, en el más minúsculo pasaje de un libro, advierto el rumor de tu sedoso aliento, arrullo que abraza mi cuerpo como viento céfiro.

     De día, Amor mío, eres sombra innata que mora en mí, pies inherentes que caminan a la par, desde que me despabilo hasta que caigo rendido; y dormido penetras fina, como brisa sedosa y envolvente o como haz de luz cálida, haciendo consciente mi somnoliento retiro, grabando vidrieras emplomadas en todos los incoherentes velos que conturban mi quietud.

     
Así, mi dulce Niña, mi eterna Vida, mi gran Amor,… , sueño sobre jergón de aire cuando abordo los habituales quehaceres o inagotable viajo por la inmensa morada que desnudas en mis adentros, más allá de mi mismo, con el afán de alcanzar en nuestro piélago el más lejano de los horizontes, cuando me oculto en la dulce sombra de nuestros inevitables eclipses.

domingo, 11 de agosto de 2013

Aquí estoy


     Aquí estoy, sorbiendo un café muy dulce, con leche condensada, y gélido, con muchos cubitos de hielo; un café bombón, según las cartas que se ofertan en las cafeterías. Preciso empalagar mi boca y atemperar mis febriles deseos…; mi entraña, hasta el tuétano, tiene que estar presta a la dilección, permanecer plenamente abierta y ser sumamente servicial; debe obrar como si estuviese sedada, como plumón que flota en el aire, entre sueños, y que ni un mísero vocablo quiebre el propósito de esta prosa y de estos versos. Sea, tan sólo este término, “quebrar”, que de nuevo transcribo, el que admito entre los sentimientos parafraseados. El resto de las palabras que me han de surgir, deben de ser francas, delicadas y agradables y más que volátiles, para que las inhales con facilidad y lleguen a excitar hasta los íntimos núcleos de tus células.


     Me desvivo entre las complejas y boscosas sendas del querer. Tan enamorado estoy de ti, Vida mía, que agoto todos mis glóbulos linfáticos. Latido tras latido estallan dentro de mí, desatando rojos ciclones a través de mis dedos y restañando por cada poro de mi piel y así, mi alma, confinada en la carne, se sumerge naufraga, como botella, tras la alba pantalla del ordenador para que, cuando la leas, la poseas. Rescátala, de la Mar de tu vida, y hazme eternamente tuyo.

     Mi alma se torna quimérica, pasajera e inmortal en tu pecho, es peregrina incondicional de Flor lozana y ulula fiel bajo brillo de tus ojos, paradigmas de Luna llena, evocando las indescriptibles e íntimas sensaciones que me inoculas en cada beso.

     Sí, me inyectas tenaz melancolía, como me crecen tus besos y me sanan tus palabras y como, esta heredad tuya, triunfa al olvido cargada de utopías. Preciso que tus labios persistan, bien, posados sobre los míos o, bien, en cada expresión escrita, para que sacien esta tenaz sed de amarte….

“Pequeñas cosas nos hacen sentir muy bien”

Qué es la vida,
mi Amor, sino utopía.
Insignificante desenfreno
o quizás frenesí eterno.
Laceraré mi costado,
hasta que la herida sea tal,
que mi corazón
puedas palpar.

Que nuestro amor
desenfrene la vida
hasta transmutarla
en diamantino frenesí.

“Bellos sueños de amor
excesivamente vivos en tu corazón”
… que toda nuestra vida sea de ensueño
y los sueños, sólo sueño de amor sean…

viernes, 9 de agosto de 2013

Te leo y siento


Te leo y siento ¡Cuánto me amas!

     Son bellos sueños de amor excesivamente vivos en mi corazón. Se me clavan como aguja hipodérmica de la que mana una dulce y exquisita sabia vital que acuna mi vida. Con ellos, me encuentras aunque no me veas; te miro, te cuido, te amo… Son como barcos que navegan hacia la isla que me aguarda. Cariño, lo prosaico se hace bello cuando tú lo tocas con tus alas de Fénix, es como cuando coges suavemente de mi boca ese dulce, esa fruta; íntimamente, conociendo que lo de uno es del otro cuando dos se pertenecen. Con ellos, has logrado el cifrado secreto de las claves de mis palabras y sólo tú tienes el sol de mis alegrías. Me hechizaste a través de tu maravilloso retoño y tu chispa siempre encendida, y me tienes presa en tus manos mercuriales. Y yo me desato en Venus como el agua de las cañadas y el ozono de la tierra esperando tu lluvia.

     Un beso de mis labios hacia tu boca de manjares infinitos que deja ver tu alma transparente, que te secuestre entre mis brazos y no te deje marchar.

Te leo y siento


Te leo y siento ¡Cuánto me amas!

     Son bellos sueños de amor excesivamente vivos en mi corazón. Se me clavan como aguja hipodérmica de la que mana una dulce y exquisita sabia vital que acuna mi vida. Con ellos, me encuentras aunque no me veas; te miro, te cuido, te amo… Son como barcos que navegan hacia la isla que me aguarda. Cariño, lo prosaico se hace bello cuando tú lo tocas con tus alas de Fénix, es como cuando coges suavemente de mi boca ese dulce, esa fruta; íntimamente, conociendo que lo de uno es del otro cuando dos se pertenecen. Con ellos, has logrado el cifrado secreto de las claves de mis palabras y sólo tú tienes el sol de mis alegrías. Me hechizaste a través de tu maravilloso retoño y tu chispa siempre encendida, y me tienes presa en tus manos mercuriales. Y yo me desato en Venus como el agua de las cañadas y el ozono de la tierra esperando tu lluvia.


     Un beso de mis labios hacia tu boca de manjares infinitos que deja ver tu alma transparente, que te secuestre entre mis brazos y no te deje marchar.

Si esta verdad produce herida



Si esta verdad produce herida

en la más dulce de las Damas,

desangra por ella toda tu vida.

Amor bordado con ligera lana,

de colores, de ovillos de merina.



La ventana: un aro de ganchillo,

un par de finos y mochos bolillos,

un romance cautivo en un libro,

o la sencilla hoja que te escribo

o tu diario que, como azucarillo,

tanto lúcido como ido, goloso libo.

Alienado de limón, de vid ebrio,

embalsamado y embotellado

deriva por lágrimas marinas;

es mi corazón, tu otra herida.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Declino sobre tu cuerpo


     No soy capaz de sostener la palma de la mano, se me desploma emancipada, voraz o carnívora, como un depredador, sobre las letras del teclado y, sin pizca de desaliento, desparrama un sinfín de inmarchitables sentimientos.

     Mi Vida, no se me frena este fraguar de Cupido, todas las flechas me surgen con releje muy fino, más incisionantes que un bisturí, para penetrar tu fina y salina piel sin dolor y gravar recuerdos eternos en lo más hondo de tu corazón.

     Incontables hojas de querencia declinan mis ramas con predilección. Así me siento, un árbol exuberante e inmenso que intenta cubrir de apacible brisa hasta la médula tus huesos. Tan enraizada estás en mí que mi busto se quebranta como corteza creciendo inmenso. Un cíclope que sólo absorber tu savia y la transcribe en tiernas yemas, en sentimentales brácteas y en dulces frutos; por cada poro de tu cuerpo, en cada glóbulo rojo de tu cálida linfa.

     Cúmulo descomunal y algodonoso que se tinta corintio cuando, sabiéndote despierta, Alba mía, no puede trascribir tus debidas palabras de amor o, Sibila mía, ya bien entrada la noche y divagando entre sueños, me perfilo tenue y níveo entre inmensos trazos sombríos sí, agostado de tanto quehacer, no concibo locución idónea para que sueñe mi Niña.

     En la noche penetro en una verbena de las carantoñas y de día me ciego con los haces que surgen de tus sonrientes mirtos. Así, burlo esta distancia y vadeo cualquier pantano, pues todo, gracias a ti, está tupido de nenúfares que, como llamas sobre el agua, aspergen los gozosos besos que me has dado.

     Sueño contigo, todo lo que hemos vivido, y lo trasplanto en fuego que hiela mi pecho para que así permanezca fiel; para que así nada se olvide y sepa cuanto te mereces; para que así, de forma tan simple, consiga quererte aún más, con ardor que desmaya, con amor que de felicidad llega a abrasar y a hacer cenizas el corazón de mi Amada.

lunes, 5 de agosto de 2013

Buenos días mi Amor


    Buenos días mi Amor, que tal se avecina la primera semana de vacaciones, se desvincularán o seguirán requiriéndote. ¡Ojalá! desliguen de tu dorso la carga que acarreas a diario.


     Parece que malgastamos los favores. Son tantos y tan frecuentes que se tornan quehaceres en vez de atenciones cariñosas. No comprenden que llenar la mesa de viandas, que aviar ligeros y sabrosos manjares todas las noches, que colocar e incluso determinar con antelación las prendas que van a precisar, que recibir a los extraños como si fuesen uno más de la familia o hasta las mascotas, aun sean feas, negras y con los ojos saltones, hacerlas propias. Mi Amor, no entienden que una madre tiendes ofrendas tras ofrendas sin disminuir en su ilusión, día tras día y año tras año. A cambio sólo exiges que no corrompan tus sueños, no oír malhumorados gruñidos….

     Estrechar la mano mientras aderezas la cazuela. Buscar cualquier pretexto para rodear tu cintura: cuando vistes la mesa, o aseas el baño, o colocas los armarios…, nunca es tarde para desear el amor de tan hermoso cuerpo.

    Mi Amapola, mi Vida, ¿dónde duermes? para que cada mañana, al despertar, perfile tus cejas, bese tus labios y me asome jocoso a tus ventanas empañadas de miles de sueños.

     No permitiré que tu lindísima mejilla se enmascare de tribulación. Al pie de tu cama, a diario, las zapatillas; en la mesilla el zumo de dos naranjas y un limón más una tostada con aceite virgen; y tras un ligero beso, -buenos días mi Amor-, quizás te haga chantaje para incautar la cocina, decomisar el delantal e intentar aderezar delicia apta para tu paladar, para el cielo donde ansía revolotear mi boca….

BUENOS DÍAS MI VIDA.

domingo, 4 de agosto de 2013

Ya está


     Mi Amor, ya tengo todo ordenadito, listo para iniciar la semana sin preocupaciones adicionales. Bien limpita la cocina, de cabo a rabo: el frigorífico, los muebles tanto por encima, como por dentro y por debajo. En el salón no he dejado ni una mota de polvo: he pasado el plumero por los tejados y las paredes de nuestras casitas portuguesas, he dispuesto las fotografías en diferente orden y he reorganizado la vajilla en las vitrinas, los cubiertos en los cajones y un sinfín de simbólicos cachivaches que ni debo descarriar ni pueden malograrse. Los documentos que se apilaban sin cronología sobre la mesa del despacho ya están perfectamente ubicados, me era imposible pasar el paño por la mesa y, además, cada vez que me sentaba frente a ese caótico amontonamiento, se me ofuscaban agriamente las ganas de trabajar. He lo grado que los baños, con un nuevo limpiador que he comprado, irradien como espejos y que despidan esencias frescas, como el olor de la hierba buena al despuntar el día.

     Ahora queda armonizar nuestra desmedida añoranza, arrimaré el escabel a la mesita del salón y pasaré el día a tu lado. No me es sencillo disponer el sinfín fragmentos que colman mi todo, nada, nada fácil, pues se alzan tantas fracciones del pecho que saturan mi razón de nítida claridad, de cielo y nieve de alta montaña, de olas de piélago y arena limpia de playa, de flores de perfectos colores y yemas tiernas de exuberantes árboles… Me ofusca este ensordecedor silencio, tanto grito de amor hinche mi juicio que no hallo intelecto fino para, ni siquiera, comenzar el puzzle de tan hermosísima pasión.

     Cuántas imágenes, Vida mía, has helado en mi sien. La puerta del arcoíris, la primera vez que nos sentamos en los empapados bolos de los Barruecos, cuando te rescaté de los muros que nos secuestraban en el museo Vostell, ese eminente beso en la mansa y primaveral laguna de Gredos, el disfrutar de unos manjares en el molino del Salor o, simplemente, el llenar de paella el plato de Selena.... Son tantas las alusiones las que a la vez florecen en mi pecho, que me es imposible configurar oasis que sacie mi sed.

     Cómo ordeno tantas y tan bellas ilustraciones, como las puedo abarcar todas, son tantas cada día y cuándo y cuánto tiempo dispongo para condensarlas en párrafos o en versos. Inmovilizar en el papel tan ralos sentimientos, anhelos de fuego que funden el pecho de la Piedra que es mi Vida.

sábado, 3 de agosto de 2013

No solloces en mi ausencia


     Qué puedo escribir hoy. Nunca me es fácil emprender la ideografía que tú, mi Mar dócil, reviertes hacia mi pecho. Cómo he de zarandear todos estos tesoros, siempre tuyos, que tildan mi juicio y cuáles son los que he de escoger para que, sin empapar tus ojos, emperejilen tu corazón de lindos y tiernos besos.


     Mantendré nailon acerado entre nuestras bocas, puro y cristalino hilo de saliva que funda ambos labios en una sola ola de pasión, para que choquen y se entremezclen, aun en la distancia, con virulento amor.

     Aunque vaguemos en silencio, faltarán las sombras en lo más hondo de nuestros cuerpos, pues todos los recuerdos brillarán a la vez, incluso las exiguas reminiscencias serán intensas como estrellas. El estrechar infinidad de veces las manos, como esa primera vez en la portería del colegio o cuando adornábamos los árboles al lado del salón de acto; el juntar en un sinfín de ocasiones las mejillas, el acariciar los dedos de tus pies en aquel acto fin de curso, el disfrutar de la loca “bachata”, el cómo picar las cebollas con gafas de buzo o la inquietud que te causan los padres enojados… 

     Quién puede comprender este runrún que reverbera perenne dentro de nuestros cuerpos, este inagotable amor que nos une en estrecho deudo, río de lava consanguínea que fluye subterráneo entre ambos corazones.

     Aunque la distancia saquee con despecho el pecho, no hay soledad amarga en mi vida; todo lo contrario, hay reino de dicha. Este exilio que empoza amargo a dos enamorados clava emociones bajo la piel, puñales que sesgan los latidos hasta tal punto que no resisto el silencio y, furioso, reviento por los dedos todo cuanto te amo. No me declaro en silencio, ni hablo al abismo sino, sabiendo cuanto me das, sé que sólo tú lo leerás y aun, más me amarás. Mas te pido que no solloces en mi ausencia con estas palabras, que no malgastes la Luna que emerge del vórtice azabache de tus ojos, que esos satélites enigmáticos y extraviados que ahítan tu abismo sólo los extraigas a mi torno, cuando estemos juntos.

     Sólo entonces, mi Gran Amor, cuando esté sumergido en el fuego de tus abrazos, debes sacar esas misteriosas lágrimas de ave Fénix que me devuelven la vida. Sólo entonces, cuando el tacto de tus labios haga inútiles mis palabras, me quedaré sin sentido,…

seré tu lerdo amante 
incapaz de hallar rima 
que emule esa lágrima 
que emerge brillante, 
de la admirable sima
que aposenta diamante

Usufructúas mi vida 
bregando unos besos. 
Tus labios, tu saliva, 
es irresistible deseo 
que acometo dócil, 
modesto y servil,
con celoso lisonjeo.