miércoles, 28 de agosto de 2013

Cierro la puerta de nuestra alcoba



     Cierro la puerta de la alcoba y enciendo la lámpara de la mesilla. Esta luz apenas alumbra nuestro cuarto, lo deja casi a oscuras. Me siento al borde de la cama y, muy pensativo, me desvisto lentamente. Calculo, mientras coloco los zapatos bajo el escritorio, cuántas horas he sacado al día y, sobre todo, cuántas han sido realmente nuestras y afirmo que han sido pocas y que, de todas ellas, escasamente he sacado provecho a dos; las primeras horas de la mañana. El resto de la jornada, estaba tan exhausto que me era imposible interconectar las dendritas. Incluso, a última hora del día tuve que dejar de pensar, no era capaz de hallar notas de amor que tensen sobre el papel el arpa de sentimientos que me vienen de dentro;… tú, mi Vida.

     Coloco los zapatos bajo el escritorio, el pantalón y la camisa en la cómoda y, tras quitarme los calcetines, me froto densamente los tobillos. Los tengo muy hinchados, marcan claramente la goma del calcetín, la circulación…, son todas las horas que paso de pie….

     Me acuesto boca arriba y en un periquete estoy fuera de sí, imantado mi espíritu vuela hacia ahí, a tu lado. A descansar y a soñar. De espaldas, en esta llanura del silencio y de la oscuridad, -la cama-, tomo tu mano… e innegablemente, de una forma palpable, obvia, me incorporo lentamente y -El Beso de Amor-, mi Amor, -El Beso de Buenas Noches-.

     Palma con palma, espero que la razón me evada y vague, como todos los días, a mi antojo y ya sin pizca de fatiga, con el corazón rozagante, reconciliándonos con acrobacias en el aire. Juegos de amor…, busco a través de las sombras tus ojos, para penetrar en tu pecho y asir tu radiante corazón…

     Mi pecho es un ropero cálido que, a base de románticos versos, esclaviza tu alma, la cautiva y la encierra entre suspiros de enamoramiento, ropero que posee dos lunas como puertas, tus luceros, y que asila con delicadeza las sedas de tus blusas y, en un cajón, las prendas delicadas que cubren tu dulce intimidad… 

     Aprietas mi mano y recobro la consciencia, giro la cabeza y observo el bellísimo perfil de tu rostro. Declino poco a poco la mirada y, lazando un sinfín de besos como dardos, susurro

-guardaré este día entre las horas de nuestra vida-, -Para siempre, Amor mío-.

No hay comentarios:

Publicar un comentario