Mi Amor, ya tengo todo ordenadito, listo para iniciar la semana sin preocupaciones adicionales. Bien limpita la cocina, de cabo a rabo: el frigorífico, los muebles tanto por encima, como por dentro y por debajo. En el salón no he dejado ni una mota de polvo: he pasado el plumero por los tejados y las paredes de nuestras casitas portuguesas, he dispuesto las fotografías en diferente orden y he reorganizado la vajilla en las vitrinas, los cubiertos en los cajones y un sinfín de simbólicos cachivaches que ni debo descarriar ni pueden malograrse. Los documentos que se apilaban sin cronología sobre la mesa del despacho ya están perfectamente ubicados, me era imposible pasar el paño por la mesa y, además, cada vez que me sentaba frente a ese caótico amontonamiento, se me ofuscaban agriamente las ganas de trabajar. He lo grado que los baños, con un nuevo limpiador que he comprado, irradien como espejos y que despidan esencias frescas, como el olor de la hierba buena al despuntar el día.
Ahora queda armonizar nuestra desmedida añoranza, arrimaré el escabel a la mesita del salón y pasaré el día a tu lado. No me es sencillo disponer el sinfín fragmentos que colman mi todo, nada, nada fácil, pues se alzan tantas fracciones del pecho que saturan mi razón de nítida claridad, de cielo y nieve de alta montaña, de olas de piélago y arena limpia de playa, de flores de perfectos colores y yemas tiernas de exuberantes árboles… Me ofusca este ensordecedor silencio, tanto grito de amor hinche mi juicio que no hallo intelecto fino para, ni siquiera, comenzar el puzzle de tan hermosísima pasión.
Cuántas imágenes, Vida mía, has helado en mi sien. La puerta del arcoíris, la primera vez que nos sentamos en los empapados bolos de los Barruecos, cuando te rescaté de los muros que nos secuestraban en el museo Vostell, ese eminente beso en la mansa y primaveral laguna de Gredos, el disfrutar de unos manjares en el molino del Salor o, simplemente, el llenar de paella el plato de Selena.... Son tantas las alusiones las que a la vez florecen en mi pecho, que me es imposible configurar oasis que sacie mi sed.
Cómo ordeno tantas y tan bellas ilustraciones, como las puedo abarcar todas, son tantas cada día y cuándo y cuánto tiempo dispongo para condensarlas en párrafos o en versos. Inmovilizar en el papel tan ralos sentimientos, anhelos de fuego que funden el pecho de la Piedra que es mi Vida.

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