viernes, 19 de octubre de 2012

Descansa


   
¡Que tal! todo ha ido bien, ¿verdad?. Ya se pasó la lóbrega tensión, se descarnizó la inquietud y ahora, tras compartir gráciles sonrisas y arengar sobre África con rala pronunciación, a recolectar de nuevo, con la hoz del día a día, la primaveral mies de tus niños. Sóplales tu tibio aliento, hincha sus pechos de elocuentes cuentos e inhala profundamente sus pueriles vocecillas.

Amor, sé que henchida de palabras te alzarás esta noche tal burbuja y volarás cual cometa de color, feliz, hermosa y fugitiva, sin que nada te encadene. Yo, mi Vida, deslumbrado de tanta dicha seré árbol mortal y verde que, con innumerables hojas, sustente mullido tu lento caminar. Daré zarpa ligera a la misteriosa queja que cohíbe tu mano y amarga tu corazón y desvaneceré la realidad bajo las ciénagas de río legible.

Está bien, esta noche dejaré que des riendas sueltas a tus sueños, permaneceré tras la puerta de tu armario y permitiré que el jardín de lo bien hecho sólo te salpique a ti. Yo, tu niño, ya inundado de tanto, me entretendré corriendo tras alados labios, silencioso, relajado, esperando respirar de tu boca y suspirar por tus besos. Suelto, desatado, fuera de sí… viento suspendido que se arremolina en círculos deseando tu cuerpo, desordenando tu ropa y, para que hoy descanses bien, sin llegar a rozar lo más mínimo tu piel.

Descubres, Vida mía, cuanta diversidad de amor generas en mi corazón, todo tu don lo hago muy propio, lo riego con bellos requiebros y, por supuesto, lo enraízo en mi corazón, ahí injerto cientos yemas de imaginación para hacer aún más frondosa la fauna que deshoja este lirio, para cuajar rojo el pétalo de mi Amapola.





miércoles, 17 de octubre de 2012

Pañuelos


   Cuanto, Vida mía, disfrutaría siendo franela azul sobre la piel de tu cuello, aunque me despojasen de toda la racionalidad sería sumamente feliz. Tan sólo a la naturaleza o al poder divino, que hesito si existe y que mueve los hilos del destino al azar, imploraría que no me descuidasen del placer de tu tacto y así, con ese exiguo don concedido, sería más feliz que colibrí que se arremolina alrededor de alas de mariposas, que compite con abejas en libar ansiosos y dichoso el dulce pistilo de su Flor. Sí, mi Amor, a mí también me urge atenazar tu mano, arrebujarme entre los sedosos suspiros de tu corazón, vestirme de la candente sinceridad que tu pecho emana, sentir el tañer de tus palabras; ¡ooooh! Amapola mía, postraré mi sino al repicar que tus labios musitan.



   ¡BESOOOOOOSSS!



Tirana noche



Pero que tirano es el cansancio, se retuerce alrededor de mi cuerpo y me doblega sin el más mínimo miramiento. Poco a poco asesina mis palabras, mutila mi alfabeto y agota mi razón, sin previo aviso cierra la luz y me encarcela en la fortaleza de la noche.


Mas la diosa de la noche desconoce que por dentro ardo de pasión pagana, que mi Corazón hereje se abrasa con el verbo de amor que nace de tus labios y que, si hiciese falta, me dejaría empalar en la hoguera del ágora de tu pecho.


lunes, 15 de octubre de 2012

Clara, clara


Con una clara, clara, clara, clara sonrisa me retiro a dormir con divino tesoro. Igual que una minúscula semilla contiene un árbol completo, yo encierro todo un sueño, una ilusión que se embriona real y, Amor mío, es eso, sí grandísimo, grandísimo y grandísimo  Amor.
En mi pecho te siento tan penetrante como la trementina, tan dulce como la ambrosía y me recojo cautivo a reposar en la maravillosa taumaturgia de otra noche más. Alimonado lirio que yace sobrecogido en la dulce fragancia del cuerpo de mi Amapola. Sí, en grana granada de fresca y roja Amapola.


Aunque calenturoso me envuelva entre sabanas usadas y mantas raídas, yo, Vida mía, desvendaré mis ojos a tus miles mieles de Amor y soñaré que lo hacemos, el Amor Vida mía, entre sedosas colchas de gobelinos. Alegre me desvestiré, retiraré tus prendas y apuraré hasta la última gota de la aromada viña de tu rosa boca.
Libidinoso con el fuego que surge de tus ojos, de los pétalos de tus labios de rosa, de tu lozano cuerpo, hermosa Mujer mía. Seré, una y todas las noches, el cíclope peregrino que se iza frondoso desde la tierna y hermosa Semilla que me quiere.


domingo, 14 de octubre de 2012

Brote del pecho


Tengo que salir al campo, he de caminar por esas cunetas y por esos montículos cuajados de frescor, me urge sentir la frondosidad primaveral que envuelve a mi bucólica corola. Desde que amanezco ansío la belleza de mi Flor, inhalarla, arrullarla y halagarla con mimo dentro de mi pecho; mas sé que hoy, vadeado el cauce equinoccial que deja a tras la dársena estival y sumergido entre páramos húmedos, donde el plomizo vaho empapa y cuaja sobre el cabello; sólo crece entre Piedras una única corola purpúrea donde he de inmolar mi corazón.

Así de singular es tu brote en mi pecho, un elogio precioso entre plurales flores; podría decir, sí, con grandilocuencia, que es el capullo que hace jardín a mi corazón, el brote que transmuta paja en oro, mi posío en empíreo.




Fina mejilla canela de pómulos ligeramente alzados que, cuando en ella incide la luz, curva interiormente su alma y los lomos de sus olas doblan caprichosamente su alegre faz. Ahí se junta la felicidad con la sonrisa y se arremolina en ola y espuma en profundos hontanares de mármol cristalino; mas ahora, en el caño de su fuente lagrimal surge un minúsculo rubí que lastima y he de besar hasta que sane.
Alborea en su infinito horizonte de pensar una aurora revoltosa, pórtico que da a robledal castaño de pura embriaguez. Que noble sube la savia desde las raíces hasta las puntas de espesura corta, el viento que orea sedosa selva iza perfumada la fronda donde anidaré diminuto y feliz como colibrí. Sin moverme, atravesando el tiempo en la copa de mi dama Amapola, que botín bajo altos vuelos, nunca de ahí huiré, en esa hojarasca anido dichoso mi vida.
Qué decir del carnoso pistilo donde brama mi Mar. Qué decir de esa cantería que descubre veta de mirtos blancos. Nace aire de abismo interior, siempre es brisa ora delicada ora melódica, jadeo que me cautiva tal coral de sirena. Cuantas veces me has permitidos arrestar tu aliento sellando la corola contra mis labios…, y ceñido a esa mansedumbre sentir placer inmarcesible y misterioso que cautiva lírico mi destino y, si acaso fuese, perdurará inolvidable mas allá.

Sí, frágil Tallo, cuando la melosa saliva de tu estigma irrigó el erial de mi existencia se alzó dentro de mí alba roja, pétalo de misteriosa luz que aclaró mi lóbrego pecho y me colmó de clara belleza. Una flecha de orto perenne que se clavó en mi corazón y ya ni de noche se retira su luz, ojiva siempre abierta que me hace soñar despierto y deambular incorpóreo.

Sí Amapola mía, me has admitido en tu vasta hermosura, me has asentido en un espacio sin límites donde un alma cerúlea se pierde infinita y siempre preciosa, tan grande eres para mí que nunca seré capaz de bruñir todo tu admirable cielo; ni siquiera Poseidón es capaz de abarcar tan integra Mar y ni Venus salir tras el piélago de tu océano.

Si de tierra estoy hecho, seré arcilla feliz que nutra de sales aromáticas tu vida y, en la cratera de tu divino seno, mezclaré tu agua saliva con mi dulce barro de uva para que ebria, lozana de hermosura y sedienta de mí, me desees con locura.

Te amo, frágil Amapola mía.





domingo, 7 de octubre de 2012

Maltrecha cabeza


Maltrecha mi cabeza, mis lumbares, mis piernas, desgastado por las labores del hogar, por el calor del medio día y ya, a estas alturas de la noche, resignada mi complexión física a la lasitud. Me dispongo ahora a morar contigo todo el tiempo que precises, pues esta faena que acometo ya no es labor sino es reposo vital que evoco para mi corazón.
Me apasiona concebir y caligrafiar los sentimientos de mi vehemente espíritu, no en vano hierve y salpica el teclado, al principio, incipiente, brota escuálida mas poco a poco se solivianta y pertrecha emociones que fugan a raudales para incendiar primero tus ojos, lugar por donde penetra, y después henchir de cálido rubor tu pecho.
No permitiré que sean destempladas tus noches, te abrazaré con cuerpo de adobe, con tierra sudorosa  paja seca para que me cuezas adherido sobre tu piel tersa. Barro ligado que, esta y todas las noches, se resigna a fenecer sin antes haber conseguido, con lasciva sinceridad, que te eleves soporosa por encima del cielo, entre aureolas boreales, bajo la cúpula diamantina de la noche,...
Hermosa mía, Sol de mi vida, esta mañana, igual que ayer, durante la noche y el día, y que antes de ayer..., siempre sumergido en tu profunda sien, percibo la fragancia más dulce que jamás pudiese sentir, sahumado en hierba buena, en dulzor del cilantro y de albahaca, en relente nocturno, salobre hervor del puchero, en penetrante aroma del café... ¡Oohh! mi Amor, cuanto deseo tus besos.
Tú, mi perenne Mar, exaltas brutalmente mi pecho, que late y late sumergido entre hermosos galanteos, entre cadencia de blancas ondas... Te amo mi Amor, te amo.


jueves, 4 de octubre de 2012

Dormir en el vellón blanco del cielo


Voy a abrir brazos exuberantes para que desciendas fresca sobre mi pecho. He de mullir tapiz de amor, ardiente deseo que derrita la desértica sima del cansancio, de lo más profundo de mi cueva sacaré inextinguible erupción volcánica que abrigue tu vida, mar de fuego que temple tu espalda, tus tobillos y relaje tu sien.

Desesperado aquí, sin poder hacer nada te pido que lo dejes ya y vayas rápido a la cama, a soñar en mis brazos. Deposita en mí todo el cansancio que yo, con susurros, te llevaré despacio a descansar, abrázate a mi cuerpo y vamos a dormir al cielo, sobre apacible vellón blanco.