Maltrecha mi cabeza, mis lumbares, mis piernas, desgastado por las labores del hogar, por el calor del medio día y ya, a estas alturas de la noche, resignada mi complexión física a la lasitud. Me dispongo ahora a morar contigo todo el tiempo que precises, pues esta faena que acometo ya no es labor sino es reposo vital que evoco para mi corazón.
Me
apasiona concebir y caligrafiar los sentimientos de mi vehemente espíritu, no
en vano hierve y salpica el teclado, al principio, incipiente, brota escuálida
mas poco a poco se solivianta y pertrecha emociones que fugan a raudales para
incendiar primero tus ojos, lugar por donde penetra, y después henchir de
cálido rubor tu pecho.
No
permitiré que sean destempladas tus noches, te abrazaré con cuerpo de adobe, con
tierra sudorosa paja seca para que me cuezas adherido sobre tu piel
tersa. Barro ligado que, esta y todas las noches, se resigna a fenecer sin
antes haber conseguido, con lasciva sinceridad, que te eleves soporosa por
encima del cielo, entre aureolas boreales, bajo la cúpula diamantina de la
noche,...
Hermosa
mía, Sol de mi vida, esta mañana, igual que ayer, durante la noche y el día, y
que antes de ayer..., siempre sumergido en tu profunda sien, percibo
la fragancia más dulce que jamás pudiese sentir, sahumado en
hierba buena, en dulzor del cilantro y de albahaca, en relente nocturno,
salobre hervor del puchero, en penetrante aroma del café... ¡Oohh! mi Amor,
cuanto deseo tus besos.
Tú, mi
perenne Mar, exaltas brutalmente mi pecho, que late y late sumergido
entre hermosos galanteos, entre cadencia de blancas ondas... Te amo
mi Amor, te amo.
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