jueves, 30 de enero de 2014

Buenas noches Amor mío

     Hoy, Amor mío, no seré murciélago en la noche, porque ni siquiera soy capaz de alzar ligera palabra. Mas, aun así, no me quedo sin hilvanar un rayo hialino de dulce saliva entre nuestros labios. Sin dar, antes de dormir, un profundo empellón de amor a tu mejilla. Un envite poético, un último impulso para saciar mi sed con el agua que me da tu boca. Sí, antes de retirarme, seré el pequeño roedor de los pétalos de mi Amapola, hasta que quedes profundamente dormida….

miércoles, 29 de enero de 2014

Aguardando un correo


     Ayer noche, de camino a casa y bajo el tenue cintilar del cielo, se me prendió el pecho con el alivio de tu vida, tu mensaje. De pronto la negra penumbra se suavizó en blancura pues brilló tanto el texto, tu sentimiento, que iluminó toda la bóveda del firmamento.

     Iba con prisas agazapado en mi ridícula existencia y de súbito, como si esa luz inundase mi entraña, me sentí intenso, advirtiendo el titilar eterno de tu corazón en mi pecho.

     Experimente el calor del amor, de dos cuerpos frente a frente, uno de ola de Mar revuela y plateada y el otro de sencilla orilla de arena eterna, y el lecho fue la noche que se desnudó en océano de sudor…. Sí, dos cuerpos frente a frente, uno de Piedra pulida, perfecta, y otro de desértico de arena y de pequeño oasis, tan pequeño como vaso para que coja sólo tu corazón, ahí la sumergí desnuda, en la linfa cálida y sincera que llena mis venas, para que siempre verde tremole en dicha….

     Así, como relámpagos en la noche hendimos la carretera, dos astros que haciendo filigranas chasqueaban y se perdían por el cielo vacío. Acumulando anhelos se alzaban hasta las nubes y, de nuevo como ríos de luz, descendían llenos de alegría hasta acariciar la hierba húmeda. Dos astros frágiles, uno intenso como rubí y otro añil y servil,… livianos, que suspiran por fugaces roces, por breves encuentros, por cintilar lindos con sencillos besos de amor.

martes, 28 de enero de 2014

Umbral



     Desde los umbrales de nuestra despejada pasión me sumergí en la vorágine de tu boca. Me tentaba la miel, la carnosa fruta y mágicamente, sediento de tortura, al libar y morder tan quemante hidromiel, remé extraviado, tanteando esa resguardada dársena donde ahora anclar mi corazón.

     Esta íntima melodía, esta romántica voz que se adueña de los sendero de mi vida es tan evidente que preside todo mi cuerpo y mi espíritu. Patente lluvia que, con una sola atención, desborda torrente de amor por mis venas y ante mis ojos, entre el vaho cuajado del día a día, entre esa niebla una Venus de amanecer perfecta.

     Es un sentido desconocido que suscita tanto lágrimas de hilaridad como hondo dolor en mi seno. Y ahora en este silencio, con esta mordaza de la distancia, se evapora toda agua de la Mar creando un bajorrelieve cristalino, blanco, de Sal, mía, que a diario me atrevo a volar…. Saberme tuyo, mi Amor, me hace tan frágil y pequeño que mi corazón, a ritmo desmesurado, se propaga a dimensional, sin prisión, buscando un lugar en tu pecho.

domingo, 26 de enero de 2014

De lirio


Que habilidad


     Que habilidad, que estilo más fino, con ese donaire de esbelta espiga siembras lozanas semillas en mi mejilla. Sí, con esa tilde roja entre ópalos de miel, con ese diminuto cherry que acentuar la irresistible naricilla donde florecen los élitros carmesíes que se desbordan alrededor de las orillas de sus magnéticos ojos, me abres el ceñido cerco de mi pecho y me llevas a emprender eterno revuelo de abeja alrededor de una sola flor roja, de ensueño.

     Fiel, plena e íntegra, así te precipitas siempre, repentinamente por todo el espacio, una brisa matinal que se dilata y se confunde con el viento. Son los impulsos de tus coralinos labios los que arriban serenos tras mi sien y anegan de maravillas mis días.

     No es una simple y caprichosa proyección la que rapta de vez en cuando mi atención, sino son miles de aromáticas gavillas y cada una repleta de incontables espigas, hilos estivales de oro. O sea, es un sinfín de delicados gestos, un mar revuelto de latidos, un universo infinito, único y escondido que atesora una sola Estrella, la más bella, y que dispersa tanta tan electromagnética pasión que me da pavor de que un día, durante este desafío de la vida, se consuma en un último estertor dando todo su amor y quedando enana, oscura y fría. Tú, mi Amor, ciegas con más intensidad que la luz del Sol.

     ¿Es sencillo amar?, ¿acaso es fácil colmar el pecho con inalterables pleamares de arrobamientos e inundar el corazón con los suaves y dulces pétalos de los besos o, simplemente, disfrutar de esos trinos de pajarillos, de la polifonía de los susurros?. Advierto que la gente sistematiza enseguida sus latidos, llegando incluso a oscurecer la intensidad de su vela y, ahítos de sí, de su ego, vuela enseguida a averiguar otras distracciones, a saciarse con otros recreos e incluso a husmear entre los tactos de otros rasos engañosos. Incluso los sacerdotes lo ratifican con palabras, tratando los asuntos del corazón como si fuesen vulgares compromisos.

     Mas tu cariñoso canto reverbera en mi mente desafiando toda lógica, rivalizando contra la mismísima percepción de la realidad. Aun sean discretos estímulos, uno tras otro se propagan a raudales, como las olas de una Mar agreste, arrastrándome hacia un único rumbo, hacia el piélago de tu pecho, a ese horizonte siempre alboreado. Lugar donde estallo en deseos y en pasiones, es por el sentir tus caricias, al oír tu risa fresca, al querer, al desear locamente, tu alma. Es por todo ello, por lo que me veo incapaz de exonerar la querencia que meritas sobre un simple papel y tendré que dar una lluvia torrencial de palabras, un cauce serpentino de desesperadas declaraciones que horaden, por segunda vez, la cicatriz que sutura tu pecho. Así, mi Niña, desesperadamente lo deseo, ceñirme con apego a los latidos una Amapola abierta….

viernes, 24 de enero de 2014

Una llamada



     Que inclemente es el teléfono cuando no tintinea. Por qué no un poquito de tiempo, sólo una pizca de dulce y placida compañía. Yo, rápidamente, atendería su resonar, pulsaría sin dilación la tecla correspondiente y me detendría completamente, en suspenso, al sentir como tu cándida voz se precipita hacia mis adentros.

     Por qué no un poquito del día, tan sólo un diminuto lapso, la menudencia de unos minutos. Yo, tan pronto ciñera mi oído al auricular del teléfono, dejaría de estar ahí y me alzaría raudo y ligero, como paloma mensajera, a llevar a través del cielo toda la pasión que restalla en mi mente.

     De improvisto, al sentir tu blanca y rosada voz, tu lindo “Sí”, me infiltraría inocente, metiendo todo mi pecho, todo mi corazón loco, lubricado por el consuelo, por la reducida abertura de ese auricular.

     Me pregunto, qué más da que me desmaterialice en el aire, si al fin y al cabo me personificaré hialino tras tu cristalino. Qué importa que este extraño latir se detenga o quizás no, quizás sólo se disuelva e instantáneamente se recomponga como un arroyo de amor que se descuelga por tus cuerdas, anegando mi arrolladora alma las riberas de tus ser. Y contracorriente, tu ola peregrina, lanzada desde añil Mujer, me daría alegría y la mismísima vida, me entreabriría una melodía fina, liviana, de querubines, que me entusiasmaría el corazón colmándolo de adorable amor.

     Por qué no un poquito de éxtasis, de ventura, de dicha, sólo un atisbo de celestial sonrisa, saber que está ahí Mujer, soltando risueña sonrisa hacia el fondo de mi vida.

jueves, 23 de enero de 2014

Llevarte siempre consigo


     No, mi Amor, no puede ser que el cielo se abra en lágrimas negras, pues no hay ni siquiera exiguo segundo que no esté íntimamente ligado a ti. Incluso en esas noches limpias que el firmamento nos seduce insondable, sin Luna, y se asemeja a angustia inconsolable de miles estrellas; yo no estoy ausente, sino estoy perfectamente acoplado a cada una de ellas, como si fuese copo de plata que se asperge desde la Tierra y se siembra rutilante velando desde todos los rincones el lecho donde Tú, Amor mío, descansas.

     Grumos albos y ligeros, vaho de agua aromática y fresca que aspira a hidratar la piel del hermoso cuerpo que amo, o sino a abrigarlo como prenda íntima o simplemente a acariciarlo como sedoso forro de abrigo. Ser una niebla fina, de ensueño, un soplo que inhalas a cada momento y se deshace desnudo al pie de tu vera; siempre a tu lado, por donde caminas.

     No, mi Amor, no hay ausencia alguna, pues esta carrera de mi corazón es constante, es labor infatigable de esparcir sementera de incontables florecillas, es tender un tapiz fino, de cenizas, del amor que calcina mi corazón. Es en definitiva, Amor mío, no perderme, o sea, asir tu mano, estar siempre contigo.

miércoles, 22 de enero de 2014

Comer contigo


     Bueno, salgo de mi nebulosos planeta y vuelo hacia el centro de tu cuerpo, al oasis de tu corazón. Hoy, igual que ayer y como mañana será, me desharé hasta las uñas tallando el marmoleo núcleo de tu pecho. Así es, mellando estas rudas manos para labrar con la sangre un mensaje claro y directo, una carta de Cupido, que se clave honda y no duela.

     Tanto te Quiero que en estas horas que me dejan no me puedo distraer, ni siquiera para comer, pues mi daga de amar debe siempre llegar, en cada instante que me permiten.

     Esta flecha se debe hacer gigante, pues tu colosal corazón lo admite. Es, algo así, como si me saliese de mí, como si me fuese de este senil cascarón para acudir a la Mujer que me encandila, a esos parpados que entrecierran belleza de Casiopea, a esa perfecta silueta de niña traviesa que corresponde a todo lo que le piden.

     Sí, salir de las negras nubes de mi cabeza y, perdiendo lágrimas por firmamento, flotar sin relojes y de por vida entre la hierba de unas sola Amapola. Rociando sus sentidos con todo lo que me exijas, intentando alcanzar un sueño o, por lo menos, intentando buscar las pistas donde quieran que estén, para lograr un azar precioso;… tu Felicidad.

martes, 21 de enero de 2014

Ven


     Me azora tanto tu amor que una leve caricia de tus manos o un somero roce de tu mejilla logra enfriar la viveza de cualquier fuego. No olvido, Vida mía, la valía de tus dedos, de tus ojos o de tus finos labios. Qué prodigiosa capacidad posees que restauras todo calor, incluso en el mismísimo invierno.

    Sollozo de gozo en el sillón del salón, plaño como niño trastocando el teclado y un sinfín de veces me desvelo, o acaso es un continuo vuelo, en la abisal inmensidad de un Cielo. Ciego de tan enardecida reverberación de Mar, de su insofocable apego y su disperso azuce de luz.

     ¿Por qué me anidas dentro de tu íntima y tibia roca? acaso este corazón mendigo, que a veces se tortura desgraciado y otras es afortunado, fuga con tino dándote cálidos besos. Esquivo la nostalgia de mi faz, mi Amor, mi Niña, al perseguir tu raudo paso y advertir que ahí, a tu lado, no voy. Sabes que estos labios se agrietan sin el absorbente ahogo de tu boca, que en tu ausencia me centro tanto en el mudo teléfono que muero en ese pequeño hueco.

     Ábrete paso entre las calles, entre la insondable sima de este espacio que nos separa y cruza con valor y disimulo la fiera brasa de los ojos avizores. Ven como dócil pluma o presta flecha a concederme la lacerante miel de tus ojos, a pasear juntos y desatar los deseos de corazones amortajados.

lunes, 20 de enero de 2014

Un ratito para estar contigo



     Mi ratito de descanso y voy lozano, como si fuese a jugar al campo, tremolando a través del viento.

     Dejo divagar la imaginación e invado la calle por donde tú, mi Amor, caminas. Me mezclo con el aire y asalto ambas ceras y el paseo central, queriendo saber que vistes y que llevas, aspirando el aroma que disipan los poros de tu piel y deseando virtualizarme en besos cálidos que te turben de rubor, en cada gotita de sudor o en ser una simple y tácita caricia de amor.

     Sí, mi Vida, también quisiera estar en tu salón, arrebozados con frazada de franela; o de pie junto a la encimera de la cocina, libando el aliño que unge tus finos dedos; o arrodillado ante los maceteros de tu balcón, hundiendo las manos bajo la negra y húmeda tierra.

     Sí, Amor mí,… codicio todo el calor de tu cuerpo, el poder soñar en tu lecho acariciando y manoseando tu corazón. Velar desde dentro, en cada latido emitido, como si fuese inextirpable raíz. Hinchiendo tus venas con savia adorable, desbordando delicioso apego para que se materialice en hilaridad, para que se estremezcas de locura tu piel desnuda, matices sonrosados de ardor íntimo, de retozar hasta el amanecer haciendo el Amor….

domingo, 19 de enero de 2014

Diáfana lucerna


     Ventana que me arriba hasta sereno cuerpo, diáfana lucerna alzada en cualquier lugar y orientada a donde quiera que alboree su Belleza. Ante estos ojos de hombre niño hay abierta perenne oquedad para infiltrar mi minúsculo corazón en forma de etéreas hojas. Serán miles de cartas repletas de emotivas palabras, llenas, muy llenas de amor, las depositaré ligeramente en el seno de mi Amada.

     Me abro paso a través del espacio, cicatrizando toda angustia de no tenerte inmediatamente a mi lado, y remonto entre innegable sueño, aun estés lejos, hasta acariciar tu piel, hasta surtirme de los deseos de amar tu cuerpo.

     Enciérrame, Vida mía, en la cuenca de tus manos, en el remanso de esperanzas de robar tus besos. Cierra este anhelo que tengo de verte, pues siento que me muero si no reparo que estás a aquí, junto a mí.

     Saca de mi pecho toda vidalita romántica para que sólo manche el papel con las lágrimas de mi felicidad, sólo querencia estival que mantenga hermosa la Flor de mi vida, mi Niña, mi Amor….

Me despereza una mano tendida


      Todos los días me despereza la mano tendida de mi Mujer, me anticipa el fuego primigenio que brota a través de sus yemas, de sus laureles blancos y me vislumbra una visión que se inflama en cualquier lugar del viento.

     Desde primera hora del día aprieto la fina daga que capola mi corazón, prenso mi pecho como si fuese semilla y vacío toda la tinta mágica que llena mis venas. Caligrafío así la visión que me tutela entre la niebla, sus ornados ojos, sus vítreas formas, la orilla de sus cálidos labios e incluso la sedosa suavidad de su voz y su canto.

     Todo, mi Amor, lo hago contigo. Cada día, cuando parto, persigo ese lene revoloteo de florecillas de almendro, ese cauce que holografía claramente tu cuerpo. En cada esquina recojo tus tildados pedacitos de amor, los zurzo con celo y muy despacio, desde dentro, formo un libro de tapas de lluvia que se titula mi Niña. Justo detrás condenso esta evaporada vida que comienza con el sencillo nacimiento del amor, el 13 de septiembre de 2.010, y prosigue deshelando neveros de sentimientos con luceros de Piedra pulida, con la levísima siembra de dos florecillas, con su ara fértil y su aspergida saliva. Un tempo escrito que se abre tras la bóveda del arcoíris y tercamente transcriben que, en este mudo, eres la poesía que mantiene la ilusión de mi vida…

jueves, 16 de enero de 2014

Símil desconocido en orbe


     Papá decía que no hay símil conocido en orbe ni representado por pintor, escultor o músico, ni siquiera soñado por poeta,… que es más que estrellas, de mirada tea cegadora, un cuerpo de oro derretido, una flor fulgente como rubí y más suave que la mismísima seda.

     A la vez, tras esa franela canela, tras ese divino barro moldeado en mujer, crecía un pétalo delicado y tímido, una pepita clavada, sembrada, en un corazón canijo y perfecto, de ángel niño.

      Papa se había consumido en vaho aromático, incluso con las párpados cerrados exhalaba hervor de tan ardoroso amor. Solapado en su pecho atesoraba su adorno perfecto, lo atendía con gracia ilimitada y día tras día se deshacía en trazar líneas bellas para ella.

     Era como si los dos corazones latieran al unísono, como si de ella y de él surgieran hialinos capilares que portaran, como tibia brisa, una sola sangre furtiva.

     Papá, cuando se echaba en la cama se apretaba a la almohada, la juntaba a su pecho y hundía su boca en el fino lodo de su cuerpo humano. Un misterio, un íntimo y veraz secreto, un poder mágico que maduraba sonrisa sobre su mejilla; difícil de entender el nexo primaveral de ambas flores, de tan perladas miradas, del ensueño encerrado en sus pechos de terciopelo.

¡…qué goce, que dulzura,
que ofrenda de belleza pura!

miércoles, 15 de enero de 2014

Un ánfora pequeña



     Un ánfora pequeña, rebosante de amor, se descascarilla por fuera. Enero, estas nubes de enero dejan pasar nimio gusanillo de luz, una atmósfera fría y seca que estrangula el fino tallo de mi Flor de mayo. Mas mi ofrenda continuará bella y pura, aun sea sacada en lodo humano permaneceré tal lirio cristalino; para que goces de un iris trémulo, con su secreta dulzura.



     Desorientado me amancebaré en sueños y aguardaré a que se alce, en helénico Ponto, vestigios del levante. Continuaré, aun estés distante, bogando sin ancla, buscando reflejar, como espejo, indicios de amor verdadero,… perfecto.

     Devotamente me sumerjo en llamas que determinan mi celeste sueño para loarte, tras esta carne humillada, sobre estampas y letras doradas; de ensueños. A todas horas tu presto marinero proclama que no se extinga esa estrella que fulge en luceros de miel, para ello pionero, izaré velas blancas repletas de sentimientos y me sumiré bajo las platas aguas de la dársena de la Mar mía…

¿Será verdad o será sueño?.
Con franqueza, ¡qué más da!.
Obrar bien es lo que importa
y, tanto si fuese real
como si fuese ficción,
cuando "despierte del
efímero sueño de la
vida" estaré orgulloso
de esta ilusión, ...supe Amar.

martes, 14 de enero de 2014

Llama



     Ya fluye desleída esta granate sangre, ya no es negra ni espesa, sino rezuma de nuevo como valioso vino añejo. Linfa, espantada de lo rancia y viscosa que fue, brota ahora tal si fuese la de un caballo joven que corre huyendo de su sombra. Excarcelada abandona la entraña que lo reviste con una única ilusión, liberarse como pajarillo rojo para batir las alas entre los floridos campos de exuberantes encinas y blancos almendros. Para recalar intensa, como la antorcha de la pupila del piélago otoñal, sobre las velas de los risueños barquillos de papel que flotan incontables en la Mar de su pecho.

     Tú, tus pétalos de fuego, funden todo sentimiento, aun fuesen de aceros, y me llevan a acometer con ilimitados revuelos de palabras la Estrella crepuscular que fulge en mi firmamento.

     Mi Vida, soy un escorpión rodeado de ardor, abrazado por una Flor encarnada, te envenenaré de amor eterno, me punzaré este corazón sólo tuyo, de lirio, hasta naufragar inmarcesible en el litoral de tu cuerpo.

lunes, 13 de enero de 2014

Melados faros


     Miro en mi oscuridad de sentimientos tristes y veo una claridad, no una fulgidad cegadora sino, más bien, un resplandor acogedor. Es lámpara que luce con intensidad distinta, haces a chorros que me inundan de claridad y serenidad; tu incandescente entrega y mi espeja refulgencia.

     No cesará la intensidad de la Luna, aun solloce en el nostálgico lecho de la noche, porque no habrá pizca de olvido y ni siquiera habrá cabida para otra alma en mis gemidos. Sólo el estoico faro de esas dos melosas puertas, para que yo entre ahí, en ti, viéndome tras tu mirada, permanecer siempre acunado en tu pecho. Sin dudas, ni siquiera titubeos, tomándote las manos, acariciándote los labios, besándote la boca con huracán de sentimientos….

domingo, 12 de enero de 2014

Cesó la Luna


     Cesó la Luna y de repente, sobre mí, resbaló no el tibio temblor de sus alas de Ángel sino el roce de sus yemas sobre la piel de mi cara. No sé si fue un sueño el que me desamordazó de la soledad o fue, en realidad, el verismo y vehemente cariño que propaló su mismísimo corazón, esa auténtica mansedumbre que cada noche al recogerse me expele su dulce boca. 

     La neblina hialina iniciada en las orillas de sus labios es la que, como de costumbre, se abre como libro alado inundado mi pecho de romántica lírica. Una calígine de mano tendida es la que me lleva contigo. Es tu educada pluma la que reclinas en mi alma, caligrafiándola de espejos sentimientos. 

     Anuda, Vida mía, mis brazos a tu cintura, haz que el arrollo desbordado de nuestro amor sea un cauce fino de saliva. Juntemos estas dos orillas con un beso eterno de pasión;… déjame que entre en ti tal como tú entraste en mí, para estar siempre ahí, invadiendo tu edénico cuerpo.

viernes, 10 de enero de 2014

Fidedigno remero


Un fidedigno remero
que se agosta entero
en la Mar que quiero.

No dejes que se ahogue,
si acaso que naufrague
en tus infantes senos.

Soy un adamado fileno
que tras libar empalague
de dulce piel, se mengua
y se desespera exangüe
ansiando infinitos besos
**fundirse en tu cuerpo**

jueves, 9 de enero de 2014

Unas hojillas en el suelo



     Unas hojas en el suelo, escasas e indefensas, y casi ninguna en los árboles. Intentan dar su último hálito de aire, mas, con un airecillo imperceptible, se sobresaltan y se desprenden, y van flotando a merced del viento hasta postrarse abiertas e inmóviles a los pies de mi Amada. Han detenido su respiración para sentir si tú, mi Vida, las anhelas, si tú resuellas por ellas.

     Duermevelas de las aceras secas de sueños inacabados, se abandonaron en el seno del aire ansiando volar como verdes alevillas, pero cuando sintieron el tibio temblor de tus pasos deshabitaron las ramas del árbol en busca de la piel de tus pies. Cientos de espejillos marchitos que luchan por ser máscaras de una faz perfecta, se empapan de rocío y aguardan a que pase flor trasplantada en camino. Ser bellas como ese talle florido y dulces como esa rama canela, es el placer de sentir a esa Mujer, las serena de quietud, las empequeñece ahogadas de placer….


     Párvulas en el suelo presiente su hervor en la avenida. Se acerca ese Borbotón de calor que emerge del suelo como sábana y se desliza tupidito de amor, se asemeja a huesos cubiertos de ensueños, esqueleto embebido de viscosa ternura. Su nuca, sus manos, el vientre que engendro vidas, … de repente se desmiembra por el aire e invade sin óseo armazón cada rincón.

     Las humildes hojas, como yo, desperezan en gloria y casi sintiéndose morir la reverencian llenas de dicha. Se nos escapa el alma sedienta, hambrienta, deseosa de ser quemada con el tacto de su piel, el roce de sus labios y la caricia de sus manos. Jirones en mi alma de niño que se marchita clorótico, como harina, aguardando el milagro que hace el horno del corazón de mi Mujer.

miércoles, 8 de enero de 2014

A la orilla del Salor


     Una pastorcilla a la orilla del Salor, delicada y de menesteres olímpicos. Así es, una vencedora del tesón, insuperable en sabiduría, sobresaliente en el arte culinario y descollante en toda labor doméstica; y muy afable. Diríase un súmmum de la docilidad, que moldea a una recua fuerte, un rebaño decente e impecable, con asepsia en los valores éticos y morales. Pastorcilla liviana y nada draconiana, que educa con dulzura colmenera, esparciendo en su aula seminal primavera de aroma maternal.

     La amo y en su pecho, aun no fuese el primero, puse mi masculina mano. La posé dócil y creció fértil, como sembrada en parda tierra extremeña, alzándose lírica, como bardo antiguo y foráneo. El porqué, porque su cuerpo es de arcilla más fina, diríase de sedoso polen de canela y su linfa de tinta cálida, más poderosa que la savia de una encina, y tan solícita en la habilidad de amar que caligrafía inmaculada poesía en mis sueños; por eso, por Ella, mi Amada, crecí exuberante.

     Ahora, con estos baladíes trazos, la quiero sobrecoger. Sí, la he de hechizar para que advierta cuanto La Quiero. Para ello enterraré bajo su sesgado pecho mis dedos ruiseñores, juntándolos tal si fuese un bol de barro pulido y asiendo y amparando su corazón como a un recién nacido. Así su bonita mejilla se pintará de tibio rubor y sus ojos lucirán como esplendoroso cielo…. Es mi oficio en la tierra, ser vampiro de sus labios y no poseer miaja de tiempo libre pues todas mis yemas las debo agrietar moliendo inimaginable felicidad en la entraña de mi amada, y mi garganta la he de secar rociando, día tras día, sensibles elogios para Maestra pastora de niños….

martes, 7 de enero de 2014

Qué hago aquí



     Que hago aquí, en Badajoz. Llevo toda la mañana y aún me queda la siesta, sin echar la cabeza, y la noche, hasta bien entrada. Me enmoheceré con la humedad del mármol frío e, incluso, me cubriré de herrumbre reumática mientras aguanto a que se agote la jornada.

     Deseo partir hacia el lado de mi pequeño rey, a cenar juntos y a acostar en el laxo placer de tus sueños.

     Ahora, mientras aguardo, he de arrollarte con felicidad. Con el río copioso y desbordado que emana de mi cuerpo. Un cauce de amor salvaje, que nace en mi pecho y desemboca en albufera de marfileña piel, donde tú, mi Amor, sabes y me aceptas.



     Apoyar mi mano sobre tu piel, sobre el fino y bello tisú de tu pijama, y en paz, con un par de besos, caer rendido a los pies de ese corazón al que me he rendido.

lunes, 6 de enero de 2014

El que trajo su majestad Baltasar



Tras un millar de mensajes, otro regalo.
Me desnudo tal Adán, no con una hoja
de tantas, sino con el laurel que desalo
en este soneto que en tu noche se aloja.

Versos de amor, fugitivos y esclavos,
baladíes tránsfugas de esta boca roja
que se anclan al asilo de luceros flavos.
Un vals celeste para que tú lo acojas.

Estimo que en oscuro desván del cielo
un lirio espera que quiebre su cintura,
que caiga extenuada en dulce sueño.

No, sin que antes, esos labios de locura
me den la ambrosía que más quiero,
su saliva hialina, de la luna más pura.

Esmeraldas



Yo pagaré con lágrimas de esmeralda
la hilaridad con la que deseo halagar,
Sufragaré con este llanto que resbala
de mi cara el afán de beber paladar

Me haré el hondo tajo que despalda
mi piel hasta el corazón embargar.
Añorándote me laceraré esta alma,
tuya, hasta ceda exangüe de amar.

Peregrino de la encina y del trigo oro,
vagabundo de un camino, de una flor
tan sólo pido ese candor de tu amor.

Agraciadme con su espíritu incoloro,
con inmarchitables poros que adoro
de los que deseo ser loco agrimensor.

A cambio de agua para Melchor


Qué queda tras esta arquitectura, 
en esta hueca torácica de huesos, 
sólo carne y sangre o la diástoles 
de ciega pasión por la literatura. 

Por dentro soy susurro de árboles, 
una dicción traslúcida de ternura, 
el perenne arrullo de la dulzura 
de tu voz, de tus ojos de ensueño. 

Ahora estimo que necesito el verso, 
no el helado que engendra el tiempo 
sino el inmarcesible que dan tus besos 

Poseo nuestra cédula, tatuado impreso 
que firmaste con un estremecimiento
en mi corazón, en mi cuerpo reverso.

domingo, 5 de enero de 2014

Sino


     Por fin amainó el temporal y ahora que no le quedan fuerzas al viento para dispersar esta ligera hoja de delirios voy a derramar sobre ella una brisa de fantasías. Me lo clama en susurros una Mar dispersa en la atmósfera, un rumor que flota en el ambiente y que descarga todo peso de mi cuerpo. Me, Amor, alivia destaparme el pecho y deshidratarlo a través de mi mente; hablar a la Mar con total sinceridad y declamar que sólo tú, siempre fiel, humedeces esta verdad que nadie conoce, este fin que, sencillamente, es tan sólo de amor.

     Aquí pues prosigo, perenne en esta quietud respirable, intentando dar algo de lo poco que sé dar. Quizás sea fina pincelada púrpura o sea ridículo trazo de descarnado carmesí, mas deseo estancar mi sino, algo insolente, en este sentir que nos posee. Arrancando sueño de mí y sólo, tan sólo adueñándolo en tu profundo sentir…

sábado, 4 de enero de 2014

Extraordinaria nuececilla



     En todo lugar de mi cuerpo hay extraordinaria nuececilla, tierna gema que al germinar prende firme creando parcela única. Sé bien, que esas semillas sembradas en mí, solamente tuyas, se alza en fiesta dentro mi corazón embelleciéndolo de festones vivos, son briznas entrevetadas y ribeteadas que al tremolar lo dilatan singularmente como una Amapoleda señera de Amor. Es la fronda fresca dentro mi corazón la que al exhalarla hiere con tal profundidad el viento que no queda parte alguna sin llorar Pétalos bermellón.

     Hoy tu inimitable pupila se abre desde el cielo como Arroyo niño empapando el suelo. Esa Fuente serena de Brozas que se desprendió despacio en la niebla, como mano roja de primavera, de sangre, con mirtos de azucena y luceros de miel cala hasta el agua de Arroyo niño; de Fuente serena.

     Añejas serán estas letras, mas, si yo lentamente te las soplo, las sentirás como una boca sedienta de sabor dulce limón, y te estremecerás, tanto despabilada como entre velada, quebrando la concha cristalina de tu tierna pasión embotellada.

     Sé que el anillo que rodea tu cintura es la agua hialina de la Mar tranquila; me la bebo, aun lejos estés, esa poesía que es rima y repica en olas de amor dentro de esta caracola… Yaceré a la orilla de tus pies, esta concha ermitaña dorada de luz, salpicada de seda,… un lirio de miel para una Colmena. Iré a diario allá, a depositar aroma dulce de romero, allá a mi bella Estrella que reverbera enfrascada en el piélago de la Mar.

      ¿Será mi amor añejo?, sé que esta alma mía sólo tuya, la que trazo con pluma, a diario revuela párvula hasta mi Arroyo niño. Espíritu rorro al viento para pétalo Maduro bermellón, rasgando la hojarasca seca, empapando de exangüe amor a mi Fuente serena.

jueves, 2 de enero de 2014

Este invierno en cada rincón


Este invierno en cada rincón
hallo un nombre bermellón,
se hilaza lejano, ramificado,
como escarcha en el cristal.

Es hielo rubí de ninfa mistral
que se deletrea, letra a letra,
entre cirros del firmamento;
un partitura llena de aliento.

Se desploma tan álgida y real,
son pequeñas lágrimas del añil,
del celaje, de su bóveda perfil,
luz de dos luceros de miel, soles,
estrellas de abril que tibias brillan
y toman de índigo el cielo invernal.