martes, 14 de enero de 2014

Llama



     Ya fluye desleída esta granate sangre, ya no es negra ni espesa, sino rezuma de nuevo como valioso vino añejo. Linfa, espantada de lo rancia y viscosa que fue, brota ahora tal si fuese la de un caballo joven que corre huyendo de su sombra. Excarcelada abandona la entraña que lo reviste con una única ilusión, liberarse como pajarillo rojo para batir las alas entre los floridos campos de exuberantes encinas y blancos almendros. Para recalar intensa, como la antorcha de la pupila del piélago otoñal, sobre las velas de los risueños barquillos de papel que flotan incontables en la Mar de su pecho.

     Tú, tus pétalos de fuego, funden todo sentimiento, aun fuesen de aceros, y me llevan a acometer con ilimitados revuelos de palabras la Estrella crepuscular que fulge en mi firmamento.

     Mi Vida, soy un escorpión rodeado de ardor, abrazado por una Flor encarnada, te envenenaré de amor eterno, me punzaré este corazón sólo tuyo, de lirio, hasta naufragar inmarcesible en el litoral de tu cuerpo.

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