Bueno, salgo de mi nebulosos planeta y vuelo hacia el centro de tu cuerpo, al oasis de tu corazón. Hoy, igual que ayer y como mañana será, me desharé hasta las uñas tallando el marmoleo núcleo de tu pecho. Así es, mellando estas rudas manos para labrar con la sangre un mensaje claro y directo, una carta de Cupido, que se clave honda y no duela.
Tanto te Quiero que en estas horas que me dejan no me puedo distraer, ni siquiera para comer, pues mi daga de amar debe siempre llegar, en cada instante que me permiten.
Esta flecha se debe hacer gigante, pues tu colosal corazón lo admite. Es, algo así, como si me saliese de mí, como si me fuese de este senil cascarón para acudir a la Mujer que me encandila, a esos parpados que entrecierran belleza de Casiopea, a esa perfecta silueta de niña traviesa que corresponde a todo lo que le piden.
Sí, salir de las negras nubes de mi cabeza y, perdiendo lágrimas por firmamento, flotar sin relojes y de por vida entre la hierba de unas sola Amapola. Rociando sus sentidos con todo lo que me exijas, intentando alcanzar un sueño o, por lo menos, intentando buscar las pistas donde quieran que estén, para lograr un azar precioso;… tu Felicidad.

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