Mi ratito de descanso y voy lozano, como si fuese a jugar al campo, tremolando a través del viento.
Dejo divagar la imaginación e invado la calle por donde tú, mi Amor, caminas. Me mezclo con el aire y asalto ambas ceras y el paseo central, queriendo saber que vistes y que llevas, aspirando el aroma que disipan los poros de tu piel y deseando virtualizarme en besos cálidos que te turben de rubor, en cada gotita de sudor o en ser una simple y tácita caricia de amor.
Sí, mi Vida, también quisiera estar en tu salón, arrebozados con frazada de franela; o de pie junto a la encimera de la cocina, libando el aliño que unge tus finos dedos; o arrodillado ante los maceteros de tu balcón, hundiendo las manos bajo la negra y húmeda tierra.
Sí, Amor mí,… codicio todo el calor de tu cuerpo, el poder soñar en tu lecho acariciando y manoseando tu corazón. Velar desde dentro, en cada latido emitido, como si fuese inextirpable raíz. Hinchiendo tus venas con savia adorable, desbordando delicioso apego para que se materialice en hilaridad, para que se estremezcas de locura tu piel desnuda, matices sonrosados de ardor íntimo, de retozar hasta el amanecer haciendo el Amor….

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