domingo, 26 de enero de 2014

Que habilidad


     Que habilidad, que estilo más fino, con ese donaire de esbelta espiga siembras lozanas semillas en mi mejilla. Sí, con esa tilde roja entre ópalos de miel, con ese diminuto cherry que acentuar la irresistible naricilla donde florecen los élitros carmesíes que se desbordan alrededor de las orillas de sus magnéticos ojos, me abres el ceñido cerco de mi pecho y me llevas a emprender eterno revuelo de abeja alrededor de una sola flor roja, de ensueño.

     Fiel, plena e íntegra, así te precipitas siempre, repentinamente por todo el espacio, una brisa matinal que se dilata y se confunde con el viento. Son los impulsos de tus coralinos labios los que arriban serenos tras mi sien y anegan de maravillas mis días.

     No es una simple y caprichosa proyección la que rapta de vez en cuando mi atención, sino son miles de aromáticas gavillas y cada una repleta de incontables espigas, hilos estivales de oro. O sea, es un sinfín de delicados gestos, un mar revuelto de latidos, un universo infinito, único y escondido que atesora una sola Estrella, la más bella, y que dispersa tanta tan electromagnética pasión que me da pavor de que un día, durante este desafío de la vida, se consuma en un último estertor dando todo su amor y quedando enana, oscura y fría. Tú, mi Amor, ciegas con más intensidad que la luz del Sol.

     ¿Es sencillo amar?, ¿acaso es fácil colmar el pecho con inalterables pleamares de arrobamientos e inundar el corazón con los suaves y dulces pétalos de los besos o, simplemente, disfrutar de esos trinos de pajarillos, de la polifonía de los susurros?. Advierto que la gente sistematiza enseguida sus latidos, llegando incluso a oscurecer la intensidad de su vela y, ahítos de sí, de su ego, vuela enseguida a averiguar otras distracciones, a saciarse con otros recreos e incluso a husmear entre los tactos de otros rasos engañosos. Incluso los sacerdotes lo ratifican con palabras, tratando los asuntos del corazón como si fuesen vulgares compromisos.

     Mas tu cariñoso canto reverbera en mi mente desafiando toda lógica, rivalizando contra la mismísima percepción de la realidad. Aun sean discretos estímulos, uno tras otro se propagan a raudales, como las olas de una Mar agreste, arrastrándome hacia un único rumbo, hacia el piélago de tu pecho, a ese horizonte siempre alboreado. Lugar donde estallo en deseos y en pasiones, es por el sentir tus caricias, al oír tu risa fresca, al querer, al desear locamente, tu alma. Es por todo ello, por lo que me veo incapaz de exonerar la querencia que meritas sobre un simple papel y tendré que dar una lluvia torrencial de palabras, un cauce serpentino de desesperadas declaraciones que horaden, por segunda vez, la cicatriz que sutura tu pecho. Así, mi Niña, desesperadamente lo deseo, ceñirme con apego a los latidos una Amapola abierta….

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