Que inclemente es el teléfono cuando no tintinea. Por qué no un poquito de tiempo, sólo una pizca de dulce y placida compañía. Yo, rápidamente, atendería su resonar, pulsaría sin dilación la tecla correspondiente y me detendría completamente, en suspenso, al sentir como tu cándida voz se precipita hacia mis adentros.
Por qué no un poquito del día, tan sólo un diminuto lapso, la menudencia de unos minutos. Yo, tan pronto ciñera mi oído al auricular del teléfono, dejaría de estar ahí y me alzaría raudo y ligero, como paloma mensajera, a llevar a través del cielo toda la pasión que restalla en mi mente.
De improvisto, al sentir tu blanca y rosada voz, tu lindo “Sí”, me infiltraría inocente, metiendo todo mi pecho, todo mi corazón loco, lubricado por el consuelo, por la reducida abertura de ese auricular.
Me pregunto, qué más da que me desmaterialice en el aire, si al fin y al cabo me personificaré hialino tras tu cristalino. Qué importa que este extraño latir se detenga o quizás no, quizás sólo se disuelva e instantáneamente se recomponga como un arroyo de amor que se descuelga por tus cuerdas, anegando mi arrolladora alma las riberas de tus ser. Y contracorriente, tu ola peregrina, lanzada desde añil Mujer, me daría alegría y la mismísima vida, me entreabriría una melodía fina, liviana, de querubines, que me entusiasmaría el corazón colmándolo de adorable amor.
Por qué no un poquito de éxtasis, de ventura, de dicha, sólo un atisbo de celestial sonrisa, saber que está ahí Mujer, soltando risueña sonrisa hacia el fondo de mi vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario