lunes, 31 de diciembre de 2012

Un Espejo



     Buscando un espejo para hallar a mi Princesa; tiene que ser único, que no sólo refleje su imagen, que no sirva sólo para vislumbrar lo hermosa que es su cara, su pelo corto castaño, su abierta mirada; quiero que exprese más, que ahonde en lo maravillosa que Ella es.

     Ni quiero ni puedo tomarme un respiro, quiero aislar su imagen en un lugar apartado, libre de ruidos, allá donde todo es mágico, donde surgen los brotes más tiernos, donde el agua nace más que cristalina, donde el cielo es de azul índigo y el suelo níveo y mágico.

     Ahí trataré de recordar los espejos que leí en mi infancia, esos cuentos que durante horas me hechizaron. Donde yo preguntaba a alguien que ahí residía, a un personaje de voz grave, muy sabio, algunos con alas y otros flotaban sin apenas hacer esfuerzo y todos eran sinceros, serios, misteriosos y místicos; yo los sentía, los veía y los miraba, como cuando me quedo atónito, ante la ventana que me separa del frío, con las gotas de lluvia que por ella resbalaban.

     Sentarme frente él, como un adolescente que busca su sino, que se afana por soñar un sueño magnífico, por flotar en un estado de laxitud similar a estar dormido, donde mis pupilas reflejen tu belleza canela, vestida de negro y con pañuelo violáceo. Sin decir palabra alguna pues, nuestros corazones tan juntos, tan sólo asiendo las manos o cruzando la mirada, transmiten el sosiego y la serenidad del cariño.

     Quizás ya sea mayor para esta fantasía de niño, pero yo quiero ir más allá, necesito para ti, mi Niña, hallar algo especial. Así que agudizaré mirada curiosa y brillante e indagaré hasta asombrarme con la magnificencia de incluso lo más minúsculo. Sentir que estoy vivo para ti, hallar espejos en cualquier tramo de la calle, en las esquinas, en los escaparates, bajo la luz de las lámparas de mi casa o a través de la ventana.

     Feliz en esta aventura que cada día se me alza desconocida, por dudar, Amor mío, si me quieres y así volverte a enamorar. Cada paso que dé tiene que generar en mi sien un eco entrañable que haga crujir tu corazón. Convertir el espacio de mi pecho en una fábula para los dos, un patio de tierra, con cerezos y limoneros, con jazmín fragante que deshoje pétalos blancos, que deslumbre con irisentes tonos infantiles, donde me olvide, Amor mío, que ya no busco nada más.

     Francamente, mi Vida, tu eres mi espejo de ensueño, sí, el hermoso espejo que veo en toda dirección. Sonrío, Espejito mágico mío, entre trino de pájaros o, quizás sean cascabeles en mi alma; he hallado la felicidad, lo que en vida ansiaba, un tesoro de Mujer, mi gran Amor.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Hasta dentro de un ratito mi Amor



     Ya estamos preparados, ahora a comer con mis hermanos y después, tras despedirnos, partiremos tranquilamente hacia la sierra. Llevo de todo, ropa de abrigo, comida o, más bien un bodegón, la cámara de fotos, una libreta para José y otra para mí… y ganas de estar a tu lado.

     Te imaginas, en esa planicie blanca, en donde nada fermenta por la ausencia total de calor; una marisma nívea, ausente de todo olor acre, sólo el silencio y el denso frescor. Sellar una carta ahí, donde nadie osa escribir, en ese cenador cristalino brindar contigo y en éxtasis de amor despedir el año, entre rayos cegadores que sobre la nieve caligrafían centellas de cuanto te quiero…

     Petrificaré mi mano, no por el frío, sino por perfilar tu nombre: mi Amapola. Me cegaré, no por los huecos de luz que atraviesan ese cúmulo que como sombrero que apoya sobre la cima, sino por el asombroso destello que surge del crepúsculo de tus ojos, esa lava puntual que emerge de tu corazón y es mía, sólo mía.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Una Voz dorada


     Una voz dorada, una mano doncella (con un pulgar obesito que, para acabar sanito, necesita mis besitos) y una pradera que es sino el cuerpo impecable de mi Mujer. Lo recalco con estas palabras, mi obsesión vivir para nuestros sueños, para conservarlos y hacerlos realidad. Quiero atenderlos a todos, tal como lo mereces y en la medida que me sea posible.

     Es por ello, Amor mío, por lo que poseo este mareo y no es nada de cervicales, ni agotamiento, ni siquiera flacidez, sino es la insaciable pasión que me infunde tu descomunal entrega. Tan cargado estoy de cariño que la ilusión me lleva a flotar como telaraña deshilachada y, cuando duermo, a volar como rapaz nocturna que se alza a la búsqueda de tu espejismo y, cuando te hallo, me hundo cónico, sin vértigo, a acolcharme entre tus mimos.

     Pleno me conduces, me agudizas los sentidos y me llenas la vida, tupiéndola de querencia. Como gavilla, atas bajo mi piel manojos de amor, el que impele tu formidable Corazón, junto a haces de arte, el que ahora nítido tú despliegas ante mis ojos. Es una colección digna y divina que coloco con celo en sobre los anaqueles de mi pecho. Lo que percibo de ti, mi Niña, mágico, titánico, me hiendes como bala, me envuelve ingrávido y todo lo absorbo como esponja. Después lo atravieso en el cráneo, lo miro y lo remiro, lo pienso y, con la suavidad que mereces, te lo devuelvo escrito.

     Hoy he ido a donar sangre, pues busco debilidad para aún flotar más. Te necesito tanto que quiero divagar contigo, Princesa, perderme por los montes o por las riberas, y allá tomar flores que sean merecedoras de tu donaire o alevillas que con primor coloque sobre tu mejilla. Invadiré el firmamento, beberé de fuentes y alcanzaré el confín ostensible y todo por buscar lo exuberante, el brote que es verso, la crisálida que adolece prosa nostálgica…

     Mañana voy a comer con mis hermanos en el restaurante de la montaña. Después, cuando marchen, quiero ir a la Sierra de Gredos, a Hoyos del Espino, a pasear con los crampones y los bastones por el otero esmeralda. No sé si llegaré a las ladera de mi Galana, mas Amada mía ante tus esmaltados pies estaré.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Qué tal estás Amor mío


     Qué tal estás Amor mío, ¿bien?. Te han sacado a bailar tus hijas, has cantado… has dormido, has soñado. Yo en mi extensión de humilde vela, he surcado una y otra vez tu tersa piel, con la ayuda de tus alisios, vientos de ensueño que me envuelven durante todo el día, he recorrido cada arrecife de tu cuerpo. La inmanente brújula de mi pecho sólo me orientaba hacia los hermosos corales que cobijas en tu corazón. Las olas embravecidas de mi boca rompían mis carnosos belfos y deseaban con ansiedad explayarse en el remanso de tu cielo, acariciar el dique de tu lengua.

     Sí, me es tarea fácil coger el astrolabio y, con el horizonte de tus labios y los ostros de tus ojos, saber la salvaje inclinación de mi corazón. Este humilde bajel, en su carta de navegación, sólo trascribe a una Rosa Perfecta de cuatro vientos y en su diario de a bordo, día y noche, se dilata y revela cuan enamorado está; soy loco marinero que se asombra con los inagotables tesoros que halla en cada poro de tu glorioso cuerpo.

     Náufrago, mi Vida, naufrago por un huracán que brama desde lo profundo de bellísima Mujer hasta lo más hondo de mi ser. Me estremezco hasta en las yemas de mis dedos, pues la carta que siempre te escribo la percibo como carta astral que cifra un hado contigo. Sabes que repaso cada párrafo, que corrijo el rumbo hasta que ubico mi voz, tu lectura, en lago de nenúfares, que en el centro de esa laguna ancla un lirio, que se sumerge, que se ahoga cantado, se distiende y se diluye en agua de azúcar, de sal, de limón y de ambrosía. Sí, mi Amor, mi destino es desleírme en el temblor de tu vientre, por el halo profundo de tus luceros, entre la niebla que exhala el volcán de tu pecho, en caricias sobre tus tersas piernas…, sí desleírme como mariposa sobre tu sedosa mejilla, con miedo libando levemente tu sombríos párpados, hundirme en tu corto cabello, vaporizarme sobre tu candente espalda y morir en el maremoto de tu boca, al morder la dulce pulpa de tus labios.

     Me duele no intercambiar saliva, no impregnarme a diario con tu mirada. Me desquicia no asir tu mano, no seguir el caminar de tus talones, no retirar tus zapatos y masajear con mis labios tus pies cansados. Me duele no escurrir mi boca en tus muslos, en el final de tus piernas, no poder nadar todos los días sobre la bahía de tu cuerpo, entre tus enajenantes senos, degustarlos así de naturales… Sabes, no es secreto, que los persigo en sueño y este mi imprime sollozo de amor, loco por ti, mi Niña.

     Quizás, si acerco lentamente mis labios a tu lóbulo, evites el escalofrío y sientas mi respiración, escuches tu caracola en tu oído, gemido reflejo y húmedo de tu Mar. Mi Amor, sí es tu Mar en mi pecho, tu Marea en mi corazón, tus Aguas son las que conmueven la gruta de mi ser… Estremeces cada poro de mi insurrecta piel tan sólo con un ligero pensar en ti….

     Esperaré, mi Vida, esperaré semanas, meses o eternidad, esperaré el indicio de rama de olivo, de mensajera paloma que me indique hacia donde tengo que remar, en donde emerge tu desnuda piel. Y ulularé, como jamás lo ha hecho una caracola; sextante llévame hacia lo profundo de esas pestañas, hacia las ventanas de esa naricilla, bajo esas arqueadas y finas cejas.

     Si hace falta romperé el mástil de mi existencia con vientos huracanados, que me desligue de mi cuerpo y alcance en sueños a la Estrella que me mantiene con vida, mi guapísima Casiopea.

martes, 18 de diciembre de 2012

Deshojar


     No debes tirarte hasta altas horas de la noche deshojando la pila de papeles, de noche tienes que desengranar el frenético ritmo, desenchufar el combate que hacina pasto desordenado hasta el techo de tu cabecita. Además, ten en cuenta que una simple chispa puede prender tan hermosos templo.

     Así que, por favor, migra temprano a mis brazos, abre las cancelas y evádete en vuelo de los muros donde se hacinan los carros de quehaceres. No quiero que tengas pesados sueños que te debiliten mientras duermes, debes de cerrar los postigos de tus ventanas y disfrutar tras tus sedosas cortinas de tu lechoso lar. Tan sólo que, por las grietas o hendiduras de tus párpados, penetren haces de luminoso cielo azul e hilos de aire fresco de cimas blancas.

     Enrédate como trepadora en mis recios brazos, holgándote como gaviota de los altos vuelos, sesgando el cielo y punzando las nubes…; Mujer mía, de carita pulida, sueña ordenada y abierta con manadas de ovejas aborregadas por el cielo, con los flancos de tus alas que tremolan libres por el firmamento.

     ¡Oh!, Amor mío, de noche ven, viaja con tu corazón a mi pecho, a esta cigüeña negra que se mordisquea las uñas ansiando solazarse en el lecho de tu cielo…

sábado, 1 de diciembre de 2012




     Sé, y además lo tengo por muy seguro, que por ti soy ¡el hombre más feliz del mundo!. Hoy de nuevo tomaré la senda hacia Aliseda, pero ahora es muy distinto, pues empiezo aquí, no como obligado quehacer sino porque ¡el amor me inunda! y me colma de armonía. Y es que, mi Niña, cuando estoy sin ti, o yazco sin escribir, o sin hablar por teléfonos el caos, que se apodera de mí, enturbia mi corazón y arrampla contra mis uñas.

     Lo he de escribir así pues, hasta conseguir tu sonrisa o escalofriar tu piel, me agrada pungir tu estado de ánimo, tu hermoso corazón. Y pensar que antes este cofre de huesos que tengo por pecho era pequeño y contenía sólo naderías y ahora asilo inimaginable locura de incalculable valía, pues empapado de amor amparo la felicidad de quien maneja mi vida.

     No pudo caer nunca, esta quilla debe enarbolar siempre la loma de tu Mar, Amada mía. Hendiré tus olas y me sumergiré en tus sentimientos, hasta oxidar la férrea sangre que corre por mis venas y así descomponerla en tinta para tatuar tu corazón de cariño imborrable. Sí, a diario machacaré mis herrumbrosas arras hasta conseguir tinta roja de sedosa textura, después untaré mis flechas de Cupido, la lanzaré al vuelo y certera las clavaré en tu pecho; caligrafiaré en tu cuerpo los sentimientos que emanan de mis entrañas. Lava roja de fuego que, sin quemar, anega mis venas, cálida brea que sólo tiene el fin de curtir la leña caoba de mi bellísima Colmena.

     Mi Amor, haz un esfuerzo y trepa mañana por mi cuerpo, estimula mi boca y ahoga mi garganta; funde este temblor de frío que ahora se obstina en detener mis manos…. Tengo la premonición de si continúo como araña tejiendo telar para Reina, mañana el insolente Sol rubio hará sombra a los dos juntos paseando por las otoñales riberas del Salor. Tu tacto, tu mida, el pulso de tus sentimientos y el aroma húmedo que satura el aire, el áurico color que tapiza el campo y el graznido melódico que se disuelve al azar por el entorno; quieres mi Amor, quieres que paseemos juntos y así de tus labios pruebo el riquísimo….

Hola mi Amor



     Hola mi Amor, aquí estoy extrayéndome todo el aroma que puedo, cuajando de sí cremosa ternura, clamaré gemido escrito hasta haberme herido el corazón de requesón curado.


     Como fiera me regocijo por pacer en tersa majada caoba, por adolecer las especias de sendos oteros del pecho, por empapar mis yemas en el cauce cristalino de insondables bellezas, casi azabaches, y por saciar mi sed mordiendo las riberas de tu boca. ¡Oh!, mi pastora como desearía plantar mi mano sobre tu cuerpo amado, de segar la mies esmaltada que cubre tu hermoso cuerpo.

     Derramaré la dulce miel de pistilo de lirio, hasta la última gota, para engalanar la corola de mi Amapola. Deseo ebriarme de pasión de por vida hasta morir mensajero diciéndote, Amada mía, cuanto te quiero.

martes, 20 de noviembre de 2012

Felicidades mi Niña


     He de tener un corazón inteligente y asumir con integridad los errores que cometo así que, si se me cae una piedra, no he de esconder la mano. Puedo asumir que me perdonas pues de mi boca brotan palabras al azar, igual a las plantas que crecen de forma inesperada. Seré, Amor mío, más comedido, hortelano que escudriñe cada ápice que eclosiona en forma de voz, procurando hacer un vergel con la mies que disemine al aire.


     Una equivocación en lo impreso es más miserable e imperdonable; si tropezara de madrugada, en plenas facultades, me vería impotente, mate, y tendría que pedir ayuda para levantar. Me abrumaría mezquino, cabizbajo día tras día, dejando que el sarro carcomiera mi columna…, jamás me podría mirar al espejo y el dolo me mataría.

     Contigo, mi Niña, debo ser sumamente honrado, increíblemente grato e invertir cada segundo de mi vida en lograr un único deseo: ser tu maravilloso Amor. Así que no puedo escoger metáforas que generen híbridos simples ni textos deslucidos, sino he de elegir semillas puras o, si acaso, mixtura reestudiada de índole artística que se alcen como cíclopes y te abracen frondosos y frescos. Un cántico loco, mágico, incluso a nivel cuántico, que hechice cada rincón de tu corazón hasta el punto de pulirlo en vivo, desentrañar cada mácula que lo desluce y tallar la gema en bruto que eres, sacar el inconmensurable diamante que amparas en tu pecho.

     Mi Niña, cuando leo tu texto me ciego en haces de esmeralda, me ahogo en fuente de aguas de Juvencia; cuando suena el teléfono me descorchas el alma como achampanado volcán de oro, plata y platino y corro hacia ti, Vida mía; y cuando te escucho o estoy a tu lado, me descubres el significado de la luz de Galilea y a tropeles surgen mis emociones, geiseres de palabras de un corazón indómito que loa a bellísima Mujer, allá donde esté me postro a ti, mi Meca de Amor; y si me besas, mi Niña, sueño despierto y me torno universo de leyes propias, evadiendo todos los confines de lo conocido, tu Luz que penetra en mi vida y transforma todo lo relativo a realidad a belleza inadmisible.

lunes, 19 de noviembre de 2012

A dormir


     Bueno, voy a seguir aserrando espinos para hacer picón y a la noche, en el sillón, sobre mis piernas y cubierta hasta el cuello, mecernos abrazados y calentitos. Además, del cobre de ajo que cuelga del dintel de la chimenea, cogeré dos cabezas hermosas para asarla a fuego lento en el brasero y con un chusco de pan tostado cenaremos templando las manos.

     De postre, mi Vida, desgranaré en un cuenco de barro los rubíes rojos de una granada madura, bañados con un vasito de vino tinto y nevado con el azúcar una cucharada sopera. No asgas, Amor, la cuchara, deja que yo tome con la punta dulce caldo y diamantino grano y sonriente humedezca tus labios de acaramelado zumo. Mi Niña, deja que la semilla rubí se embeba del jugo de tu saliva y reviértemelo en apasionados besos que pincelen de caramelo mis labios y mi vida.

     No temas, mi Amor, que yo pelaré los dientes para no quemar tus dedos y desganaré las dulces gemas para no ennegrecer tus yemas. Y después de cenar limpiaré la mesa, las cáscaras de los dientes de ajo, de la granada y las migas de pan; mientras tú, bellísimo Amor mío, terminas las cosas de los niños.

      Y entrada la noche, cuando tus pómulos canela se enrojezcan por el purpúreo vino, te llevaré a la cama ebrio de felicidad, te descalzaré con mimo, desvestiré la prenda que me permitas y haciendo el amor penetraremos juntos en los sueños que a diario hemos de llevar a cabo.

No he de perder segundo, no quiero obviar ademán alguno ni olvidar el más mínimo pensamiento que dicta mi corazón.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Hola mi vida




     ¡Hola mi Vida!, estoy aquí contigo, tras el escaparate del despacho, envidiando la exposición de limpísima tarde que resta después de la lluvia. ¡Síííííííí¡, Mi Vida, aquí, bajo las yemas de mis dedos, me incitas audaz a recoger la esencia del día o quizás me invitas a deambular por la feria particular que tú inauguraste tras mi sien. ¡Oooh! sí, y todo escanciado en hojas de emociones que alcanzarían a empapelar el mundo.


     Secándome los ojos tras voltear el rostro y perseverar sin pestañear por hallarte acá adentro, donde me aguardas y te guardo; arrugándome las manos por recoger haces húmedos de hojarascas de otoño que dan de respirar al suelo y lo enternecen como lecho, que alientan el sueño y lo desvanecen en el pecho; aguantándome el deseo de abocar desmesuradas serojas de amor sobre tu cuerpo, no quiero raudales ascuas doradas que agrien la sangre sino luces otoñales que fermenten un humus bajo tu piel y broten como retoños perennes de Vida; marchitándome como luna albina que se desvencija por desvestir el tul de luz de mi amada Tierra, la marea azul que arropa su piel canela, deja que lentamente retire el frío manto oceánico y me ampare junto a tu cálido cuerpo. Me es absolutamente necesario el baño entre los pétalos naturales de tu pelo, una sumersión perfumada entre rizos castaños que son de fuego.

     Ya llega la noche y se duerme la vida tras el escaparate de mi ventana, mas yo sigo aquí adentro, a tu lado, caligrafiando vuelo que tiembla sobre hojas de pétalos rosas. Ahora mi alma sencilla es nube que se viste ala de lana, que se zambulle en la oscuridad de la noche, que corre sobre las copas de los árboles y se hilvana como gota pura de rocío en el remanso de hojas para mi Amada. Presto atención al plácido canto que vibra en mi interior, a gorjeo de alondra y, si agudizo el sueño, inhalo el susurro del árbol, de la hojarasca seca que quiebra, de la hierba que se agita inconsciente apoyada entre los brazos del céfiro. Respiro sumergido entre el heno húmedo que deja la lluvia al empapar el suelo, entre el vaho que anubla mis gafas, entre los canalones que caen tras la ventana y ahí se trasluce mi bellísima Vida de fragantes pétalos rojos, de profunda mirada de pájaro, que sesga con prudencia mi pecho para rebosar mi corazón con tropeles de amor.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Palabras a mi Caramelo


     Mi Amor me retiro deprisa a la cama para levantarme muy temprano, y así lozano, tener tiempo de rebuscar dentro de mí tu reflejo y transcribir de forma apropiada que prefiero depositar el libro de Palabras de Caramelo sobre tus finas manos. El lunes, por ejemplo, a salir de las tareas te entretienes comprando el pan y yo muy deprisa, tras recoger a los niños, voy allá donde estés, tomo de tus manos un pellizco de miga tierna, atrapo y encierro una caricia de tu brazo, un mechón de tu ondulado y, de veras, de tu adulado y hermoso cabello y te llevas, mi Niña, el libro.



     Mi Amor te ansío tanto que ciego y trémulo me precipito como animal, en vez de arrodillarme dócil. No debo entrar en portal de hogar, esta felicidad que a diario nos ciega debe continuar así, invisible. Un aire nuestro en el que abrimos el pecho, sin dolor y sin necesidad de alas, en el que volamos aligerados batiendo sentimientos, cruzando miradas... así mejor mi Vida pues no soporto que los avatares conturben tus ojos abisales.


No llores porque la distancia nos separe
piensa sólo en el amor que hemos vivido.

Yo así, mi Vida, lo acepto,
sueño con tu recuerdo
entre copos del cielo…

Mientras vivas tú,
siempre ahí contigo.

Todo, no lo entiendes…
Mi arroyo eres tú
y la yerba soy yo.
Palabras a mi Caramelo

Largo y tendido contigo



     Libre en la naturaleza como el aire que se tiende sobre la pradera y separa la frescura de la ansiada hoja, giran las aldabas de las mantas, se enfría la franela y deja escapar la belleza de talud pasional. No desistiré, nadaré transido sobre las frágiles olas de la colcha y me sumergiré a diario en las golosas cabriolas de tu Mar. Abre con arrojo la marea y envuélveme entre las crestas de tus olas, descorre el cirro blanco que oculta los tenues alcores de tu pecho, retira las cortinas que ciñen los geranios y deja que goce del dulce y misterioso sabor del amor.

     Mi Amor, no importa que las circunstancias se antepongan a este fluir en la pantalla pues navegantes, Diosa la Mar y bajel intrépido, hieren juntos el ponto de la vida, libres surcan bajo la superficie cristalina del cuerpo y, aun sin acariciarlo, lo enrojecen o estremecen interiormente. No me hace falta saborear las preciadas alhajas de tu tersa piel, aunque todas, desde el abismo de tus castaños ojos, la orilla de tus labios, la cresta de tus golosos y areolados senos y el fuego calcinante en tu pelvis, absolutamente todas me causan fiebre incurable de oro; no, no me hacen falta, mi Vida, pues ya poseo la descomunal e incalculable riqueza de tu corazón.



     Por supuesto que nosotros, dos humanos, debemos dar riendas sueltas al amor carnal y, mi Ninfa, eso es lo que hago a todas horas: elijo las mejores astillas, las mido y remiro, las corto y las opilo adecuadamente en el hogar de nuestro cuerpo, y siempre  cuidando de no ahogar la incontenible cascada de llamas que mantiene cálido nuestro pecho. Este calor que me causas y feliz llevo por dentro, derrite las paredes de mi inagotable corazón, las mantiene vidriadas como espejo… y reflejan lo que tú, Amapola mía, intensamente me das.

     Abierto al sexo, sí, al erotismo que empieza con gestos, continua con susurros, prosigue con tildes, estrofas y párrafos y concluye, día tras día, en el entresueño de tu hermosísimo cuerpo. Amarte, amarte, amarte, amarte, amarte… ¡Oh! compuertas abiertas que descubren copos de mieles, animal dócil que convulsiona de escalofrío, jirones por los ardientes jugos que exprimes en mis labios, hendir la piel del fruto, hundirme tras la luz de su jugosa carne y con los ojos cerrados libar los pezones del aire, los senos de mi Vida.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Dicen que no existen los milagros


     Dicen que no existen los milagros, que nadie los ha visto pero yo, si cierro los ojos y fisgo por el frondoso y extenso agro en el que he asido tu mano, lo tengo claro. Sí, mi Vida, sin que dé tiempo a que lleguen tus suspiros yo te retengo en mí y a diario, entre ambos, va y viene un milpiés cargado de los anhelos que nos emanan en forma de suspiros.

     Dicen que no existen los prodigios divinos y yo, muy afortunado, bien los distingo, pues jornada tras jornada, a todas horas, siento levantar la aurora que cubre totalmente mi pecho y detrás, como aroma de laurel, alza relente cargado de suspiros.

     Puede ser verdad, que no existan tales fenómenos sobrehumanos, mas yo con absoluta claridad perfectamente los distingo, prodigioso amanecer de cuatro luceros perennes, profundos y helados, dos castaños y dos verdes, que diluyen la oscuridad y cuando se soliviantan se desvanecen como perlas por sendas mejillas; tesoros que cuando se afligen, yo sempiterno, también les lloro.



     Dicen que no se logra la magia que nos asombre… disiento de tal parecer pues vuestro amor es milagro tan potente que me deslumbra y me cautiva misteriosamente. Un oleaje purpura que llega tras el pie y me absorbe, alta mare de suspiros imperceptibles que recorren mi cuerpo seduciendo y escalofriando hasta el más  íntimo núcleo de mis células.

     Quizás no existan, pero entonces que me digan qué es esta maravilla que yo percibo sino un milagro. Vivo inmerso en apasionado velo, radiando fantástica energía como faro y, cada vez que oteo el vasto espacio y esbozo los innumerables haces que penetran por mis ojos siento, gracias al fenómeno que vosotros en mí obráis, renace en cada detalle, bien sea lóbrego o bien hermoso, crisálida encendida que deslumbra completamente mi vida.

     Me asombro del milagro del Amor, del montón de belleza que se oculta tras cada cosa, es por llevaros tan adentro, tantos y tantos suspiros emanáis, que lográis dorar cualquier luto que mi alma viste.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Debes estar muy cansada


     Debes estar muy cansada, agotada de ayer, de la reunión que ahora aflora en calentura, de deshacer las maletas, de los exámenes y yo, impotente, no sé cómo mitigar tu pesado lastre. Dime, Amor, qué puedo hacer para ayudarte en tu trabajo.

     Tonto de mí, creo que este mediodía nos ofrecías, con un gesto, un pellizco de pan y yo bobo marché placido con la dadiva de verte guapísima y alegre. Debería haber descargado tus manos tomando eses regalo, mas no me cercioré del motivo hasta que partí a casa; incluso así di dos vueltas al paseo pero te entretenías hablando con el tendero.




     Ahora debo hospedar tu cuerpo en tu morada, mi pecho, y entregar cuan reposo pueda; apercíbeme cuantas cariñosas libaciones requieras, Vida mía. Arrollada en mis livianos brazos, exhalando cálido aliento por tu nuca, volcando mi ardiente perol de amor sobre tus tensos tendones, amenguando la agotadora carrera del día y con ignota laxitud o con pose de yoga amarte y aun así me parece poco, AMOR MÍO.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Ya no he de decir



     Ya no he de decir que estoy deseando penetrar en el pasajero sueño, ya no preciso retirarme al taumatúrgico y efímero empíreo de Morfeo. De veras, ya soy como agua de río que fluye en un único sentido hacia un magnífico destino; como nube que descarga torrencial abandonando el elevado cielo, donde sólo soy vellón tímido, para mezclarme con babilónica y profunda Mar; como fruto maduro que desespera por abandonar rama aislada, que precisa ser asida por dóciles manos, que imperiosamente necesita ser recolectada sobre vientre y ser lentamente devorada y macerada para dejar hasta la última gota de dulce, briosa y dichosa vida en el remanso marino de boca Amada.



     Siento como se me ha entregado el Éter, como Hemera Amar, hermosa por diáfana luminosidad, se arrimó a mi reducida oscuridad, como ante la crasa Luz sucumbió mi erebo, como la Aurora se desbalagó por cada equina de mi arrugado e infausto pensamiento y lo sació de cegante y alba tonalidad.

     Ahora no quiero ser ave que se alce al Firmamento, ni humo que se disgregue por el Éter, sino hogaño árbol que recio y lento arraigue en el terruño que hay tras tus senos, que frondoso se extienda y ocupe tus mientes, que eclosione en bálsamo leñoso y apacigüe el más mínimo resquicio de turbación. Estercolado por edénico jardín me cubriré de cientos de ramas, de miles de hojas y de millares de flores, succionaré del silo del tu pecho hasta el último pellizco de sal y elaboraré savia que a diario dará noval fruto.

     Debo mantener tu luz así de intensa, para ello ilustraré cada neurona de mi mente hasta que el tegumento se agriete de grandilocuencia. Mi vida, jamás amainará mi vehemencia, desbordaré cauces de retórica por las yemas de mis dedos para que se ensanchen las orillas del sendero de tu vida. Sí, sueños de calles amplias y apaisadas, de portales frondosos y cubiertos de tiernas esmeraldas y nada de balcones arcaicos. Quiero que tu panorámica sea siempre muy fresca y jovial, que todo lo que te envuelva sea de esplendor florido, que el color marino de la Mar de mi Mujer recubra las paredes de toda tu vida. Alfeizares de lapislázuli, umbrales de mármol, puertas de madera de acacia claveteada en plata y pomos marfilados…, tu moradas cubierta de vida, de vigor que deslumbre. Los parajes, si son estivales que sean áuricos de cebada o trigo radiante e iridiscentes de pomas, ciruelas, uvas e higos maduros; si son otoñales que sean tapices cuajados retoños esmeraldas, veteados con senderos de serojas pardas y jaspeados de hongos encarnados, amarillos, albinas,…; si son invernales que sean albos y cieguen los ojos; y si son primaverales, mi Amor, que sean idénticos a ti.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Entre faenas y afanares


     Ayer, entre faenas y afanares, no pude adecentar las trazas que a raudales surgen de mi inobstruible corazón. Cuando al fin logré repantigarme ya me suponía un sacrificio inhumano y sólo descolgaba inextricables vedijas en mis mientes. Así, mi Amor, suplico que no te me enfades al afanar horas al sueño, pues denegrida sería mi vida si no pazco de las tiernas palabras que te mereces.

     Ahora me dejo caer y suelto al vuelo mi alma, cometa cromática que se sumerge en el céfiro de tu pecho, despliego toda mi cola que se arremolina entre las sinceras paredes de tu cuerpo. No puedo ni debo ceñir, debo planear ligero dejando todo mi adentro fuera, en tu interior, que es todo bellísimo de amor. Debo extremar con celo mi atención, esmerarme hasta la inanición, ser diligente azacán que sirve vaporosos sueños, ocultar miedos y reír más que loco desparramando lágrimas de felicidad.


     Estoy seguro que los sentimientos crecen hermosos como árboles y que se marchitan si no se les riega y se les abona adecuadamente. Me aflige cierta aprensión, sí me carcome el miedo de excederme y ser empalagoso, de corromper el cariño y descomponer el orgánico amor que brota fútil en cada alveolo de tu pecho y, poco a poco, enraíza tenaz entre tus vasos sanguíneos.

     Tengo que aprender más, forzarme hasta la extenuación con cada línea y verter mi alma, hecha jirones, en cada poro de tu cuerpo. Ensayaré mirándome a los espejos de todos los ojos, haré que se tornen innocuos; los revolotearé susurrando pequeñas rapsodias. Así, mi corazón cultivado se soltará a cantar, latirá lanzando al viento onda de pura pasión para mi encantadora mujer.

     Dichoso soy en mi pecho por conseguir, descollando los merecidos versos que van colmados de sentimientos, traerte a casa, Mujer mía. Nunca he sido tan feliz, nunca tras mis ojos ha penetrado semejante preciosidad; atónito a diario al saber que me amas, al poderte contemplar y decirte cuanto te quiero. Solamente una vez vi algo que se te pudiera comparar, fue un joven retoño de parra, que destelló humilde en jardín bajo el reflejo del Sol: suerte la mía que a la vista del retoño quédeme estupefacto mucho tiempo, pues jamás había visto brotar de árida corteza pecíolo de luz como aquel. De similar manera te contemplo y atónito y con admiración ¡oh Mujer!, transitaré muy contento la vida.


jueves, 1 de noviembre de 2012

Salto desosegado de la cama


     Salto desosegado de la cama, me atavío rápido y sin llegar a tocar el suelo emprendo el vuelo. No es el subconsciente, sino el amplio espacio que me has abierto. La noche, sin velo ante mis ojos, se colma de mirada tierna y de palabra profunda y libre, sin egoísmo, me disemino por el aire como vaho imperceptible que se impregna de agasajos. Camino sin dar pasos, me despojo de toda posesión estéril y sólo, como espina, fecundo en tu retina.

     Soy, quizás, algo osado, pues usurpo toda tu piel como espora. Un hongo que germina en cada poro e intenta aterir de escalofrío cada centímetro.

     Mis labios trémulos liban el néctar que tu cuerpo emana, convulsos como plumas rozan tu mejilla, tus párpados, tu cuello; se abarquillan sedosos sobre tu vientre, tus piernas, tus finos hombros; relajan tu lumbar; juegan con los dedos tus pies; se funden durante horas en la areola de tus senos y enraízan eternos en la vida que emana tu boca.

      Hendiría tu faz, sin restar belleza, para naufragar por tus venas y con maroma umbilical abarloar tu corazón al mío. Quiero, Amor mío, oprimir tu pecho a mi cuerpo y agitarlo para que feliz se disperse libre, como áurica paja suelta al viento. Orear tu cuerpo salado, sumergirme entre lágrimas de alegría, cautivarte con el ocaso que encierro mi boca o con el orto que hay tras mis ojos. Con ardid sacaré de mis entrañas pistilo de lirio y lo verteré en tu garganta, Amapola, para que tu corazón desorbite en un romance inédito.

viernes, 19 de octubre de 2012

Descansa


   
¡Que tal! todo ha ido bien, ¿verdad?. Ya se pasó la lóbrega tensión, se descarnizó la inquietud y ahora, tras compartir gráciles sonrisas y arengar sobre África con rala pronunciación, a recolectar de nuevo, con la hoz del día a día, la primaveral mies de tus niños. Sóplales tu tibio aliento, hincha sus pechos de elocuentes cuentos e inhala profundamente sus pueriles vocecillas.

Amor, sé que henchida de palabras te alzarás esta noche tal burbuja y volarás cual cometa de color, feliz, hermosa y fugitiva, sin que nada te encadene. Yo, mi Vida, deslumbrado de tanta dicha seré árbol mortal y verde que, con innumerables hojas, sustente mullido tu lento caminar. Daré zarpa ligera a la misteriosa queja que cohíbe tu mano y amarga tu corazón y desvaneceré la realidad bajo las ciénagas de río legible.

Está bien, esta noche dejaré que des riendas sueltas a tus sueños, permaneceré tras la puerta de tu armario y permitiré que el jardín de lo bien hecho sólo te salpique a ti. Yo, tu niño, ya inundado de tanto, me entretendré corriendo tras alados labios, silencioso, relajado, esperando respirar de tu boca y suspirar por tus besos. Suelto, desatado, fuera de sí… viento suspendido que se arremolina en círculos deseando tu cuerpo, desordenando tu ropa y, para que hoy descanses bien, sin llegar a rozar lo más mínimo tu piel.

Descubres, Vida mía, cuanta diversidad de amor generas en mi corazón, todo tu don lo hago muy propio, lo riego con bellos requiebros y, por supuesto, lo enraízo en mi corazón, ahí injerto cientos yemas de imaginación para hacer aún más frondosa la fauna que deshoja este lirio, para cuajar rojo el pétalo de mi Amapola.





miércoles, 17 de octubre de 2012

Pañuelos


   Cuanto, Vida mía, disfrutaría siendo franela azul sobre la piel de tu cuello, aunque me despojasen de toda la racionalidad sería sumamente feliz. Tan sólo a la naturaleza o al poder divino, que hesito si existe y que mueve los hilos del destino al azar, imploraría que no me descuidasen del placer de tu tacto y así, con ese exiguo don concedido, sería más feliz que colibrí que se arremolina alrededor de alas de mariposas, que compite con abejas en libar ansiosos y dichoso el dulce pistilo de su Flor. Sí, mi Amor, a mí también me urge atenazar tu mano, arrebujarme entre los sedosos suspiros de tu corazón, vestirme de la candente sinceridad que tu pecho emana, sentir el tañer de tus palabras; ¡ooooh! Amapola mía, postraré mi sino al repicar que tus labios musitan.



   ¡BESOOOOOOSSS!



Tirana noche



Pero que tirano es el cansancio, se retuerce alrededor de mi cuerpo y me doblega sin el más mínimo miramiento. Poco a poco asesina mis palabras, mutila mi alfabeto y agota mi razón, sin previo aviso cierra la luz y me encarcela en la fortaleza de la noche.


Mas la diosa de la noche desconoce que por dentro ardo de pasión pagana, que mi Corazón hereje se abrasa con el verbo de amor que nace de tus labios y que, si hiciese falta, me dejaría empalar en la hoguera del ágora de tu pecho.


lunes, 15 de octubre de 2012

Clara, clara


Con una clara, clara, clara, clara sonrisa me retiro a dormir con divino tesoro. Igual que una minúscula semilla contiene un árbol completo, yo encierro todo un sueño, una ilusión que se embriona real y, Amor mío, es eso, sí grandísimo, grandísimo y grandísimo  Amor.
En mi pecho te siento tan penetrante como la trementina, tan dulce como la ambrosía y me recojo cautivo a reposar en la maravillosa taumaturgia de otra noche más. Alimonado lirio que yace sobrecogido en la dulce fragancia del cuerpo de mi Amapola. Sí, en grana granada de fresca y roja Amapola.


Aunque calenturoso me envuelva entre sabanas usadas y mantas raídas, yo, Vida mía, desvendaré mis ojos a tus miles mieles de Amor y soñaré que lo hacemos, el Amor Vida mía, entre sedosas colchas de gobelinos. Alegre me desvestiré, retiraré tus prendas y apuraré hasta la última gota de la aromada viña de tu rosa boca.
Libidinoso con el fuego que surge de tus ojos, de los pétalos de tus labios de rosa, de tu lozano cuerpo, hermosa Mujer mía. Seré, una y todas las noches, el cíclope peregrino que se iza frondoso desde la tierna y hermosa Semilla que me quiere.


domingo, 14 de octubre de 2012

Brote del pecho


Tengo que salir al campo, he de caminar por esas cunetas y por esos montículos cuajados de frescor, me urge sentir la frondosidad primaveral que envuelve a mi bucólica corola. Desde que amanezco ansío la belleza de mi Flor, inhalarla, arrullarla y halagarla con mimo dentro de mi pecho; mas sé que hoy, vadeado el cauce equinoccial que deja a tras la dársena estival y sumergido entre páramos húmedos, donde el plomizo vaho empapa y cuaja sobre el cabello; sólo crece entre Piedras una única corola purpúrea donde he de inmolar mi corazón.

Así de singular es tu brote en mi pecho, un elogio precioso entre plurales flores; podría decir, sí, con grandilocuencia, que es el capullo que hace jardín a mi corazón, el brote que transmuta paja en oro, mi posío en empíreo.




Fina mejilla canela de pómulos ligeramente alzados que, cuando en ella incide la luz, curva interiormente su alma y los lomos de sus olas doblan caprichosamente su alegre faz. Ahí se junta la felicidad con la sonrisa y se arremolina en ola y espuma en profundos hontanares de mármol cristalino; mas ahora, en el caño de su fuente lagrimal surge un minúsculo rubí que lastima y he de besar hasta que sane.
Alborea en su infinito horizonte de pensar una aurora revoltosa, pórtico que da a robledal castaño de pura embriaguez. Que noble sube la savia desde las raíces hasta las puntas de espesura corta, el viento que orea sedosa selva iza perfumada la fronda donde anidaré diminuto y feliz como colibrí. Sin moverme, atravesando el tiempo en la copa de mi dama Amapola, que botín bajo altos vuelos, nunca de ahí huiré, en esa hojarasca anido dichoso mi vida.
Qué decir del carnoso pistilo donde brama mi Mar. Qué decir de esa cantería que descubre veta de mirtos blancos. Nace aire de abismo interior, siempre es brisa ora delicada ora melódica, jadeo que me cautiva tal coral de sirena. Cuantas veces me has permitidos arrestar tu aliento sellando la corola contra mis labios…, y ceñido a esa mansedumbre sentir placer inmarcesible y misterioso que cautiva lírico mi destino y, si acaso fuese, perdurará inolvidable mas allá.

Sí, frágil Tallo, cuando la melosa saliva de tu estigma irrigó el erial de mi existencia se alzó dentro de mí alba roja, pétalo de misteriosa luz que aclaró mi lóbrego pecho y me colmó de clara belleza. Una flecha de orto perenne que se clavó en mi corazón y ya ni de noche se retira su luz, ojiva siempre abierta que me hace soñar despierto y deambular incorpóreo.

Sí Amapola mía, me has admitido en tu vasta hermosura, me has asentido en un espacio sin límites donde un alma cerúlea se pierde infinita y siempre preciosa, tan grande eres para mí que nunca seré capaz de bruñir todo tu admirable cielo; ni siquiera Poseidón es capaz de abarcar tan integra Mar y ni Venus salir tras el piélago de tu océano.

Si de tierra estoy hecho, seré arcilla feliz que nutra de sales aromáticas tu vida y, en la cratera de tu divino seno, mezclaré tu agua saliva con mi dulce barro de uva para que ebria, lozana de hermosura y sedienta de mí, me desees con locura.

Te amo, frágil Amapola mía.





domingo, 7 de octubre de 2012

Maltrecha cabeza


Maltrecha mi cabeza, mis lumbares, mis piernas, desgastado por las labores del hogar, por el calor del medio día y ya, a estas alturas de la noche, resignada mi complexión física a la lasitud. Me dispongo ahora a morar contigo todo el tiempo que precises, pues esta faena que acometo ya no es labor sino es reposo vital que evoco para mi corazón.
Me apasiona concebir y caligrafiar los sentimientos de mi vehemente espíritu, no en vano hierve y salpica el teclado, al principio, incipiente, brota escuálida mas poco a poco se solivianta y pertrecha emociones que fugan a raudales para incendiar primero tus ojos, lugar por donde penetra, y después henchir de cálido rubor tu pecho.
No permitiré que sean destempladas tus noches, te abrazaré con cuerpo de adobe, con tierra sudorosa  paja seca para que me cuezas adherido sobre tu piel tersa. Barro ligado que, esta y todas las noches, se resigna a fenecer sin antes haber conseguido, con lasciva sinceridad, que te eleves soporosa por encima del cielo, entre aureolas boreales, bajo la cúpula diamantina de la noche,...
Hermosa mía, Sol de mi vida, esta mañana, igual que ayer, durante la noche y el día, y que antes de ayer..., siempre sumergido en tu profunda sien, percibo la fragancia más dulce que jamás pudiese sentir, sahumado en hierba buena, en dulzor del cilantro y de albahaca, en relente nocturno, salobre hervor del puchero, en penetrante aroma del café... ¡Oohh! mi Amor, cuanto deseo tus besos.
Tú, mi perenne Mar, exaltas brutalmente mi pecho, que late y late sumergido entre hermosos galanteos, entre cadencia de blancas ondas... Te amo mi Amor, te amo.


jueves, 4 de octubre de 2012

Dormir en el vellón blanco del cielo


Voy a abrir brazos exuberantes para que desciendas fresca sobre mi pecho. He de mullir tapiz de amor, ardiente deseo que derrita la desértica sima del cansancio, de lo más profundo de mi cueva sacaré inextinguible erupción volcánica que abrigue tu vida, mar de fuego que temple tu espalda, tus tobillos y relaje tu sien.

Desesperado aquí, sin poder hacer nada te pido que lo dejes ya y vayas rápido a la cama, a soñar en mis brazos. Deposita en mí todo el cansancio que yo, con susurros, te llevaré despacio a descansar, abrázate a mi cuerpo y vamos a dormir al cielo, sobre apacible vellón blanco.