He de tener un corazón inteligente y asumir con integridad los errores que cometo así que, si se me cae una piedra, no he de esconder la mano. Puedo asumir que me perdonas pues de mi boca brotan palabras al azar, igual a las plantas que crecen de forma inesperada. Seré, Amor mío, más comedido, hortelano que escudriñe cada ápice que eclosiona en forma de voz, procurando hacer un vergel con la mies que disemine al aire.
Una equivocación en lo impreso es más miserable e imperdonable; si tropezara de madrugada, en plenas facultades, me vería impotente, mate, y tendría que pedir ayuda para levantar. Me abrumaría mezquino, cabizbajo día tras día, dejando que el sarro carcomiera mi columna…, jamás me podría mirar al espejo y el dolo me mataría.
Contigo, mi Niña, debo ser sumamente honrado, increíblemente grato e invertir cada segundo de mi vida en lograr un único deseo: ser tu maravilloso Amor. Así que no puedo escoger metáforas que generen híbridos simples ni textos deslucidos, sino he de elegir semillas puras o, si acaso, mixtura reestudiada de índole artística que se alcen como cíclopes y te abracen frondosos y frescos. Un cántico loco, mágico, incluso a nivel cuántico, que hechice cada rincón de tu corazón hasta el punto de pulirlo en vivo, desentrañar cada mácula que lo desluce y tallar la gema en bruto que eres, sacar el inconmensurable diamante que amparas en tu pecho.
Mi Niña, cuando leo tu texto me ciego en haces de esmeralda, me ahogo en fuente de aguas de Juvencia; cuando suena el teléfono me descorchas el alma como achampanado volcán de oro, plata y platino y corro hacia ti, Vida mía; y cuando te escucho o estoy a tu lado, me descubres el significado de la luz de Galilea y a tropeles surgen mis emociones, geiseres de palabras de un corazón indómito que loa a bellísima Mujer, allá donde esté me postro a ti, mi Meca de Amor; y si me besas, mi Niña, sueño despierto y me torno universo de leyes propias, evadiendo todos los confines de lo conocido, tu Luz que penetra en mi vida y transforma todo lo relativo a realidad a belleza inadmisible.

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