Mi Amor me retiro deprisa a la cama para levantarme
muy temprano, y así lozano, tener tiempo de rebuscar dentro de mí tu reflejo y
transcribir de forma apropiada que prefiero depositar el libro de Palabras de
Caramelo sobre tus finas manos. El lunes, por ejemplo, a salir de las tareas te
entretienes comprando el pan y yo muy deprisa, tras recoger a los niños, voy
allá donde estés, tomo de tus manos un pellizco de miga tierna, atrapo y
encierro una caricia de tu brazo, un mechón de tu ondulado y, de veras, de tu
adulado y hermoso cabello y te llevas, mi Niña, el libro.
Mi Amor te ansío tanto que ciego y trémulo me
precipito como animal, en vez de arrodillarme dócil. No debo entrar en portal de hogar, esta felicidad que a diario nos ciega debe continuar así,
invisible. Un aire nuestro en el que abrimos el pecho, sin dolor y sin
necesidad de alas, en el que volamos aligerados batiendo sentimientos, cruzando
miradas... así mejor mi Vida pues no soporto que los avatares conturben tus ojos
abisales.
No llores porque la
distancia nos separe
piensa sólo en el amor que
hemos vivido.
Yo así, mi Vida, lo acepto,
sueño con tu recuerdo
entre copos del cielo…
Mientras vivas tú,
siempre ahí contigo.
Todo, no lo entiendes…
Mi arroyo eres tú
y la yerba soy yo.
Palabras a mi Caramelo
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