¡Hola mi Vida!, estoy
aquí contigo, tras el escaparate del despacho, envidiando la exposición de limpísima
tarde que resta después de la lluvia. ¡Síííííííí¡, Mi Vida, aquí, bajo las
yemas de mis dedos, me incitas audaz a recoger la esencia del día o quizás me
invitas a deambular por la feria particular que tú inauguraste tras mi sien. ¡Oooh! sí, y todo escanciado en hojas de emociones que alcanzarían
a empapelar el mundo.
Secándome los ojos
tras voltear el rostro y perseverar sin pestañear por hallarte acá adentro, donde
me aguardas y te guardo; arrugándome las manos por recoger haces húmedos de hojarascas
de otoño que dan de respirar al suelo y lo enternecen como lecho, que alientan
el sueño y lo desvanecen en el pecho; aguantándome el deseo de abocar
desmesuradas serojas de amor sobre tu cuerpo, no quiero raudales ascuas doradas
que agrien la sangre sino luces otoñales que fermenten un humus bajo tu piel y
broten como retoños perennes de Vida; marchitándome como luna albina que se
desvencija por desvestir el tul de luz de mi amada Tierra, la marea azul que
arropa su piel canela, deja que lentamente retire el frío manto oceánico y me
ampare junto a tu cálido cuerpo. Me es absolutamente necesario el baño entre
los pétalos naturales de tu pelo, una sumersión perfumada entre rizos castaños
que son de fuego.
Ya llega la noche y
se duerme la vida tras el escaparate de mi ventana, mas yo sigo aquí adentro, a
tu lado, caligrafiando vuelo que tiembla sobre hojas de pétalos rosas. Ahora mi
alma sencilla es nube que se viste ala de lana, que se zambulle en la oscuridad
de la noche, que corre sobre las copas de los árboles y se hilvana como gota
pura de rocío en el remanso de hojas para mi Amada. Presto atención al plácido canto
que vibra en mi interior, a gorjeo de alondra y, si agudizo el sueño, inhalo el
susurro del árbol, de la hojarasca seca que quiebra, de la hierba que se agita
inconsciente apoyada entre los brazos del céfiro. Respiro sumergido entre el
heno húmedo que deja la lluvia al empapar el suelo, entre el vaho que anubla
mis gafas, entre los canalones que caen tras la ventana y ahí se trasluce mi
bellísima Vida de fragantes pétalos rojos, de profunda mirada de pájaro, que
sesga con prudencia mi pecho para rebosar mi corazón con tropeles de amor.

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