domingo, 11 de noviembre de 2012

Hola mi vida




     ¡Hola mi Vida!, estoy aquí contigo, tras el escaparate del despacho, envidiando la exposición de limpísima tarde que resta después de la lluvia. ¡Síííííííí¡, Mi Vida, aquí, bajo las yemas de mis dedos, me incitas audaz a recoger la esencia del día o quizás me invitas a deambular por la feria particular que tú inauguraste tras mi sien. ¡Oooh! sí, y todo escanciado en hojas de emociones que alcanzarían a empapelar el mundo.


     Secándome los ojos tras voltear el rostro y perseverar sin pestañear por hallarte acá adentro, donde me aguardas y te guardo; arrugándome las manos por recoger haces húmedos de hojarascas de otoño que dan de respirar al suelo y lo enternecen como lecho, que alientan el sueño y lo desvanecen en el pecho; aguantándome el deseo de abocar desmesuradas serojas de amor sobre tu cuerpo, no quiero raudales ascuas doradas que agrien la sangre sino luces otoñales que fermenten un humus bajo tu piel y broten como retoños perennes de Vida; marchitándome como luna albina que se desvencija por desvestir el tul de luz de mi amada Tierra, la marea azul que arropa su piel canela, deja que lentamente retire el frío manto oceánico y me ampare junto a tu cálido cuerpo. Me es absolutamente necesario el baño entre los pétalos naturales de tu pelo, una sumersión perfumada entre rizos castaños que son de fuego.

     Ya llega la noche y se duerme la vida tras el escaparate de mi ventana, mas yo sigo aquí adentro, a tu lado, caligrafiando vuelo que tiembla sobre hojas de pétalos rosas. Ahora mi alma sencilla es nube que se viste ala de lana, que se zambulle en la oscuridad de la noche, que corre sobre las copas de los árboles y se hilvana como gota pura de rocío en el remanso de hojas para mi Amada. Presto atención al plácido canto que vibra en mi interior, a gorjeo de alondra y, si agudizo el sueño, inhalo el susurro del árbol, de la hojarasca seca que quiebra, de la hierba que se agita inconsciente apoyada entre los brazos del céfiro. Respiro sumergido entre el heno húmedo que deja la lluvia al empapar el suelo, entre el vaho que anubla mis gafas, entre los canalones que caen tras la ventana y ahí se trasluce mi bellísima Vida de fragantes pétalos rojos, de profunda mirada de pájaro, que sesga con prudencia mi pecho para rebosar mi corazón con tropeles de amor.

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