jueves, 1 de noviembre de 2012

Salto desosegado de la cama


     Salto desosegado de la cama, me atavío rápido y sin llegar a tocar el suelo emprendo el vuelo. No es el subconsciente, sino el amplio espacio que me has abierto. La noche, sin velo ante mis ojos, se colma de mirada tierna y de palabra profunda y libre, sin egoísmo, me disemino por el aire como vaho imperceptible que se impregna de agasajos. Camino sin dar pasos, me despojo de toda posesión estéril y sólo, como espina, fecundo en tu retina.

     Soy, quizás, algo osado, pues usurpo toda tu piel como espora. Un hongo que germina en cada poro e intenta aterir de escalofrío cada centímetro.

     Mis labios trémulos liban el néctar que tu cuerpo emana, convulsos como plumas rozan tu mejilla, tus párpados, tu cuello; se abarquillan sedosos sobre tu vientre, tus piernas, tus finos hombros; relajan tu lumbar; juegan con los dedos tus pies; se funden durante horas en la areola de tus senos y enraízan eternos en la vida que emana tu boca.

      Hendiría tu faz, sin restar belleza, para naufragar por tus venas y con maroma umbilical abarloar tu corazón al mío. Quiero, Amor mío, oprimir tu pecho a mi cuerpo y agitarlo para que feliz se disperse libre, como áurica paja suelta al viento. Orear tu cuerpo salado, sumergirme entre lágrimas de alegría, cautivarte con el ocaso que encierro mi boca o con el orto que hay tras mis ojos. Con ardid sacaré de mis entrañas pistilo de lirio y lo verteré en tu garganta, Amapola, para que tu corazón desorbite en un romance inédito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario