miércoles, 30 de octubre de 2013

Voy a reconcentrar todas mis arterias en tu sana piel


     Voy a reconcentrar todas mis arterias sobre tu sana piel para enterrar todo lo menesteroso y así, escudriñando tu Pétreo perfil, hendir de nuevo el esternón para llegar a tocar tu inasible corazón. Ahí, sobre tu encarnado tegumento, voy a tatuar una urbe de avenidas únicas, hasta fundar una metrópolis babilónica. Repleta de enredaderas aromáticas de jazmín y de flores dulces de anís y de menta. Donde trinen orquestales bandadas de incontables alondras y ruiseñores y donde el agua se precipite libre y diamantina, lavando todos los pesares.

     Amada mía, ahí, en ese rinconcito donde me guareces, tapiaré un pequeño parque de paz. Un bosquecillo de castaños centenarios que varíe de tono según la estación del año, desde la alegría que da el verde intenso hasta la nostalgia de la hojarasca otoñal. El centro del jardín lo culminará nuestro hogar, sobre una encina milenaria de viso perenne, entre sus recias ramas. Nuestra casita, Amor de mi vida, tendrá unos acogedores aposentos donde no se duerma sino sólo se sueñe, con un cálido y luminoso salón y, cómo no, con una mesa de castaño tallada con la paciencia de nuestras manos y ataviada frugalmente con bayas del bosque; para exprimir su zumo, su esencia, en tus labios. El mosto de la zarza mora, al sangre de la grosella roja, el licor del ebrio madroño….

     Siempre, en una de sus ramas colgará mi columpio lírico, con el cual te haré volar. Con cada empellón de amor te alzaré al cielo, donde te revolverás embelesada entre cierzo único. Mi Niña, exprimiré hasta la última gota de sangre de la baya que mi pecho, para tintará el columpio que mece tu vida, soñarás entre esos aposentos pues seré avariento en cultivar a tu alrededor una huerta de rosas, de romero y eneldo. Sí, mi Amada, directamente del joyero de mi pecho y a través mis yemas maduras y agrietadas, sacaré el rubí de brillo inmutante con el que me ahítas y, como punta flecha que mereces, lo lanzaré con la ilusión de un adolescente enamorado a la metrópolis babilónica de tu gran corazón….

martes, 29 de octubre de 2013

Al fin la noche



     Al fin la noche, en quietud a tu lado. Es preciso que me eche aquí, Vida mía, y que ceda el poder a mi corazón, pues mi razón no tiene capacidad de mediar tantos sentimientos. Es tesoro que acaudalo en mi pecho, una riqueza de valor incalculable, sobrecogedoras emociones y dulces recuerdos de amor que si me lo hurtan me infringen herida de tal gravedad que la misma vida se queda sin sentido..., se me va.


     Así, estando vivo, irremediablemente ambiciono más amor. Enriquéceme con esa sincera cuantía que me entregas por correo, haz que sea soportable esta codicia de apreciar tu voz o este deseo de poseer, aún tenga un precio inasumible y lo alcance de tarde en tarde, el cálido roce de tus mejillas, un diamantino beso de mi Amor, la concesión de esa alhaja tuya, de tu dulce saliva….

     Si mi sinceridad se agota, mi Niña, y me extingo como una vela sin cera e incluso fenezco pálido y frío. Tú, mi Amor, tienes el fármaco mágico, la droga que reanima mi vida. Tan sólo tienes que invadirme una noche con esa lencería sedosa y oscura que salpica tu blanca y aterciopelada piel. Con sólo darte una vuelta frente a mis ojos, como esa noche de navidad que abriste el abrigo. O con sólo arrimar las yemas de mis dedos, o la punta de mi lengua para que se apoyen imperceptible, estremeciéndote con cosquillas, como alas de mariposa, en esas curvas de locura engalanadas con la lencería roja que te regalé…; así Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, Vida mía, regresaría del trauma de la pena más, mucho más intenso que el propio Sol.

Me es vital amarte, Amor mío.

lunes, 28 de octubre de 2013

Ayer tarde


     Ya es de noche y he terminado de recoger la mesa. Ahora me quiero crecer sobre los dedos con la razón y el corazón. Lo preciso hacer y sé, además, que tú lo necesitas. Lo haré con la diversidad de esta tarde, con la amplitud de los Barruecos, con esta sexualidad tan exuberante de la tierra, de musgo y las setas entre los domos, del agradable aroma otoñal.

     Es puro equilibrio lo que hay aquí, una caridad absoluta para el alma. Tan inmaculado es este ambiente que la ventana de los ojos, aunque se desenfoquen en vano, sin baraustar la mirada, se inundan de una integridad espiritual, estética e incluso intelectual, una emoción seráfica, de calidad amante.

     Sí, mi Amor, este realismo disuelve todos los pesares. Cala el cuerpo a través de los poros y se amolda de forma terapéutica a cada órgano. Mujer mía, es tal el placer de este paisaje que estas sutiles analogías se quedan ridículas en comparación con el legible poema que exhala de cada rincón. Aquí, en los Barruecos y en las dehesas aledañas, el paraje me disuelve junto a ti, nos erige un hogar libre y liviano para ambos corazones, sin paredes de pecho, eternamente juntos….

domingo, 27 de octubre de 2013

Otoñada



Vagabundo que caligrafía su sombra,
que a cada paso anota lo que fulge.
Vida mía, trazo senda con tanto auge
que en cada surco alineo tu nombre.

Son mis yemas que rezuman alma
de arrope, cuentas de mi dama
Paloma, tonadas de mi Amapola.

Estas palabras tuyas inmovilizan,
estrofa a estrofa, las lindas rimas
que liban, como inaccesibles copas,
las estrellas que prenden mi cima.

Estibas tanto amor en mi boca
que este corazón, aun fuese roca,
se contrae más que gravitatorio
hasta detonar, por ti, cósmico.

Allá donde estés, en el dormitorio,
en el salón o en ese observatorio
del balcón, tu jardín mitológico.

Donde deseo clarear como albor,
o extinguirme al ocaso en calor,
o sólo ser siempre tu tímida flor;
lirio en un único tiesto de amor.

viernes, 25 de octubre de 2013

Dónde estará mi niña


     Dónde estará mi Niña, en qué oscuro lugarejo de la noche otoñal. Dónde estarán esos deseos que transcribes en mi corazón, en que prado tremola la luz de mi Amapola, el plenilunio de sus sinceros ojos.

     Su estival amor deshojó en lírica la vida de este lirio, de tal forma que ahora soy bulbo pulido de cianea que sólo desea que a mí venga la galana primavera de mi rubí Amapola.

     Mi Amor, sé que, como un rosario, me desgranaré en cuentas sentimentales para llenar tus ojos, sé que, como un ascético romántico, seré el peregrino que jamás abandona su camino…, un sólo destino poseo, desbordar tu pecho con ensueños, con gracias, con bailes…. He de lograr, con suspiros discretos, que en cada tic-tac de tu reloj sientas el latido exaltado de mi corazón, para que tu pecho redoble un amor incomprensible…, una felicidad inabarcable.

BUENAS NOCHES, MI VIDA.

Estate tranquila


     Vida mía, estate tranquila pues te guardo con tanta lucidez en mi pecho, entre mis débiles brazos, que advierto con total exactitud la fina órbita de tu perfecta cintura, de tu magnífica silueta, de tus correctas nalgas (mmmm)…, que advierto con total claridad la transparencia y suavidad de tus manos entremezclándose con el vello de mi pecho y con mi corto cabello.

     Así, mi Niña, en mí están diluidas todas tus palabras escritas o habladas, tan desleídas que me emergen como aurora al despertar, que me aluzan los pasos durante toda la jornada y que, al retirarme a dormir, me sumergen en dulce y cariñosa alucinación.

     Has copulado de tal forma mi ser que el más mínimo gesto que recuerdo es hermosa obra que atesoro con celo, como si se me escapara la vida en ello. Estás tan dentro de mí, eres tan evidente en mi corazón, que un prosaico ademan tuyo se torna bello como Fénix de fuego, que una muesca de felicidad se incuba como mácula cegadora tras mis ojos; y, por supuesto, que un imperceptible roce de tus manos, o el pose ligero de tus labios, o profundo beso haciendo el Amor…, sí, juntar las bocas o separarlas sin articular palabra alguna, mas expresando un Todo…. Eso, mi Amor, lo percibo como si me abrieses al vuelo libre el edénico y cristalino abismo de tu alma, totalmente entregada, sin la más mínima reserva; y claro está, de forma similar, al entregarnos al Amor, yo desnudo mi ser para que reconozcas todos mi entresijos, para que los cuides y los mimes, y veas que son de color de lágrimas, que ni siquiera hacen daño a una mosca…. Son, con total franqueza, las reverberaciones de tu sonrisa, los ecos de tus besos, son el mero reflejo tus palabras, de tus pasos…, estoy lleno de ti.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Empapado


     Tengo los pies empapados. Hoy, en Badajoz, me cogió la lluvia de lleno y, aunque me cubría con el paraguas, terminé con los pies totalmente calados. Los dichosos paraguas sólo son para un rato, no para ir de puerta en puerta durante toda la mañana. Además, cuanto más los preciso menos me cubren, como es en el caso de la lluvia torrencial y arremolinada. Sólo sirven para esa llovizna ligera que ni siquiera llega a encharcar y, por supuesto, siempre que ésta se desencadene directa, sin brisa y por el camino más corto, vertical del cielo al suelo; y, cómo no, también son interesantes para esgrimirlos, para lucirlos caminando almidonado y encopetado de una buena presencia. Pero en todo caso, una cosa está clara, han de ser cómo los paraguas portugueses, de copa ancha y fuertes, que obligue a caminar por el medio de la calle, pues en el ancho de la cera no cogen, y que cobije a toda la familia, e incluso a los comensales.

     Para colmo todas las baldosas huecas eran mías, incluso algún que otro charco disfrazaba su reflejo para que hundiera, hasta bucear, los pies. Mas luchando con el paraguas y asiendo la cartera con ambas manos pasé la mañana siendo naufragando, no entre el llanto desconsolado del cielo, sino entre las lágrimas de hilaridad que nos provocaba la lluvia. Imagínatelo, Amor mío, zozobrando en tu corazón, hasta tal punto que el chaparrón era el orvallo ligero de tus besos. Me movía como un niño y así, mi Niña, te veía, churumbeles juguetones e indiferentes que nos esparcíamos en el aguacero, hasta tal punto que hambrientos de amor y de diversión nos diluíamos cristalinos en los charcos.

     Soy marinero donde quiera que esté, pues tengo una Mar Mujer, una Mar Amapola, que colma el puerto de mi pecho con bocanadas de belleza, con alisios de sinceras emociones, con Adamar de Amor limpio y virgen…. Una andanada de besos tengo que arrestar cada vez que vas al colegio, miedo me da estar cerca de ti. Mas, cuando estemos a solas, no seré capaz de contener el ardor que mantienes dentro de mí y, locamente enamorado, desplomaré una tempestad de besos para que rebose tu Mar, mía, de la felicidad que mereces.

lunes, 21 de octubre de 2013

Bueno


     Bueno, voy a ver si quito el freno y dejo caer mi cuerpo por el inclinado camino de la semana. A ver si lo consigo apear en un lugar adecuado, donde con alegría pueda recolectar víveres. No a prisas para buscar otro lugar inmediatamente, sino deseo un sitio donde los viveres estén uno detrás de otro, seguidos como en un arreate, donde cada fruta cuelga inmediata a otra pieza.

     Sé que esto sería lo idóneo, sé que ni siquiera encontraré un lugar adecuado y que al final de la semana tendré que acarrear este carro con los pies descalzos….

     Mas no he de perder la ilusión, pues incluso en otoño el rosal que esté bien cortado da flores preciosas para mi amada, como si fuese primavera. Además, en cualquier lugar, si cierro los ojos, veo tremolar como bandera su faz, su bellísima fisionomía,… con su estival sonrisa.

     Siempre está aquí, en mi corazón, mi inmarcesible Primavera de junio. Mi Brisa pura de amor que me lleva loco como en carnaval….

Mi Amor


     Mi amor, aunque no he podido ir a verte, he preparado caldos, caramelo de leche para que hicieras gárgaras, manzanilla con miel y limón… que me he tomado tratando de tranquilizar la impaciencia de no estar a tu lado.

     Me alegra que te encuentres mejor porque eres para mí un amor privilegiado de los que nacen para grandes destinos. Yo siento tu fuerza y mi placer más grande es poder sentirme libre a tu lado. 

     Entraste en mi vida sin saber de sentimientos pequeños, me das tu amor con toda la pasión que eres capaz de sentir. Y yo te amo como nunca me creí capaz de amar. Todo se transformó en mi vida. Entré en un mundo que antes nunca soñé que existía. Primero tuve miedo, hubo momentos de duda, pero el amor no me dejó vacilar mucho tiempo. Tu amor me traía todo, la ternura dulce y sencilla cuando buscaba una flor, una canción, una imagen… Con tus manos, escribes versos que me hacen subir al cielo y me queman como brasas. No puedes amar de otra manera, y estos versos son la historia de nuestro amor; grande en todas sus manifestaciones.

     Me gustaría acariciarte y darte de beber la leche de mis senos, como de un manantial, por mirarte y sentirte a mi lado y amarte y mimarte, para que tu ser saliera en la estrofa, limpio de todo mal.

domingo, 20 de octubre de 2013

Amanecer



     Estoy bastante mejor, aunque aún siento como se enreda el frío en mis piernas, en mis brazos y sobre mis hombros. Amor mío, es tal mi sensibilidad que, al lamer la brisa mi piel, estornudo desbocado, sin poderme sujetar.

     Hoy he dormido bien, sin madrugar, tendido a oscuras hasta que barrunté tus pasos por la planta de arriba. Imperceptibles en un principio, como una raíz de hierba buena que brega diminuta por la orilla, horadando mi pecho con tu aroma fresco, para purificar los capilares de mis alveolos; y después, ligeramente más alta, susurrabas con precisa suavidad mi corazón, hendiendo mi esternón con sanadores besos, -aquí tiene la cálida miel de mis labios-.

     Por un instante no supe si yo andaba contigo o tú, Vida mía, florecías conmigo. Lo que aseguro, con franca sinceridad, es que sigo tus pasos de por vida, que busco todas las flores que depositan tus manos y que así, a diario, alzo la cálida taza de tu boca hasta ingerí el elixir que me mantiene en vida: tu perenne alegría, tus –buenos días-; Amor mío.

     Así, en tu cuerpo abierto, esa forma de ser totalmente desprendida, crecí en tallo y me ramifiqué en innumerables y radiantes ramas, cuajadas de diminutas brácteas que enseguida comenzaron a desplegarse, poblando nuestra vida de colores, sonidos y aromas orquestales…. Tú, mi Luz, habitaste la casa de mi alma, te prendiste como cegador Sol y yo, antes oscuro y cuajado de ilusas estrellas, como la noche, me prendí añil, como lirio, una bóveda celeste que emboza cristalina tu vida.

     Recuerdas, Vida, Vida, Vida, Vida mía, nuestros primeros pasos cundo, aún bulbos, nuestra tiernas yemas volcaron diminutas glebas. Cuando ambos corazones carnosos, empapados con esas lluvias que siempre nos recibían, dieron todo de sí. Hermosas planta que crecieron en una jardinera con asa de arco iris, con el tenue calor de un invierno apacibles y que invencibles, en la ribera de una charcha, se abrieron juntos al Amor con un inolvidable beso. Las corolas perennes de dos corazones….

TE QUIERO

sábado, 19 de octubre de 2013

Nube dispersa


     Esta noche no he pegado ojo, sólo podía yacer boca arriba. Si me recostaba sobre el lado derecho o sobre el izquierdo se me taponaba la nariz y angustiado, faltándome aire, no hacía más que dar vueltas para sonarme. Así que, para no estar tan histérico y, sobretodo, para no despertar a José, me levanté sin llegar a calentar la cama y, de nuevo, me embocé junto al teclado, para que tú, Amor mío, me cuidaras.

      A primera hora me sentía bien y me esparcía ligero y nómada, empapando las hojas con una lluvia de ideas limpias y frescas. Había restituido mis fuerzas y era nube dispersa capaz de trazar el papel con la velocidad de los rayos. Así se descubría la noche, sin estrellas ni Luna, sino cubierta de un voluminoso manto de algodón que, con los relámpagos, daba a luz desde sus entrañas.

       En cada gota de sangre recogía el aroma otoñal de la paja húmeda y lo transportaba por mis venas hacia mis yemas, para depositarlo, Dulce mía, en estas hojas de vida. Cuando las leas libarás mis labios abrasadores que, comiéndote a besos, se adherirán a tu rostro como miel fundida y se ceñirán a tu vientre como cinturón de fuego. Así, bajo esta tormenta de amor no debe quedar cultivo sin empapar, por toda tu piel he de llover, agua para que hasta tus dulces pies brillen como plateados peces.

     Ahora, desmayado por la falta de sueño y agobiado de no respirar, soy destello de humilde fósforo que, incombustible, precisa estar entre tus dos manos para que no se extinga en frío. Ya, la nube del cielo se arrastra por el suelo, la nube, de corazón completo, se hace niebla que se adhiere como tibia cortina a tu cuerpo desnudo. Preciso que irrigues mi linfa blanca, que la tintes con abigarrados matices, que la abrigues con la paz profunda de tu cálido pecho.

viernes, 18 de octubre de 2013

Un caldo calentito




     Una manzanilla calentita, con limón y miel; embozado, hasta los ojos, en una manta de pelo de angora que temple esa sensación fría de lapislázuli que me estremece el cuerpo; y aspirando el ardiente soplo que exhala la incombustible candela que mora en tu pecho. Así, ovillado en el sillón, me advierto ligera pluma que se balancea en nacarado y cegador cielo, sin apenas nubes, tan sólo las limpias teas de tus sinceros ojos.

     


     Es mi inquieta Diosa que en silencio vela por todo lo que abarca, mi Deidad hacendosa e infatigable, mi divina Maestra que enseña sin atributo ni distintivo mas, si abriesen su sesgado pecho, se quedarían hechizados, deslumbrados con tantas singularidades, tantas y tan meritorias. Sí, así es Ella, de tremendo brío y a
cerosa voluntad, toda, absolutamente toda aprestada por un corazón inmenso de cuarzo hialino, sin la más mínima máculas de rencor, y un juicio de sabiduría inalcanzable, de inteligencia alejandrina.



     Aquí, paciente, flotando en hamaca, me envuelve la Mar de hebras de cachemira que siempre me mima, mas esta noche no me cuida con aspirinas sino me suspira que beba de sus labios caldo calentito.

jueves, 17 de octubre de 2013

Lirio de río


Qué más queda por hacer,
… algo más por atender.
Es la hora de mi Amapola,
de que este raro bulbo abra su tierra
y desenrolle sus hojas lanceoladas,
una bráctea, al menos una sola
desdoblar hojilla de agua carnosa,
de savia de idolatría desangrada.
Para adelantar la frescura poderosa
que sólo advertimos tú, Flor mía, y yo.



Es la hora y sólo oigo a través de tus ojos
sólo veo lo que piensas…, lo que sientes;
ya sólo, Amor, me declino en tu vientre.
Es nuestra dulce incapacidad
la que me abandona al albedrío,
sobrevolando como un pájaro
el sueño que enclaustra tu pecho.
Ya ruedo sobre terrazos fríos
ya fenezco de lo consciente,
e ido y nuevo, lirio de un río,
me remanso en la mar de tu lecho.

martes, 15 de octubre de 2013

Por qué


     Por qué no jugar todos los días con la luz del conocimiento. Por qué no ser sutil visitador de una hermosa Flor, de su estigma, de las peculiaridades de su pistilo, de su gran Corazón, de esa pulcritud de pétalos…, y de esa virginal pureza de aromas.

     Por qué, Amor mío, no esparcirse todas las noches por el cautivador abismo del universo. Por qué no ser blanca cabecita de alfiler que deje imborrable estela al orbitar alrededor de un Sol. Por qué no retozar por las singularidades de su firmamento, entre ese racimo de bellas estrellas, por sus cósmicos Ojos y por las misteriosas nubes que se perfilan en la lontananza de su éter.

     Por qué, Vida mía, no embeber con ganas la calma de la mar. Por qué, a cada orto u ocaso, no ser un naufrago que se adentre por la anchurosa vereda con la que la Luna o el Sol rielan. Por qué no ser un intrépido conquistador que no se conforma con un ponto helénico, sino que rebasa las columnas de Hércules y se adentra en el pelágico abismo de su océano, su insondable Pecho. Amando, sí, amando ese arremolinado aliento que ulula tras los Seno de mi Vida.

     Por qué, Dama de mi corazón, no ser asiduo a ese arte culinario de los buenos días, del almuerzo y de los ardientes deseos de las noches. Por qué no esforzarse en perdurar algo tan natural y maravilloso como son los ensueños carnales de hacer el amor. Sí, por qué no aliñar juntos el limón de nuestras bocas, por qué no morder siempre y ansiosamente, amándote tantísimo, como el primer día, tu boca ciruela. Así, con mis labios, Niña de mi vida, limpiar tus Luceros, libar tus nacarados Senos y recolectar en una cesta de incontable besos la miel de tu Sexo….

A acostar


     Amor mío, que pronto me voy a ajustar a la almohada, enseguida voy desplegar las sábanas hasta que me cubra la barbilla. Para no tener frío y escuchar, casi sin dormir y en esta distancia inexistente, los resuellos de tus sueños. Me pesan los párpados, mas me reconforta no cerrarlos, me fortalece como droga mantenerlos entreabiertos aliviando las violentas tensiones, o los deseos de verte, que aguanta mi corazón, Vida mía.

     Sientes, mi Niña, como insisto bajo el Sol, como alboroto los estrellados caireles que cuajan el cielo nocturno. Sí, me acentúo con cada haz de luz que se abre al aire, bien sean soberbios del poderoso Sol o delgados de las innumerables estrellas; todas estas estelas, como eco, me sisean tu desmedida belleza, íntegros indicios de fulgor que recibo anclado al teclado, con hojas tendidas al pairo para transcribirlas con los pulsos de mis venas, con el roce de mis yemas. Así atiendo el rumor de mi Dama, la cadencia de la Mar, la quilla de amor que penetra por mi esternón deshaciendo mi corazón a través de los dedos. … dime, Vida mía, sí es dulce el humor que gotea de mi mano, dime Amor sí es de miel la linfa que cae de mi Alma, sí revierto por mi piel el desmedido amor que tú me das….

domingo, 13 de octubre de 2013

Estrella de Amapola


     Que frío hemos pasado esta mañana, por Cánovas íbamos encogidos, con las manos en los bolsillos y caminando muy deprisa, casi corriendo, para llegar pronto al Gran Teatro y guarecernos en el hall. Él tenía un concierto a las 11:30 y para colocarse, afinar los instrumentos y entrar en calor habían quedado una hora antes; todos han llegado helados como polos, pues aún visten las prendas ligeras de verano.

     En casa le dije que las mangas de las chaquetas deben quedar algo cortas, que los puños de la camisa han de sobresalir por debajo de éstas para lucir, si es el caso, los gemelos. Pero que gran chasco me llevé, las mangas le quedaban demasiado altas, tanto que exhibía más de medio brazo. Así que, a volandas, tuve que rebuscar entre la ropa, por todos los cajones, para encontrar una camiseta oscura. Se tenía que presentar de negro y así fue, tanto la camisa como la camiseta de mangas cortas que llevaba debajo eran negras.

     En el Gran Teatro, como en todos los conciertos, un auténtico trajín para llevar los instrumentos desde el furgón al escenario, sobre todo los grandes tambores de la percusión. En este caso fue un esfuerzo positivo, pues nos hizo entrar rápidamente en calor y, gracias a ello, se cumplió el dicho de que “a quien madruga Dios le ayuda”, él ya estaba listo, lo tenía todo preparado y, además, estaba a tono para soplar sin temblar.

     Yo no me quedé a ver la obra, tenía que lavar los bajos del coche para pasar la ITV y aproveché para ello. De todas formas he asistido a tantos ensayos que ya me conozco todos los intríngulis de las obras que, por ahora, representan. Aunque, a decir verdad, es una gozada verlos tocar una y otra vez, yo disfruto como un niño chico que abre su juguete nuevo. Así es, en los ensayos, cuando el director, Pedro padre, hace hincapié en algún ligero descompás, o corrige el imperceptible tono del algún instrumento, descubro el juguete nuevo que hay dentro de la pieza musical y al tocarla, paso a paso, frase a frase siento lo maravillosa que es y advierto la cantidad de esbozos que componen esa bella obra.

     Vida mía, no te puedes hacer una idea de cuánto te echo de menos en los ensayos. Me encantaría llegar contigo a ese salón, lo recuerdas, sentarnos en un rincón y boquiabiertos disfrutar de los múltiples detalles que componen una obra musical.

     Sí. un día tal como hoy, sumándonos a los músicos, sintiéndonos partícipes de su gran labor, de su magistral función, cubrir nuestra sangre ardiente, nuestra piel erizada con nuestros mejores prendas e ir con el corazón en la boca a disfrutar juntos del concierto.

     Amor mío, al subir los peldaños del Teatro, o al bajar por el enmoquetado y sombrío pasillo que lleva a las butacas, tender lentamente mi mano para que apoyes la tuya, para que me asgas con amor y, cediéndote siempre el paso, perfilar una sonrisa perfecta en tus labios y pintar un brillo de júbilo puro en tus ojos.

     Sintiéndote, tal como ahora a mi lado, bailando sumergidos entre melodías de vientos y cuerdas. Amándonos de esta forma, así de fácil, notando, sin pronunciar palabra, que pisas mi corazón, que iluminas cualquier penumbra de mi cuerpo y que conformas, incluso en un concierto, una alcoba inmejorable donde con el alma hacemos el amor.

     Acompáñame, Flor de mi vida, luce tu esplendor junto a mí, que tú me sabes cantar con amor, que tú me limpias de cualquier sombra con una llovizna hermosa de alegría. Sé que lentamente, e incluso sin lenguas, palpas el íntimo beso que se alza desde mi pecho, un beso constante e inagotable que mitiga el hastío de una Amapola, que hace que la estrella de su pistilo siempre luzca más que intensa.

sábado, 12 de octubre de 2013

Cómo puedo


     Cómo puedo, Bienamada, esparcir imperceptible cariño dentro de tu lar. Dime, Amada mía, qué hacer para eliminar la pena que te desasosiega y dispensar el tenue y dulce aroma de primavera que mereces.

    Articularé los nudillos de mis dedos hasta que me duelan de artritis y mi boca temblará sin descanso hasta que quede afónica y se agriete por descuajar la inquieta sangre que tromba mi corazón.

     Dime cuántos profundos besos nos hemos dado en los labios y cuántos en hermosos e incontables sueños…; mi Niña, son tantísimos que me surgen y los revierto a raudales para plagar tu derredor, tu inmediato entorno, el único lugar que amo…, de inimaginables aromas, de bálsamos estimulantes como la suave fragancia del limón, o de esencias finas como el dulce olor de la canela o de efluvios frescos como el helor aterido de la menta…

     Es tan irresistible el deseo de mimarte, de abrir mi pecho y desperezar todos mis sueños. Tanto, tanto te quiero Vida mía que te necesito como un niño perdido asiste una mano. Así, a todas horas requiero tu quemante mirada y presiento que está ahí, perenne, y que, como la Diosa que para mí eres, me observa en todo lugar y en todo momento. Amada mía, me urge perderme entre ensueños a jugar contigo, a compartir sentimientos y a erigir nuestro particular hogar. O sea, Amor mío, a cerrar las puertas tras de sí y a adornar nuestro latiente salón, bien sea hablando de tus querubines o bien de mi quehacer diario; a entrelazar caprichosamente las manos para arrecadar nuestra hirviente cocina; a aliñar el día a día con sinceros picos o con ardientes besos; o escanciar la saliva que nace desde el hontanar de nuestros corazones.

   Mas al cerrar los ojos y advertir el sufrimiento de tu corazón lloro de incontenible dolor y, siempre ardiente, me consumo desquiciado en cenizas. No puedo asir esas manos que se secan otoñales, ni dar calor a la áurica espiga que abastece de harina al molino de mi Vida, ni siquiera raptar la centellante lágrima que se derrama entre sombras sobre la callada y apagada luz de su intensa mejilla.

     Amor, canturrearé desmedido e incluso balbucearé entre sueños para ser una linterna cegadora que arroba cada esquina umbría de tu razón, una vela inagotable que desvela el hermoso arte que luce en las infinitas galerías de tu interior. Tú, Amor mío, sin querer has detenido mis pasos, me has paralizado dentro de un edén y ahora, y en lo que me resta de vida, permaneceré inmóvil disfrutando y dilatando los inagotables encantos que cubren las pelágicas paredes de tu alma.

     Conseguiré, tal como tú haces en mi pecho, que en el reino de tu cuerpo se consuma mi vida en hoguera, me esforzaré para que se alce en llama inagotable. Prenderé, sólo para ti, un bosque repleto de fantasías, un bosque que duplique los aromas, una arboleda que atesore en impenetrables nudos nuestros innumerables secretos…; y prenderé esta espesa y celosa alegría para que estalle ensordecedora en el Reino de tu Pecho. 

viernes, 11 de octubre de 2013

Vamos


     Que ganas, Vida mía, que ganas de que el Sol se inserte en tu piel. Sí, Amor mío, tengo tanta necesidad que siento hambre de que caminemos como potros indómitos entre los bolos de los Barruecos. De abrazarte y besarte al aire libre, y ser dos hojillas secas que se evadan sobre un lecho de musgos. A la intemperie y en el limbo, acariciar tu pelo hasta quitar las asperezas de la semana, hurgarte con palabras dulces hasta que amaine la tempestad y migres libre y sonriente a un vergel de amor y de calma.

lunes, 7 de octubre de 2013

Lluvia


     Aportar, con suavidad y frescura, una lluvia constante que apacigüe la fragua diaria. No, no ser un mero calabobos, ni un simple y mensurable ciclo pluvial, sino ser tu impredecible sirimiri, para que siempre que me adviertas estés empapada de sortijas de amor, de misceláneas esmeraldas aspergidas sobre tu piel floral.

     Seré, aun te suene extraño, una regadera inmarcesible que diluvie placer hasta que escampe cielo raso en tu sien. Sí, Amor mío, ansioso a todas horas y en todo lugar por lograr tan sólo una cosa, sobrehilar un delta tras tus ojos, un tren de cristalina miel, de ámbar dulce que eslabone mi alienada alma a tu perfecta forma de ser, Mujer….

Un camino


     Tumbado bocarriba y con las manos tendidas entre la pureza de las tinieblas. Similar a un hechicero que con vaporosa lentitud, desde una loma escarchada en blanco, acaricia la seroja otoñal que se desprende de los árboles. Así ultimo, antes de partir, un abrazo más, un ramo multicolor que rompe la distancia y, creciendo en mi pecho, adorna y aromatiza tu lecho.

     Aun de noche, con el firmamento cuajado de estrellas y una ligera brisa que eriza la piel, comienzo mi ronda diaria para buscar clientes. Algo desconcertado, pero porfío en que lograré lo indispensable.

      Contemplo rosales que se resisten a marchitarse, que antes de que los poden logran una flor más, que luce hermosa a la luz de la luna. Observo niños corriendo por los parques y las eras, impávidos diablillos que se divierten con sus juegos sin que turbias y adultas malignidades les conturben.

      Me ganaré un racimo de uvas y un trozo de pan, lograré un plato caldoso de arvejas y repollo para la boca de mi niño…. Comienza la mañana y, desde antes de salir el Sol, un lirio aspergido de rocío desafía el fervor del prado. Cubierto con una capellina de entretiempo ahuyento el relente del cielo y contigo, Amor mío, transito todos los caminos. Un papa sin esconderse y una mamá deslumbrante transitan bajo los blancos haberes de las nubes y la limpia cúpula azul del cielo.

domingo, 6 de octubre de 2013

Amor mío, hola


     ¿Cómo está...?, y tú, Vida mía, ¿qué tal estás?. Yo no consigo, ni por un instante, apartar tu imagen de ensueño, la más bella visión que jamás he tenido. Así es, Amor mío, ¡no puedo! estar por ahí sin saber de ti, pues me agobian tanto los nervios que ¡me es imposible! e incluso, al no soportarlo, me ablando por de tal manera dentro que me apago oscuros, sin sonrisa alguna. Lo digo con absoluta franqueza, con este corazón, sólo tuyo, en la mano.

     Antes de ayer, por ejemplo, al ir de aquí para allá, sin poder escribir y sin conexión alguna, sentía mi alma muda, ciega y presa en el cuerpo. En medio de la calle me advertía vivo pero sin necesidad de estarlo. Sí, vivo y solamente eso, pues mi espíritu, al no ser libre, se había reducido a la estructura del esqueleto.

     Ayer fue aún peor, mis pensamientos, para estar contigo, volaban veloces fuera de sí. Intentaba saltar al profundo piélago de tu alma, mas me ahogaba lejos y sin esperanza en mi lóbrego pecho. Pues por la mañana corrí hacia Villanueva y más que llegar, para terminar e ir rápido a tu lado, me puse a arreglar el coche. Por la tarde quería desenredarme de los menesteres, pero fue imposible, me arroparon tanto que me asfixie. Mi Niña, nos robaron mi tiempo, este tiempo que sólo a ti te pertenece y, ya bien entrada la noche, y con José dormido, me retiré sin ilusión a dormir.

     Mas ahora lo logré, al fin respiro bien. Aquí, sumergido en tu pecho ya no me falta el aire. Sé que comienzo muy temprano, pero, Amor mío, lo preciso pues sólo con el primer segundo ya renazco lozano, con un minuto ya estoy plenamente vivo, con diez o veinte ya paseo, paseo y paseo, sin llorar o si lo hago, es de felicidad; y al cabo de unas horas presiento que esbozo un texto rosa, que logro con estas hojas un beso dulce, que me atrapan tus brazos y me hundo profundo en las entrañas de tu pecho.

     Útil, este diminuto corazón se abre hermoso, como capullo de flor, dentro de tu infinito y mágico mundo. Ahí, con la Luz de Vida de mi cálido Sol, me siento inmarcesible luna que vira siempre cerca, sedienta y hambrina, devorando amor, sorbiendo el ardor de mi gran Sol.

TE ECHO DE MENOS

jueves, 3 de octubre de 2013

Una tarde algo silenciosa y solitaria


     Una tarde algo silenciosa y solitaria, tan sólo se escucha el curioso efecto doppler de los coches que viene y van. Mordisqueo, como ratoncillo, una pera durísima y dulce y, mientras, escribo con una exaltación primaveral o, mejor dicho, casi estival.

     Te cubro sobre papeles blancos con la palma de mi mano. Te voy arropando con un una neblina de gestos, de pequeños ademanes que gota a gota exteriorizan la ola acezante que me sumerge, incluso despierto, en sueños. Contengo mis aspavientos, mas me es imposible moderar el intenso calor que disipa mi corazón y por ello, cuando revientan como burbujas, surgen aparatosos visajes de este cascarón afortunado que hospeda a dos brillantes flores.

     Crece mi júbilo hasta tal súmmum que neblina se tupe de deseos. Mi pasión hoza el barro derretido de mi pecho para revelar los candentes rizomas con los que tú, mi Amor, colmas mi corazón. A diario asgo una raíz menuda y selecta y la ovillo en mis yemas, son las líneas que serigrafían la palma de mi mano, infinitas briznas que revierto desde mi corazón espejo hasta el remoto cosmos de tus ojos.

     Mi Amor, Vida mía, yo tan sólo manejo el telar de vellón de lana que ahíta mi alma y si extiendo la palma de mi mano muestro un resplandor nostálgico y, a la vez, voluptuosos del único destino que anhelo, vivir amándote…, que tu Amor sea el hado de mi vida.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Escasamente una hora


     Escasamente una hora, tan sólo me conceden una tacaña hora para, como espejo, volcar tu bellísima pureza y no puedo ser mezquino he de abrir y extraer toda la luz que emerge de mi corazón y flota como medusa alrededor de mis razón, de mis ojos….

     Mas, aun parezca innoble la vida con tanto bregar, la riqueza de amar lo solapa absolutamente todo, es como la reverberación del eco pero en este caso se sobrepone tras los ojos con tanto vigor que los espejismos que emergen del pecho terminan reales. Tu mirada, el paraíso de tus ojos; tu faz, la deriva en la Mar de la sonrisa; tu cuerpo, la plumosa caricia de tus yemas, de tu piel aspergida de lluvia diamantina, de soles en la noche….

     Me estremece un temblor ligero al sentirme siempre en vilo, entre tus brazos…. Absorto, Amor mío, de en cualquier lugar amarte tanto….