Que ganas, Vida mía, que ganas de que el Sol se inserte en tu piel. Sí, Amor mío, tengo tanta necesidad que siento hambre de que caminemos como potros indómitos entre los bolos de los Barruecos. De abrazarte y besarte al aire libre, y ser dos hojillas secas que se evadan sobre un lecho de musgos. A la intemperie y en el limbo, acariciar tu pelo hasta quitar las asperezas de la semana, hurgarte con palabras dulces hasta que amaine la tempestad y migres libre y sonriente a un vergel de amor y de calma.

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