Una tarde algo silenciosa y solitaria, tan sólo se escucha el curioso efecto doppler de los coches que viene y van. Mordisqueo, como ratoncillo, una pera durísima y dulce y, mientras, escribo con una exaltación primaveral o, mejor dicho, casi estival.
Te cubro sobre papeles blancos con la palma de mi mano. Te voy arropando con un una neblina de gestos, de pequeños ademanes que gota a gota exteriorizan la ola acezante que me sumerge, incluso despierto, en sueños. Contengo mis aspavientos, mas me es imposible moderar el intenso calor que disipa mi corazón y por ello, cuando revientan como burbujas, surgen aparatosos visajes de este cascarón afortunado que hospeda a dos brillantes flores.
Crece mi júbilo hasta tal súmmum que neblina se tupe de deseos. Mi pasión hoza el barro derretido de mi pecho para revelar los candentes rizomas con los que tú, mi Amor, colmas mi corazón. A diario asgo una raíz menuda y selecta y la ovillo en mis yemas, son las líneas que serigrafían la palma de mi mano, infinitas briznas que revierto desde mi corazón espejo hasta el remoto cosmos de tus ojos.
Mi Amor, Vida mía, yo tan sólo manejo el telar de vellón de lana que ahíta mi alma y si extiendo la palma de mi mano muestro un resplandor nostálgico y, a la vez, voluptuosos del único destino que anhelo, vivir amándote…, que tu Amor sea el hado de mi vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario