lunes, 7 de octubre de 2013

Un camino


     Tumbado bocarriba y con las manos tendidas entre la pureza de las tinieblas. Similar a un hechicero que con vaporosa lentitud, desde una loma escarchada en blanco, acaricia la seroja otoñal que se desprende de los árboles. Así ultimo, antes de partir, un abrazo más, un ramo multicolor que rompe la distancia y, creciendo en mi pecho, adorna y aromatiza tu lecho.

     Aun de noche, con el firmamento cuajado de estrellas y una ligera brisa que eriza la piel, comienzo mi ronda diaria para buscar clientes. Algo desconcertado, pero porfío en que lograré lo indispensable.

      Contemplo rosales que se resisten a marchitarse, que antes de que los poden logran una flor más, que luce hermosa a la luz de la luna. Observo niños corriendo por los parques y las eras, impávidos diablillos que se divierten con sus juegos sin que turbias y adultas malignidades les conturben.

      Me ganaré un racimo de uvas y un trozo de pan, lograré un plato caldoso de arvejas y repollo para la boca de mi niño…. Comienza la mañana y, desde antes de salir el Sol, un lirio aspergido de rocío desafía el fervor del prado. Cubierto con una capellina de entretiempo ahuyento el relente del cielo y contigo, Amor mío, transito todos los caminos. Un papa sin esconderse y una mamá deslumbrante transitan bajo los blancos haberes de las nubes y la limpia cúpula azul del cielo.

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