martes, 15 de octubre de 2013

Por qué


     Por qué no jugar todos los días con la luz del conocimiento. Por qué no ser sutil visitador de una hermosa Flor, de su estigma, de las peculiaridades de su pistilo, de su gran Corazón, de esa pulcritud de pétalos…, y de esa virginal pureza de aromas.

     Por qué, Amor mío, no esparcirse todas las noches por el cautivador abismo del universo. Por qué no ser blanca cabecita de alfiler que deje imborrable estela al orbitar alrededor de un Sol. Por qué no retozar por las singularidades de su firmamento, entre ese racimo de bellas estrellas, por sus cósmicos Ojos y por las misteriosas nubes que se perfilan en la lontananza de su éter.

     Por qué, Vida mía, no embeber con ganas la calma de la mar. Por qué, a cada orto u ocaso, no ser un naufrago que se adentre por la anchurosa vereda con la que la Luna o el Sol rielan. Por qué no ser un intrépido conquistador que no se conforma con un ponto helénico, sino que rebasa las columnas de Hércules y se adentra en el pelágico abismo de su océano, su insondable Pecho. Amando, sí, amando ese arremolinado aliento que ulula tras los Seno de mi Vida.

     Por qué, Dama de mi corazón, no ser asiduo a ese arte culinario de los buenos días, del almuerzo y de los ardientes deseos de las noches. Por qué no esforzarse en perdurar algo tan natural y maravilloso como son los ensueños carnales de hacer el amor. Sí, por qué no aliñar juntos el limón de nuestras bocas, por qué no morder siempre y ansiosamente, amándote tantísimo, como el primer día, tu boca ciruela. Así, con mis labios, Niña de mi vida, limpiar tus Luceros, libar tus nacarados Senos y recolectar en una cesta de incontable besos la miel de tu Sexo….

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