viernes, 25 de octubre de 2013

Estate tranquila


     Vida mía, estate tranquila pues te guardo con tanta lucidez en mi pecho, entre mis débiles brazos, que advierto con total exactitud la fina órbita de tu perfecta cintura, de tu magnífica silueta, de tus correctas nalgas (mmmm)…, que advierto con total claridad la transparencia y suavidad de tus manos entremezclándose con el vello de mi pecho y con mi corto cabello.

     Así, mi Niña, en mí están diluidas todas tus palabras escritas o habladas, tan desleídas que me emergen como aurora al despertar, que me aluzan los pasos durante toda la jornada y que, al retirarme a dormir, me sumergen en dulce y cariñosa alucinación.

     Has copulado de tal forma mi ser que el más mínimo gesto que recuerdo es hermosa obra que atesoro con celo, como si se me escapara la vida en ello. Estás tan dentro de mí, eres tan evidente en mi corazón, que un prosaico ademan tuyo se torna bello como Fénix de fuego, que una muesca de felicidad se incuba como mácula cegadora tras mis ojos; y, por supuesto, que un imperceptible roce de tus manos, o el pose ligero de tus labios, o profundo beso haciendo el Amor…, sí, juntar las bocas o separarlas sin articular palabra alguna, mas expresando un Todo…. Eso, mi Amor, lo percibo como si me abrieses al vuelo libre el edénico y cristalino abismo de tu alma, totalmente entregada, sin la más mínima reserva; y claro está, de forma similar, al entregarnos al Amor, yo desnudo mi ser para que reconozcas todos mi entresijos, para que los cuides y los mimes, y veas que son de color de lágrimas, que ni siquiera hacen daño a una mosca…. Son, con total franqueza, las reverberaciones de tu sonrisa, los ecos de tus besos, son el mero reflejo tus palabras, de tus pasos…, estoy lleno de ti.

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