lunes, 28 de octubre de 2013

Ayer tarde


     Ya es de noche y he terminado de recoger la mesa. Ahora me quiero crecer sobre los dedos con la razón y el corazón. Lo preciso hacer y sé, además, que tú lo necesitas. Lo haré con la diversidad de esta tarde, con la amplitud de los Barruecos, con esta sexualidad tan exuberante de la tierra, de musgo y las setas entre los domos, del agradable aroma otoñal.

     Es puro equilibrio lo que hay aquí, una caridad absoluta para el alma. Tan inmaculado es este ambiente que la ventana de los ojos, aunque se desenfoquen en vano, sin baraustar la mirada, se inundan de una integridad espiritual, estética e incluso intelectual, una emoción seráfica, de calidad amante.

     Sí, mi Amor, este realismo disuelve todos los pesares. Cala el cuerpo a través de los poros y se amolda de forma terapéutica a cada órgano. Mujer mía, es tal el placer de este paisaje que estas sutiles analogías se quedan ridículas en comparación con el legible poema que exhala de cada rincón. Aquí, en los Barruecos y en las dehesas aledañas, el paraje me disuelve junto a ti, nos erige un hogar libre y liviano para ambos corazones, sin paredes de pecho, eternamente juntos….

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