domingo, 6 de octubre de 2013

Amor mío, hola


     ¿Cómo está...?, y tú, Vida mía, ¿qué tal estás?. Yo no consigo, ni por un instante, apartar tu imagen de ensueño, la más bella visión que jamás he tenido. Así es, Amor mío, ¡no puedo! estar por ahí sin saber de ti, pues me agobian tanto los nervios que ¡me es imposible! e incluso, al no soportarlo, me ablando por de tal manera dentro que me apago oscuros, sin sonrisa alguna. Lo digo con absoluta franqueza, con este corazón, sólo tuyo, en la mano.

     Antes de ayer, por ejemplo, al ir de aquí para allá, sin poder escribir y sin conexión alguna, sentía mi alma muda, ciega y presa en el cuerpo. En medio de la calle me advertía vivo pero sin necesidad de estarlo. Sí, vivo y solamente eso, pues mi espíritu, al no ser libre, se había reducido a la estructura del esqueleto.

     Ayer fue aún peor, mis pensamientos, para estar contigo, volaban veloces fuera de sí. Intentaba saltar al profundo piélago de tu alma, mas me ahogaba lejos y sin esperanza en mi lóbrego pecho. Pues por la mañana corrí hacia Villanueva y más que llegar, para terminar e ir rápido a tu lado, me puse a arreglar el coche. Por la tarde quería desenredarme de los menesteres, pero fue imposible, me arroparon tanto que me asfixie. Mi Niña, nos robaron mi tiempo, este tiempo que sólo a ti te pertenece y, ya bien entrada la noche, y con José dormido, me retiré sin ilusión a dormir.

     Mas ahora lo logré, al fin respiro bien. Aquí, sumergido en tu pecho ya no me falta el aire. Sé que comienzo muy temprano, pero, Amor mío, lo preciso pues sólo con el primer segundo ya renazco lozano, con un minuto ya estoy plenamente vivo, con diez o veinte ya paseo, paseo y paseo, sin llorar o si lo hago, es de felicidad; y al cabo de unas horas presiento que esbozo un texto rosa, que logro con estas hojas un beso dulce, que me atrapan tus brazos y me hundo profundo en las entrañas de tu pecho.

     Útil, este diminuto corazón se abre hermoso, como capullo de flor, dentro de tu infinito y mágico mundo. Ahí, con la Luz de Vida de mi cálido Sol, me siento inmarcesible luna que vira siempre cerca, sedienta y hambrina, devorando amor, sorbiendo el ardor de mi gran Sol.

TE ECHO DE MENOS

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