Qué más queda por hacer,
… algo más por atender.
Es la hora de mi Amapola,
de que este raro bulbo abra su tierra
y desenrolle sus hojas lanceoladas,
una bráctea, al menos una sola
desdoblar hojilla de agua carnosa,
de savia de idolatría desangrada.
Para adelantar la frescura poderosa
que sólo advertimos tú, Flor mía, y yo.
Es la hora y sólo oigo a través de tus ojos
sólo veo lo que piensas…, lo que sientes;
ya sólo, Amor, me declino en tu vientre.
Es nuestra dulce incapacidad
la que me abandona al albedrío,
sobrevolando como un pájaro
el sueño que enclaustra tu pecho.
Ya ruedo sobre terrazos fríos
ya fenezco de lo consciente,
e ido y nuevo, lirio de un río,
me remanso en la mar de tu lecho.
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