martes, 15 de octubre de 2013

A acostar


     Amor mío, que pronto me voy a ajustar a la almohada, enseguida voy desplegar las sábanas hasta que me cubra la barbilla. Para no tener frío y escuchar, casi sin dormir y en esta distancia inexistente, los resuellos de tus sueños. Me pesan los párpados, mas me reconforta no cerrarlos, me fortalece como droga mantenerlos entreabiertos aliviando las violentas tensiones, o los deseos de verte, que aguanta mi corazón, Vida mía.

     Sientes, mi Niña, como insisto bajo el Sol, como alboroto los estrellados caireles que cuajan el cielo nocturno. Sí, me acentúo con cada haz de luz que se abre al aire, bien sean soberbios del poderoso Sol o delgados de las innumerables estrellas; todas estas estelas, como eco, me sisean tu desmedida belleza, íntegros indicios de fulgor que recibo anclado al teclado, con hojas tendidas al pairo para transcribirlas con los pulsos de mis venas, con el roce de mis yemas. Así atiendo el rumor de mi Dama, la cadencia de la Mar, la quilla de amor que penetra por mi esternón deshaciendo mi corazón a través de los dedos. … dime, Vida mía, sí es dulce el humor que gotea de mi mano, dime Amor sí es de miel la linfa que cae de mi Alma, sí revierto por mi piel el desmedido amor que tú me das….

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