domingo, 27 de octubre de 2013

Otoñada



Vagabundo que caligrafía su sombra,
que a cada paso anota lo que fulge.
Vida mía, trazo senda con tanto auge
que en cada surco alineo tu nombre.

Son mis yemas que rezuman alma
de arrope, cuentas de mi dama
Paloma, tonadas de mi Amapola.

Estas palabras tuyas inmovilizan,
estrofa a estrofa, las lindas rimas
que liban, como inaccesibles copas,
las estrellas que prenden mi cima.

Estibas tanto amor en mi boca
que este corazón, aun fuese roca,
se contrae más que gravitatorio
hasta detonar, por ti, cósmico.

Allá donde estés, en el dormitorio,
en el salón o en ese observatorio
del balcón, tu jardín mitológico.

Donde deseo clarear como albor,
o extinguirme al ocaso en calor,
o sólo ser siempre tu tímida flor;
lirio en un único tiesto de amor.

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