sábado, 3 de noviembre de 2012

Ya no he de decir



     Ya no he de decir que estoy deseando penetrar en el pasajero sueño, ya no preciso retirarme al taumatúrgico y efímero empíreo de Morfeo. De veras, ya soy como agua de río que fluye en un único sentido hacia un magnífico destino; como nube que descarga torrencial abandonando el elevado cielo, donde sólo soy vellón tímido, para mezclarme con babilónica y profunda Mar; como fruto maduro que desespera por abandonar rama aislada, que precisa ser asida por dóciles manos, que imperiosamente necesita ser recolectada sobre vientre y ser lentamente devorada y macerada para dejar hasta la última gota de dulce, briosa y dichosa vida en el remanso marino de boca Amada.



     Siento como se me ha entregado el Éter, como Hemera Amar, hermosa por diáfana luminosidad, se arrimó a mi reducida oscuridad, como ante la crasa Luz sucumbió mi erebo, como la Aurora se desbalagó por cada equina de mi arrugado e infausto pensamiento y lo sació de cegante y alba tonalidad.

     Ahora no quiero ser ave que se alce al Firmamento, ni humo que se disgregue por el Éter, sino hogaño árbol que recio y lento arraigue en el terruño que hay tras tus senos, que frondoso se extienda y ocupe tus mientes, que eclosione en bálsamo leñoso y apacigüe el más mínimo resquicio de turbación. Estercolado por edénico jardín me cubriré de cientos de ramas, de miles de hojas y de millares de flores, succionaré del silo del tu pecho hasta el último pellizco de sal y elaboraré savia que a diario dará noval fruto.

     Debo mantener tu luz así de intensa, para ello ilustraré cada neurona de mi mente hasta que el tegumento se agriete de grandilocuencia. Mi vida, jamás amainará mi vehemencia, desbordaré cauces de retórica por las yemas de mis dedos para que se ensanchen las orillas del sendero de tu vida. Sí, sueños de calles amplias y apaisadas, de portales frondosos y cubiertos de tiernas esmeraldas y nada de balcones arcaicos. Quiero que tu panorámica sea siempre muy fresca y jovial, que todo lo que te envuelva sea de esplendor florido, que el color marino de la Mar de mi Mujer recubra las paredes de toda tu vida. Alfeizares de lapislázuli, umbrales de mármol, puertas de madera de acacia claveteada en plata y pomos marfilados…, tu moradas cubierta de vida, de vigor que deslumbre. Los parajes, si son estivales que sean áuricos de cebada o trigo radiante e iridiscentes de pomas, ciruelas, uvas e higos maduros; si son otoñales que sean tapices cuajados retoños esmeraldas, veteados con senderos de serojas pardas y jaspeados de hongos encarnados, amarillos, albinas,…; si son invernales que sean albos y cieguen los ojos; y si son primaverales, mi Amor, que sean idénticos a ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario