lunes, 19 de noviembre de 2012

A dormir


     Bueno, voy a seguir aserrando espinos para hacer picón y a la noche, en el sillón, sobre mis piernas y cubierta hasta el cuello, mecernos abrazados y calentitos. Además, del cobre de ajo que cuelga del dintel de la chimenea, cogeré dos cabezas hermosas para asarla a fuego lento en el brasero y con un chusco de pan tostado cenaremos templando las manos.

     De postre, mi Vida, desgranaré en un cuenco de barro los rubíes rojos de una granada madura, bañados con un vasito de vino tinto y nevado con el azúcar una cucharada sopera. No asgas, Amor, la cuchara, deja que yo tome con la punta dulce caldo y diamantino grano y sonriente humedezca tus labios de acaramelado zumo. Mi Niña, deja que la semilla rubí se embeba del jugo de tu saliva y reviértemelo en apasionados besos que pincelen de caramelo mis labios y mi vida.

     No temas, mi Amor, que yo pelaré los dientes para no quemar tus dedos y desganaré las dulces gemas para no ennegrecer tus yemas. Y después de cenar limpiaré la mesa, las cáscaras de los dientes de ajo, de la granada y las migas de pan; mientras tú, bellísimo Amor mío, terminas las cosas de los niños.

      Y entrada la noche, cuando tus pómulos canela se enrojezcan por el purpúreo vino, te llevaré a la cama ebrio de felicidad, te descalzaré con mimo, desvestiré la prenda que me permitas y haciendo el amor penetraremos juntos en los sueños que a diario hemos de llevar a cabo.

No he de perder segundo, no quiero obviar ademán alguno ni olvidar el más mínimo pensamiento que dicta mi corazón.

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