jueves, 8 de noviembre de 2012

Dicen que no existen los milagros


     Dicen que no existen los milagros, que nadie los ha visto pero yo, si cierro los ojos y fisgo por el frondoso y extenso agro en el que he asido tu mano, lo tengo claro. Sí, mi Vida, sin que dé tiempo a que lleguen tus suspiros yo te retengo en mí y a diario, entre ambos, va y viene un milpiés cargado de los anhelos que nos emanan en forma de suspiros.

     Dicen que no existen los prodigios divinos y yo, muy afortunado, bien los distingo, pues jornada tras jornada, a todas horas, siento levantar la aurora que cubre totalmente mi pecho y detrás, como aroma de laurel, alza relente cargado de suspiros.

     Puede ser verdad, que no existan tales fenómenos sobrehumanos, mas yo con absoluta claridad perfectamente los distingo, prodigioso amanecer de cuatro luceros perennes, profundos y helados, dos castaños y dos verdes, que diluyen la oscuridad y cuando se soliviantan se desvanecen como perlas por sendas mejillas; tesoros que cuando se afligen, yo sempiterno, también les lloro.



     Dicen que no se logra la magia que nos asombre… disiento de tal parecer pues vuestro amor es milagro tan potente que me deslumbra y me cautiva misteriosamente. Un oleaje purpura que llega tras el pie y me absorbe, alta mare de suspiros imperceptibles que recorren mi cuerpo seduciendo y escalofriando hasta el más  íntimo núcleo de mis células.

     Quizás no existan, pero entonces que me digan qué es esta maravilla que yo percibo sino un milagro. Vivo inmerso en apasionado velo, radiando fantástica energía como faro y, cada vez que oteo el vasto espacio y esbozo los innumerables haces que penetran por mis ojos siento, gracias al fenómeno que vosotros en mí obráis, renace en cada detalle, bien sea lóbrego o bien hermoso, crisálida encendida que deslumbra completamente mi vida.

     Me asombro del milagro del Amor, del montón de belleza que se oculta tras cada cosa, es por llevaros tan adentro, tantos y tantos suspiros emanáis, que lográis dorar cualquier luto que mi alma viste.

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