miércoles, 17 de octubre de 2012

Pañuelos


   Cuanto, Vida mía, disfrutaría siendo franela azul sobre la piel de tu cuello, aunque me despojasen de toda la racionalidad sería sumamente feliz. Tan sólo a la naturaleza o al poder divino, que hesito si existe y que mueve los hilos del destino al azar, imploraría que no me descuidasen del placer de tu tacto y así, con ese exiguo don concedido, sería más feliz que colibrí que se arremolina alrededor de alas de mariposas, que compite con abejas en libar ansiosos y dichoso el dulce pistilo de su Flor. Sí, mi Amor, a mí también me urge atenazar tu mano, arrebujarme entre los sedosos suspiros de tu corazón, vestirme de la candente sinceridad que tu pecho emana, sentir el tañer de tus palabras; ¡ooooh! Amapola mía, postraré mi sino al repicar que tus labios musitan.



   ¡BESOOOOOOSSS!



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