Tengo
que salir al campo, he de caminar por esas cunetas y por esos montículos
cuajados de frescor, me urge sentir la frondosidad primaveral que envuelve a mi
bucólica corola. Desde que amanezco ansío la belleza de mi Flor, inhalarla,
arrullarla y halagarla con mimo dentro de mi pecho; mas sé que hoy, vadeado el
cauce equinoccial que deja a tras la dársena estival y sumergido entre páramos
húmedos, donde el plomizo vaho empapa y cuaja sobre el cabello; sólo crece
entre Piedras una única corola purpúrea donde he de inmolar mi corazón.
Así de
singular es tu brote en mi pecho, un elogio precioso entre plurales flores;
podría decir, sí, con grandilocuencia, que es el capullo que hace jardín a mi
corazón, el brote que transmuta paja en oro, mi posío en empíreo.
Fina mejilla canela de pómulos ligeramente alzados que, cuando en ella incide la luz, curva interiormente su alma y los lomos de sus olas doblan caprichosamente su alegre faz. Ahí se junta la felicidad con la sonrisa y se arremolina en ola y espuma en profundos hontanares de mármol cristalino; mas ahora, en el caño de su fuente lagrimal surge un minúsculo rubí que lastima y he de besar hasta que sane.
Alborea
en su infinito horizonte de pensar una aurora revoltosa, pórtico que da a
robledal castaño de pura embriaguez. Que noble sube la savia desde las raíces
hasta las puntas de espesura corta, el viento que orea sedosa selva iza
perfumada la fronda donde anidaré diminuto y feliz como colibrí. Sin moverme,
atravesando el tiempo en la copa de mi dama Amapola, que botín bajo altos
vuelos, nunca de ahí huiré, en esa hojarasca anido dichoso mi vida.
Qué
decir del carnoso pistilo donde brama mi Mar. Qué decir de esa cantería que
descubre veta de mirtos blancos. Nace aire de abismo interior, siempre es brisa
ora delicada ora melódica, jadeo que me cautiva tal coral de sirena. Cuantas
veces me has permitidos arrestar tu aliento sellando la corola contra mis
labios…, y ceñido a esa mansedumbre sentir placer inmarcesible y misterioso que
cautiva lírico mi destino y, si acaso fuese, perdurará inolvidable mas allá.
Sí,
frágil Tallo, cuando la melosa saliva de tu estigma irrigó el erial de mi
existencia se alzó dentro de mí alba roja, pétalo de misteriosa luz que aclaró
mi lóbrego pecho y me colmó de clara belleza. Una flecha de orto perenne que se
clavó en mi corazón y ya ni de noche se retira su luz, ojiva siempre abierta
que me hace soñar despierto y deambular incorpóreo.
Sí
Amapola mía, me has admitido en tu vasta hermosura, me has asentido en un
espacio sin límites donde un alma cerúlea se pierde infinita y siempre
preciosa, tan grande eres para mí que nunca seré capaz de bruñir todo tu
admirable cielo; ni siquiera Poseidón es capaz de abarcar tan integra Mar y ni
Venus salir tras el piélago de tu océano.
Si de
tierra estoy hecho, seré arcilla feliz que nutra de sales aromáticas tu vida y,
en la cratera de tu divino seno, mezclaré tu agua saliva con mi dulce barro de
uva para que ebria, lozana de hermosura y sedienta de mí, me desees con locura.
Te
amo, frágil Amapola mía.


No hay comentarios:
Publicar un comentario