Con
una clara, clara, clara, clara sonrisa me retiro a dormir con divino tesoro.
Igual que una minúscula semilla contiene un árbol completo, yo encierro todo un
sueño, una ilusión que se embriona real y, Amor mío, es eso, sí grandísimo,
grandísimo y grandísimo Amor.
En mi
pecho te siento tan penetrante como la trementina, tan dulce como la ambrosía y
me recojo cautivo a reposar en la maravillosa taumaturgia de otra noche más. Alimonado
lirio que yace sobrecogido en la dulce fragancia del cuerpo de mi Amapola. Sí,
en grana granada de fresca y roja Amapola.
Aunque
calenturoso me envuelva entre sabanas usadas y mantas raídas, yo, Vida mía,
desvendaré mis ojos a tus miles mieles de Amor y soñaré que lo hacemos, el Amor
Vida mía, entre sedosas colchas de gobelinos. Alegre me desvestiré, retiraré
tus prendas y apuraré hasta la última gota de la aromada viña de tu rosa boca.
Libidinoso
con el fuego que surge de tus ojos, de los pétalos de tus labios de rosa, de tu
lozano cuerpo, hermosa Mujer mía. Seré, una y todas las noches, el cíclope peregrino
que se iza frondoso desde la tierna y hermosa Semilla que me quiere.

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