sábado, 29 de diciembre de 2012

Hasta dentro de un ratito mi Amor



     Ya estamos preparados, ahora a comer con mis hermanos y después, tras despedirnos, partiremos tranquilamente hacia la sierra. Llevo de todo, ropa de abrigo, comida o, más bien un bodegón, la cámara de fotos, una libreta para José y otra para mí… y ganas de estar a tu lado.

     Te imaginas, en esa planicie blanca, en donde nada fermenta por la ausencia total de calor; una marisma nívea, ausente de todo olor acre, sólo el silencio y el denso frescor. Sellar una carta ahí, donde nadie osa escribir, en ese cenador cristalino brindar contigo y en éxtasis de amor despedir el año, entre rayos cegadores que sobre la nieve caligrafían centellas de cuanto te quiero…

     Petrificaré mi mano, no por el frío, sino por perfilar tu nombre: mi Amapola. Me cegaré, no por los huecos de luz que atraviesan ese cúmulo que como sombrero que apoya sobre la cima, sino por el asombroso destello que surge del crepúsculo de tus ojos, esa lava puntual que emerge de tu corazón y es mía, sólo mía.

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