jueves, 9 de enero de 2014

Unas hojillas en el suelo



     Unas hojas en el suelo, escasas e indefensas, y casi ninguna en los árboles. Intentan dar su último hálito de aire, mas, con un airecillo imperceptible, se sobresaltan y se desprenden, y van flotando a merced del viento hasta postrarse abiertas e inmóviles a los pies de mi Amada. Han detenido su respiración para sentir si tú, mi Vida, las anhelas, si tú resuellas por ellas.

     Duermevelas de las aceras secas de sueños inacabados, se abandonaron en el seno del aire ansiando volar como verdes alevillas, pero cuando sintieron el tibio temblor de tus pasos deshabitaron las ramas del árbol en busca de la piel de tus pies. Cientos de espejillos marchitos que luchan por ser máscaras de una faz perfecta, se empapan de rocío y aguardan a que pase flor trasplantada en camino. Ser bellas como ese talle florido y dulces como esa rama canela, es el placer de sentir a esa Mujer, las serena de quietud, las empequeñece ahogadas de placer….


     Párvulas en el suelo presiente su hervor en la avenida. Se acerca ese Borbotón de calor que emerge del suelo como sábana y se desliza tupidito de amor, se asemeja a huesos cubiertos de ensueños, esqueleto embebido de viscosa ternura. Su nuca, sus manos, el vientre que engendro vidas, … de repente se desmiembra por el aire e invade sin óseo armazón cada rincón.

     Las humildes hojas, como yo, desperezan en gloria y casi sintiéndose morir la reverencian llenas de dicha. Se nos escapa el alma sedienta, hambrienta, deseosa de ser quemada con el tacto de su piel, el roce de sus labios y la caricia de sus manos. Jirones en mi alma de niño que se marchita clorótico, como harina, aguardando el milagro que hace el horno del corazón de mi Mujer.

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