jueves, 23 de enero de 2014

Llevarte siempre consigo


     No, mi Amor, no puede ser que el cielo se abra en lágrimas negras, pues no hay ni siquiera exiguo segundo que no esté íntimamente ligado a ti. Incluso en esas noches limpias que el firmamento nos seduce insondable, sin Luna, y se asemeja a angustia inconsolable de miles estrellas; yo no estoy ausente, sino estoy perfectamente acoplado a cada una de ellas, como si fuese copo de plata que se asperge desde la Tierra y se siembra rutilante velando desde todos los rincones el lecho donde Tú, Amor mío, descansas.

     Grumos albos y ligeros, vaho de agua aromática y fresca que aspira a hidratar la piel del hermoso cuerpo que amo, o sino a abrigarlo como prenda íntima o simplemente a acariciarlo como sedoso forro de abrigo. Ser una niebla fina, de ensueño, un soplo que inhalas a cada momento y se deshace desnudo al pie de tu vera; siempre a tu lado, por donde caminas.

     No, mi Amor, no hay ausencia alguna, pues esta carrera de mi corazón es constante, es labor infatigable de esparcir sementera de incontables florecillas, es tender un tapiz fino, de cenizas, del amor que calcina mi corazón. Es en definitiva, Amor mío, no perderme, o sea, asir tu mano, estar siempre contigo.

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