En todo lugar de mi cuerpo hay extraordinaria nuececilla, tierna gema que al germinar prende firme creando parcela única. Sé bien, que esas semillas sembradas en mí, solamente tuyas, se alza en fiesta dentro mi corazón embelleciéndolo de festones vivos, son briznas entrevetadas y ribeteadas que al tremolar lo dilatan singularmente como una Amapoleda señera de Amor. Es la fronda fresca dentro mi corazón la que al exhalarla hiere con tal profundidad el viento que no queda parte alguna sin llorar Pétalos bermellón.
Hoy tu inimitable pupila se abre desde el cielo como Arroyo niño empapando el suelo. Esa Fuente serena de Brozas que se desprendió despacio en la niebla, como mano roja de primavera, de sangre, con mirtos de azucena y luceros de miel cala hasta el agua de Arroyo niño; de Fuente serena.
Añejas serán estas letras, mas, si yo lentamente te las soplo, las sentirás como una boca sedienta de sabor dulce limón, y te estremecerás, tanto despabilada como entre velada, quebrando la concha cristalina de tu tierna pasión embotellada.
Sé que el anillo que rodea tu cintura es la agua hialina de la Mar tranquila; me la bebo, aun lejos estés, esa poesía que es rima y repica en olas de amor dentro de esta caracola… Yaceré a la orilla de tus pies, esta concha ermitaña dorada de luz, salpicada de seda,… un lirio de miel para una Colmena. Iré a diario allá, a depositar aroma dulce de romero, allá a mi bella Estrella que reverbera enfrascada en el piélago de la Mar.
¿Será mi amor añejo?, sé que esta alma mía sólo tuya, la que trazo con pluma, a diario revuela párvula hasta mi Arroyo niño. Espíritu rorro al viento para pétalo Maduro bermellón, rasgando la hojarasca seca, empapando de exangüe amor a mi Fuente serena.



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