Cómo cruzo el espacio, cómo vadeo esta anchurosa dimensión que nos separa para salir esta noche contigo. Esta tarde quiero parar el tiempo, si es necesario helaré el Sol al poniente de la bóveda del cielo, así dispondré de un momento, el suficiente para que las sales de La Toja penetre por mis poros, para apurar bien mi barba y para masajearla con bálsamos hasta que quede tersa como la seda virgen e hidratada como la piel de un niño.
Me pondré el traje azul, bien planchado y la camisa más nueva, llevaré tu colonia en un bolso y desgranaré en mis faldiqueras unas monedas.
Qué te parece si esta noche, cruzas la puerta, la cierras tras de sí y te evades conmigo. Iremos a pasear bajo la luz sódica del paseo marino, a distraernos con nuestros hobbies de leer, de escribir, de sorber la imagen de la mar plagada de luciérnagas pescadoras, o del paso que deja la Luna al rielar sobre las aguas, o de cruzar como espejos la cadena de palabras que surge de la dócil lengua de tus niños.
Más tarde ulularíamos íntimos sentimientos en la terraza de un bar o bajo los tenues neones de la barra de un pub. Disfrutando de unos refrescos, sin utensilios, intercambiados directamente de nuestras bocas y reiríamos con las bromas, arrojadas con brío, sin ton ni son y esparcidas por el vacío.
Para completar la noche, asiría tu mano con la precisión de una flecha en vuelo y te llevaría al medio del pub o si no es lugar, le llevaría ingrávida a rotar sobre el asfalto, en mitad de un cruce, donde los semáforos se tiñan de alba pasión. Esparciría mis manos sobre tu labrada espalda, rotaríamos como molinetes al viento y descargarías, sobre mi hombro, tus preciados pétalos de astromélias, el amor por tus niños o el sudor de tus manos de madraza… Mientras susurro toscamente una canción para los dos….

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