Esta mañana, en Almendralejo, mientras bregaba con una maqueta para los cursos, mi pecho te presentía con una avidez tan exacerbada que sentí pavor de perder todo el torrente de esbozos que reverbera por mi somera razón. Tan arroyada era la corriente que enseguida fui en busca de un cuaderno para embalsar tantas y tan cristalinas sensibilidades.
Mientras rebosaban, de mi henchido pecho, las esencias de Amapola, un sinfín de entrañables confidencias cruzaba mi pensamiento, como brisa aromática. Al mismo paso menguaba mi corazón, pues se encogía alarmado de esfumar por el raciocinio tan delicado perfume. Tuve que impedir esta doliente resta, empantanar el deshoje impulsivo del pecho con un bolígrafo…. Así, corrí a alojar los desencadenados y cegadores haces en una barbaridad de trazos confusos, caligrafías de mi abrasado corazón que después, como suave calcina, bruñiré sobre papel, le conferiré la coherencia que me da y que merece mi Amada Amapola.
Reparo en esta liberalizada ternura y me pregunto, con honradez, si es instinto. La intuyo tan congénita, son como impulsos, sembrada y arraigada en todos mis sentidos que, cultivada con gotas de trascendentes lágrimas, aflora imparable y crece boscosa y exuberante en mi pecho. Una sucesión de actos reflejos y naturales que han emancipado mi voluntad de la rutina y la han abierto a la risueña melodía del aire, la han sumergido entre las olas de la Mar en calma, la han perdido por las sendas que discurren paralelas a esos arroyo audaces que caen por tus nogaledas otoñales, la han calado con los gamebundos trinos de los jilgueros y de los canarios, con los chirridos de los grillos y los croares de las ranas.
Esta contracción voluntaria del corazón, no solamente aflora por percepción exterior, sino también como sentido nuevo. Es íntima apreciación que se manifiesta a flor de piel, que se exterioriza en el brillo de mis ojos, que se revela perenne e inocente en la sonrisa de mi faz e incluso se exhibe en mis venas con locas pulsaciones.
Todo es por ti, mi bellísima Mujer. Por tu esbelta figura, por tu jovial forma de ser, por tu sincera y vasta mirada, por tu hambrienta forma de obrar con todo y con todos…. Enamorado de impecable e insuperable belleza en todos los sentidos…

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